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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cinco movimientos que cambian el día a día después de los 50: cómo sumar equilibrio y movilidad sin perderse en el intento

Una rutina breve, basada en recomendaciones de organismos de salud de Estados Unidos y de fisioterapeutas especializadas, apunta a entrenar habilidades concretas para levantarse, caminar y sostenerse con más seguridad. La clave, según los especialistas, es adaptar la intensidad a cada cuerpo antes de aumentar repeticiones.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
Cinco movimientos que cambian el día a día después de los 50: cómo sumar equilibrio y movilidad sin perderse en el intento

Acá en la isla, cuando un vecino me cuenta que ya no se anima a subir la escalera del consorcio sin agarrarse del pasamano, suelo recordar que el cuerpo necesita —perdón, práctica— específica para no perder lo que ya tiene. Levantar, caminar, girar, alcanzar un estante alto: nada de eso aparece por arte de magia. Después de los 50, esas pequeñas grandes acciones se entrenan, como quien recupera un oficio olvidado.

Las fisioterapeutas Teresa Liu-Ambrose y Julie Na propusieron una serie corta de cinco movimientos pensada para meter en la rutina diaria, sin necesidad de gimnasio ni de ropa especial. Lo que sigue es un repaso de esos movimientos, con las recomendaciones de entidades reconocidas y los recaudos que conviene tener en cuenta antes de sumar repeticiones.

Los cinco ejercicios de la serie

  • Sentarse y levantarse de una silla, con control y sin impulso, para trabajar fuerza, coordinación y movilidad articular.
  • Elevación de talones y luego de la parte delantera del pie, con apoyo en una silla o mesada firme, para movilizar tobillos y activar los músculos que estabilizan la marcha.
  • Caminata en tándem: un pie delante del otro, en línea, para reducir la base de apoyo y desafiar el equilibrio.
  • Elevación lateral de una pierna parado, con apoyo cercano, para trabajar la cadera y el control del cuerpo.
  • Apertura del pecho contra la pared, un movimiento dinámico que mejora la postura y la movilidad del tren superior.

El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos suele remarcar algo que nosotros, en la conversación de cualquier plaza, tendemos a pasar por alto: la actividad física en edades avanzadas no es opcional ni decorativa. La entidad sostiene que debe combinar trabajo aeróbico, fortalecimiento muscular y entrenamiento del equilibrio, y advierte que la progresión tiene que ajustarse a la condición de cada uno. Copiar la intensidad del compañero del turno mañana puede terminar en un esguince o en un susto que nadie necesita.

La American Geriatrics Society incluye el ejercicio de sentarse y levantarse entre las prácticas recomendadas para personas de 55 años o más, por su efecto sobre la fuerza, la coordinación y la movilidad articular. La propuesta es empezar con pocas repeticiones e ir aumentándolas de forma gradual, siempre con control, algo que en los consultorios se repite hasta el hartazgo porque funciona.

Andar en tándem y mover los tobillos: los detalles que hacen la diferencia

Elevar los talones y luego la punta de los pies, con una silla o mesada firme cerca, moviliza los tobillos y activa los músculos que intervienen en la estabilidad al caminar. La misma entidad recomienda hacerlos de manera lenta, sobre todo cuando aparece esa inseguridad que muchos reconocen al estar parados en la cocina esperando que hierva el agua.

La caminata en tándem —un pie directamente delante del otro, como si se pisara una soga imaginaria— reduce la base de apoyo y obliga al cuerpo a reorganizarse. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento aconseja practicar estos ejercicios en un entorno seguro y con un punto de apoyo cercano. Si la ejecución genera dudas, la sugerencia concreta es consultar con un profesional de la salud o con una fisioterapeuta antes de continuar, una recomendación que aplica tanto para quien empieza de cero como para quien vuelve después de una lesión.

“Antes de sumar repeticiones, hay que adaptar la intensidad a la condición física de cada persona. La progresión no es un dato menor, es el corazón de la recomendación.”American Geriatrics Society

Como me suele comentar Marta, del barrio de Belgrano mientras hace cola en la verdulería —y la cito porque su testimonio resume lo que repiten los especialistas—, ella empezó con apenas cinco repeticiones del primer ejercicio y, a las cuatro semanas, ya notaba que levantarse del sofá no le costaba lo mismo. No es magia: es constancia, ajuste y escucha del propio cuerpo, tres palabras que cualquier protocolo serio repite hasta el cansancio.

Qué dice la investigación reciente

Un estudio publicado en marzo de 2026 en la revista PLOS One siguió durante doce semanas a 97 adultos de 65 años o más con dificultades previas para caminar. El material de base con el que trabajo queda interrumpido en ese punto y, por una cuestión de honestidad periodística que no pienso negociar, prefiero no completar lo que no tengo a la vista: lo que sí puedo afirmar es que la línea de investigación apunta a rutinas diarias breves como la que describen Liu-Ambrose y Na, justamente las que estamos repasando acá.

En definitiva, lo que la persona espera que pase cuando se anima a empezar es bien simple: recuperar confianza para cruzar una calle irregular, levantarse de una silla sin pensarlo dos veces y, sobre todo, seguir haciendo la suya sin que el cuerpo le ponga un freno inesperado. Cinco movimientos, unos minutos por día y la prudencia de consultar cuando algo duele o falla: con eso, dicen los organismos consultados, se vuelve a poner en marcha la independencia de siempre.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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