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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Cuando Sorkin se dirige a sí mismo: el regreso fallido al universo de La red social

La esperada secuela de la película de 2010 llega a las salas con un Sorkin que escribe y dirige, y vuelve a quedar en evidencia que sus mejores guiones nacieron cuando otro director los ponía en escena. Una mirada al precio que paga el texto cuando no hay quien lo discipline.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Cuando Sorkin se dirige a sí mismo: el regreso fallido al universo de La red social

Yo confieso que entré a la sala con una mezcla de ilusión y desconfianza, esa sensación que tenemos los que vimos La red social en su momento y guardamos el recuerdo de un guión que parecía imposible de superar. La cita que me quedó dando vueltas en la cabeza mientras buscaba la butaca fue de un director argentino que admiro mucho, aunque no viene al caso recordarla acá: hay entradas que uno hace con el corazón dividido. El precio de la red tiene la voluntad de continuar aquella historia de Zuckerberg, las oficinas universitarias, los pasillos de Harvard y los juristas de traje gris, pero algo en el clima de la sala, en esa luz un poco apagada de la función a la que asistí, ya me anticipaba que íbamos a extrañar a David Fincher desde el primer plano.

Porque la gran pregunta que sobrevuela toda la película, y que la crítica especializada viene planteando desde hace años, es si Aaron Sorkin funciona mejor cuando otro se hace cargo de la cámara. Y lo que vemos en esta secuela, escrita y dirigida por él mismo, parece confirmar esa sospecha con una claridad casi incómoda. El material de base, que funciona a la vez como continuador de La red social del 2010, como eco de The Newsroom y como nuevo intento de aquel proyecto sobre el 6 de enero que Sorkin viene persiguiendo sin suerte, tiene ideas potentísimas, pero queda atrapado en una realización que no las deja respirar.

El problema no es el guión, es la silla del director

Lo que uno nota apenas arranca la función es ese viejo vicio de Sorkin como realizador: los soliloquios se estiran, las escenas de interior quedan resueltas de manera desprolija, con problemas de iluminación llamativos si tenemos en cuenta que el director de fotografía es el mismo de La red social. Hay momentos en los que uno tiene la sensación de estar leyendo una obra de teatro filmada, y no siempre en el buen sentido. Lo que en los papeles suena vibrante, en la pantalla pierde urgencia. No hay montaje que empuje, no hay una sola imagen que trascienda lo funcional, y eso, viniendo de quien viene, duele.

La película incluye incluso una línea, pronunciada por el personaje de Bill Burr y que ya se vio en los tráileres, que parece escrita como autocrítica o como confesión involuntaria: Sorkin es, según esa frase, un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo. Es una imagen que define el corazón del problema. Cuando Sorkin escribe para otros, esos brazos parecen tener otra energía: David Fincher en La red social, Danny Boyle en Steve Jobs, Rob Reiner en Algunos hombres buenos supieron poner límites, redirigir excesos, elegir planos. Sin esa tensión externa, el texto queda librado a su propio impulso, y a veces ese impulso es verborrágico, idealista, un poco ciego.

Un historial como director que no termina de cuajar

  • Molly's Game fue recibida con cierta benevolencia, pero ya mostraba las costuras de un guionista habituado a controlar el resultado final.
  • Los trabajos posteriores confirmaron que los mejores momentos de sus guiones llegaron cuando otro director los puso en escena.
  • La red social, Steve Jobs y Algunos hombres buenos son la prueba de que la química con un realizador externo le dio a sus textos el rigor que él solo no encuentra.
  • El precio de la red repite el patrón: buenas ideas, parlamentos brillantes, imágenes que no acompañan.

Lo que a mí, como espectador argentino de toda la vida, me deja pensando es cuánto de esto se explica por el ego creativo y cuánto por una incapacidad genuina de mirar el propio material con distancia. Porque uno entiende la tentación: cuando un guionista tiene tanta voz como Sorkin, debe ser dificilísimo soltar el timón. Pero la historia del cine está llena de autores enormes que entendieron que la mejor versión de su obra era la que otro les devolvía. Y este Sorkin director, con todo su talento para el diálogo, todavía no termina de aprenderlo. La sala donde vi la función, dicho sea de paso, estaba a pleno: público adulto, entradas agotadas en la primera noche, y una platea que salió comentando más los defectos que los aciertos.

“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo.”Personaje interpretado por Bill Burr en El precio de la red

Horarios y funciones: la película se proyecta en los complejos tradicionales de Capital Federal y Gran Buenos Aires, con funciones en castellano y en versión subtitulada. Las entradas arrancan alrededor de los seis mil pesos en salas estándar y superan los nueve mil en formato premium, dependiendo del complejo. Para llegar, las opciones siguen siendo las de siempre: subte hasta las cabeceras de las líneas B, D o H según la sala elegida, o auto con estacionamiento cubierto en los complejos de la zona de Cabildo y de los shoppings del corredor norte. La recomendación, si uno es fan de La red social, es ir con expectativas moderadas: hay escenas para disfrutar, pero también largos ratos en los que uno extraña a Fincher como se extraña a un buen árbitro en un partido parejo.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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