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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando la sed no alcanza: por qué una bebida deportiva no es lo mismo que una pastilla de sales

La mayoría de las personas repone agua y minerales con la comida de cada día, pero hay situaciones puntuales, como una diarrea o un entrenamiento muy largo, en las que conviene saber qué tomar y por qué. Una recorrida por las recomendaciones de la OMS y de los especialistas, sin y con los pies sobre la tierra.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuando la sed no alcanza: por qué una bebida deportiva no es lo mismo que una pastilla de sales

Acá en la isla, cada vez que alguien vuelve del gimnasio con una botella verde fluorescente bajo el brazo, alguien del barrio, alguna vez doña Marta desde el fondo de la cuadra, levanta la ceja y pregunta, medio en chiste medio en serio, si eso es agua o si ya es medicamento. Y esa pregunta, tan simple, abre una de las confusiones más comunes que vemos los periodistas cuando cubrimos temas de salud: mezclar lo que sirve para correr cuarenta minutos bajo el sol con lo que se necesita cuando se va al baño cada veinte minutos con diarrea. No es lo mismo. Y conviene entenderlo bien antes de ir a la dietética a pedir cualquier cosa con la palabra electrolito en la etiqueta.

Lo que dice la OMS sobre la diarrea

La Organización Mundial de la Salud, junto con Unicef, viene recomendando hace décadas el uso de sales de rehidratación oral para prevenir y tratar la deshidratación que provoca la diarrea, sobre todo en chicos y en personas mayores. Nosotros, como lectores, solemos pasar por alto que esas sales tienen una fórmula muy específica: una proporción definida de glucosa y electrolitos que hace que el intestino absorba mejor el sodio y, con él, el agua. No es magia, es química básica, y por eso no se pueden reemplazar con cualquier líquido azucarado que tengamos en la heladera.

  • Las sales de rehidratación oral llevan glucosa, cloruro, potasio, citrato y sodio en cantidades medidas.
  • Su objetivo es reponer lo que se pierde en cada deposición líquida, no dar energía.
  • Si hay confusión mental, desmayos, vómitos que no paran, si la persona no puede beber o si la deshidratación es marcada, hay que ir a una guardia médica, sin dudarlo.
  • Una bebida deportiva para deportistas no cumple esa función ni tiene esa composición.

Lo que más nos interesa remarcar acá, y se lo escuché decir a más de un pediatra en estos años, es que la automedicación con una bebida con sabor a limón puede ser inofensiva en el mejor de los casos y peligrosa en el peor. Si un chico o un adulto mayor está perdiendo líquido a un ritmo importante, esperar a ver si se le pasa con una botella de isotónico es, cuanto menos, una pésima idea.

La vida de todos los días

Ahora bien, si uno deja de lado la diarrea y la fila del hospital, la enorme mayoría de las personas que vivimos en ciudades como la mía no necesitamos nada raro para mantenernos hidratados y con los minerales a tiro. El agua, las frutas, las verduras, las legumbres, los lácteos, las semillas y los frutos secos se encargan de aportarnos el potasio, el calcio y el magnesio que el cuerpo usa para que los nervios y los músculos funcionen como tienen que funcionar. El sodio y el cloruro, mientras tanto, llegan solos con la sal que ya le ponemos a la comida, y a veces de sobra, todo hay que decirlo.

Estos minerales que tanto se nombran en publicidades, los famosos electrolitos, cumplen un rol central en cómo se reparte el agua adentro del cuerpo y en cómo se transmiten las señales eléctricas que nos permiten movernos, pensar y hasta latir el corazón. Pero acá viene lo que los que vendemos o compramos suplementos a veces no queremos escuchar: si uno no está perdiendo líquidos en cantidad, no hay ningún beneficio probado en tomarse un sobrecito diario con la promesa de rendir más, estar más despierto o evitar un calambre. La hidratación de todos los días se sostiene con agua, con comida en horario y, nobleza obliga, con prestarle atención a la sed, esa señal que el cuerpo nos manda y que tantas veces ignoramos.

Y entonces, ¿qué hago si salgo a correr?

La actividad física cambia un poco las reglas. Para correr hasta cuarenta minutos con temperatura agradable, el agua es suficiente y la evidencia de que algo más marque una diferencia fisiológica o de rendimiento es, según los especialistas, bastante flaca. Cuando el esfuerzo pasa la hora, sobre todo con calor húmedo, ahí la cosa empieza a moverse: el Colegio Estadounidense de Medicina del Deporte reconoce que las bebidas con carbohidratos y electrolitos pueden ofrecer ventajas, siempre mirando cuánto dura la sesión, con qué intensidad se hace, qué temperatura hace afuera y cuánto se suda, que es algo tan personal como la huella digital.

Por eso no existe una cantidad única que sirva para todos. Y ojo, que tomar de más tampoco es gratis: pasarse con el líquido puede bajar el sodio en sangre y complicar a cualquiera, sobre todo a los que ya salen a entrenar con medio litro de agua en la panza. La medida, como en casi todo, es estar atentos a las señales del cuerpo, a la sed, al color de la orina y al peso que se pierde durante el ejercicio, y a partir de ahí decidir si una bebida deportiva tiene sentido o si alcanza con la canilla y la comida del mediodía. Lo que uno espera, claro, es no terminar la semana en una guardia por haber confundido una cosa con la otra, ni del otro lado, deshidratado en la cama por confiar en que cualquier líquido con burbujas y publicidad de televisión iba a salvarlo.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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