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VIE, 16 OCT 2026
Economía

Cuentas que arden en Corrientes: $51.390 por una pizza chica, una fainá y una cerveza en Güerrín

Un ticket difundido por una clienta deja al descubierto los precios de un combo clásico de la pizzería histórica: la muzzarella chica a $34.900, el litro de Heineken a $18.200 y una porción de fainá a $4.000. Un descuento del 10% por pago en efectivo fue lo único que suavizó el golpe.

DG
Diego GallardoCarbón y energía · · lectura 3 min
Cuentas que arden en Corrientes: $51.390 por una pizza chica, una fainá y una cerveza en Güerrín

Una cuenta de 51.390 pesos, pagada en efectivo, vuelve a poner sobre la mesa la pregunta que millones de argentinos se hacen cada vez que cruzan la puerta de un restaurante en la ciudad de Buenos Aires: cuánto cuesta, hoy, comer afuera. El ticket corresponde a un consumo sencillo y emblemático: una pizza de muzzarella chica, una porción de fainá y un litro de cerveza en Güerrín, la pizzería que desde 1932 funciona sobre la avenida Corrientes. La cifra final no fue magia ni promoción aislada: fue el resultado de un subtotal de 57.100 pesos al que se le aplicó un descuento del 10% por pagar en cash, modalidad que sigue siendo la variable de ajuste más eficaz —y casi la única— para no terminar ahogado.

Los tres componentes de la cuenta

  • Pizza de muzzarella chica: $34.900. Es, como en casi todas las pizzerías porteñas, el plato que ordena la economía del consumo y el que define si la salida vale o no la pena.
  • Cerveza Heineken de un litro: $18.200. La bebida trepa al segundo lugar del ticket y se lleva casi un tercio del total sin descuento.
  • Porción de fainá: $4.000. El acompañamiento tradicional de la pizza a laporteña aparece como el componente más barato, pero su precio unitario ya supera lo que hace pocos años costaba una pizza entera.

La clienta que difundió el comprobante, Alicia Muro, lo hizo a través de una reseña en Google Maps. El documento detalla con claridad cada ítem y deja a la vista el peso decisivo que tuvo la pizza en la composición del gasto: apenas un producto de los tres explica más del 60% del total. Cuando el efectivo entró en escena, la cuenta bajó a 51.390 pesos. Son 5.710 pesos de alivio, equivalentes a lo que en otros tiempos podía cubrir el vuelto de un supermercado. Hoy, a duras penas, paga un café.

El ticket incluye, además, una aclaración formal: no tiene validez como factura. Es una advertencia habitual en este tipo de comprobantes, pero también un recordatorio de que los precios que circulan en redes y reseñas son, en rigor, los que ve el consumidor y no necesariamente los que figuran en una liquidación tributaria. Para quien lee la foto, la lectura es directa: esos son los números que efectivamente salieron del bolsillo.

La historia del local y el contexto que falta

Güerrín no es un comercio cualquiera. Sobre la avenida Corrientes, a metros del Obelisco, atiende desde hace casi un siglo con una fórmula conocida: pizza al molde, masa de elaboración artesanal y cocción en horno a leña. Conserva el mostrador original para comer de pie y dispone de salones con capacidad para cerca de 300 comensales. Esa trayectoria, que durante décadas la convirtió en un símbolo de la noche porteña, es la misma que hoy la deja expuesta a la comparación brutal entre su mística y sus precios.

Porque la pregunta de fondo no es cuánto cuesta una pizza en Güerrín. Es por qué cuesta eso, en un país donde el salario mínimo vital y móvil no alcanza a comprar dos de esos combos, y donde las paritarias corren detrás de la inflación con la lengua afuera. Varios gobiernos, de distintos signos, prometieron en los últimos años que la competencia de monedas, la apertura de importaciones o los acuerdos de precios iban a moderar la suba en los rubros ligados al esparcimiento. La promesa se repite elección tras elección. La cuenta de Alicia Muro, en cambio, se paga una sola vez, en efectivo, y no espera.

El consumo que dejó registrado este ticket no es un capricho ni un lujo desorbitado: es una pizza chica, una fainá y un litro de cerveza. Tres productos elementales de la cultura popular de Buenos Aires. Cuando esos tres productos suman 51.390 pesos en uno de los templos de la pizza a laporteña, el problema no es de un local ni de una cadena: es de un modelo económico que se comió la sobremesa.

¿Hasta cuándo la política porteña va a mirar para otro lado mientras comer una pizza en Corrientes se vuelve un acto de coraje financiero?

DG
Diego GallardoCarbón y energía

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