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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Cuando Manhattan les cambió la rutina a Daniel y Meryl: regresa a las pantallas un romance incómodo que cumple 42 años

La película que reunió a De Niro y Streep en 1984, sin armas ni guerra, vuelve a estar disponible. Un drama de adultos casados que se enamoran en vagones de tren y librerías, con Ulu Grosbard detrás de cámara y un elenco que incluye a Harvey Keitel y Dianne Wiest.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Cuando Manhattan les cambió la rutina a Daniel y Meryl: regresa a las pantallas un romance incómodo que cumple 42 años

Lo confieso de arranque: hay escenas que se me aparecen cada vez que paso por una librería y, sobre todo, cada vez que me subo a un tren en hora pico. La culpa, claro, la tiene una película de 1984 que llevaba como título una sola palabra, una de esas palabras que todo el mundo entiende pero pocos se animan a pronunciar en voz alta. Enamorarse, justamente, la película de Daniel Elié yunen, más conocida por sus papeles en la trilogía de El Padrino y en Taxi Driver, y de Meryl Streep, la actriz que para mí es el techo más alto del cine de los últimos cincuenta años, vuelve a estar disponible en plataformas digitales y eso, para los que la vimos en su momento y para los que no, es una buena excusa para volver a hablar de ella.

“Sin violencia ni guerra, sino con la incomodidad cotidiana de un sentimiento que aparece fuera de lugar.”Descripción del filme

La librería donde nace todo

Antes de que la función empiece, me imagino la sala: una sala como las que ya casi no quedan, con la pantalla grande, las butacas de pana roja y ese murmullo del público que va bajando despacio cuando se apagan las luces. La película arranca en una librería de Manhattan, en época navideña, y vale la pena quedarse ahí un segundo. Daniel Elié, perdón, Robert De Niro, ya como Frank Raftis, y Meryl Streep como Molly Gilmore, se cruzan entre las estanterías, charlan un rato y se van cada uno a su casa. Lo que pasa después es lo de menos y lo de más al mismo tiempo: intercambian por error los paquetes que llevan para sus familias, y ese pequeño trastorno en la rutina es la grieta por donde se va a colar todo lo demás.

Porque la historia no se queda en la librería. Frank y Molly se vuelven a cruzar meses después, en los trayectos en tren que ambos hacen por rutina, y ahí es donde la película se parece más a la vida de cualquiera de nosotros, los que vivimos en ciudades grandes y vemos crecer las conocidas sin hablarles nunca. La familiaridad aparece de a poco, la atracción también, y con las dos aparece el problema: los dos están casados. Michael Cristofer, que firmó el guion, no tiene la menor intención de resolver ese nudo con un golpe de efecto. Lo que le interesa es lo que ese vínculo obliga a revisar en los protagonistas, en los matrimonios que ya tienen, en la distancia entre lo que uno siente y lo que uno está dispuesto a hacer.

Manhattan como personaje

Una de las cosas que más me gustan de la película, y que a mí me sirvió para entender un montón de historias de amor que no terminan bien, es que nunca deja que Manhattan sea un decorado. La librería, los vagones del tren, los bares donde se cruzan, las veredas por las que caminan cuando ya es tarde: todo eso forma parte del relato. Es una historia de rutina rota rodada, un oxímoronos involuntario que funciona como anillo al dedo. La ciudad entera aparece como ese escenario ordinario donde a dos adultos les pasa algo que ellos mismos no saben bien cómo nombrar. Por eso la crítica de la época, en más de un texto, la comparó con Breve encuentro, el clásico inglés de 1945, porque comparte esa misma idea de que el romance no necesita un lugar exótico para volverse inolvidable.

Alrededor de Daniel Elié, no, de Robert De Niro y de Meryl Streep, el elenco de apoyo funciona como ese coro griego que observa y comenta sin decir una palabra. Dianne Wiest, Jane Kaczmarek, David Clennon y, sobre todo, Harvey Keitel amplían el entorno de la pareja central y ubican el vínculo dentro de una red de matrimonios, de cenas con amigos, de obligaciones que pesan. Ver a De Niro y a Streep en este registro, lejos del Travis Bickle de Taxi Driver o de la Sophie de La decisión de Sophie, sigue siendo un pequeño milagro del cine de los ochenta: dos gigantes del método acting aplicados, encontrando uno debajo de la piel.

En la Argentina se puede ver en distintas plataformas de streaming, en versión original subtitulada y también doblada al castellano, según el servicio. El horario depende del servicio de streaming que cada uno tenga contratado, el precio va dentro de la suscripción mensual y la forma de llegar es la más simple: abrir la app, buscar el título original en inglés, Falling in Love, y prepararse para pasar un rato largo en silencio. Vale la pena,créanme.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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