Después de la quimio, la vida: Bella Ramsey se anima a ser adolescente en «Sunny Dancer»
La protagonista de «The Last of Us» se pone en la piel de una chica de 17 años que intenta volver a la normalidad tras una leucemia. George Jaques dirige una historia rodada en Escocia con jóvenes que atravesaron el cáncer y con la música de Este Haim y Zachary Dawes como compañía.
Leí por ahí que Bella Ramsey dijo, casi como al pasar, que le interesan los papeles que la dejan «un poco incómoda». Después de verla cargando con el peso emocional de Ellie en «The Last of Us», uno entiende qué quiso decir: esa incomodidad es la materia prima con la que trabaja. En «Sunny Dancer», su nueva película, vuelve a poner el cuerpo en una zona delicada, esta vez para acompañar a Ivy, una chica de 17 años que lleva diez meses en remisión después de una leucemia y que, como les pasa a tantos adolescentes, no tiene la menor idea de quién quiere ser ahora que la amenaza más grande se corrió del mapa.
La dirige George Jaques, un realizador británico que se mueve en su segundo largometraje y que llega al proyecto con una historia personal encima: su madre tuvo cáncer de mama cuando él era chico, y esa mochila lo empuja a contar la película desde un lugar que no es el del espectador distraído, sino el de alguien que sabe lo que pesa esa palabra en una casa. Jaques además es embajador de Teenage Cancer Trust, una organización que trabaja con jóvenes enfermos en el Reino Unido, y eso se nota en los detalles de producción: durante el rodaje hubo sobrevivientes de cáncer formando parte del elenco y terapeutas disponibles para acompañar a los actores. No es un detalle de color: es parte del ADN del filme.
Un campamento en las Highlands, entre bailes y ataques de pánico
La historia arranca con los padres de Ivy empujándola a subirse a un micro con destino a un campamento de cuatro semanas pensado para pibes y pibas que pasaron por lo mismo. Ella llega con la guardia alta, sin muchas ganas de sumarse a las actividades y con una cuota de enojo que todavía no sabe dónde poner. El lugar, rodeado de verde y con un aire a las colonias británicas de toda la vida, se vuelve entonces el escenario donde esa armadura empieza a agrietarse.
Allí conoce a Ella, su compañera de habitación, a quien da vida Ruby Stokes, y a Jake, el personaje de Daniel Quinn-Toye, un chico que carga con ataques de pánico y que se mueve por el mundo con una fragilidad que se nota a kilómetros. Más tarde aparece Ralph, interpretado por Earl Cave, que elige el humor negro como mecanismo de defensa. La película los pone a convivir, a veces a los tropezones, con fogatas, salidas nocturnas al bosque, música sonando de fondo y, claro, las fiestas y los bailes que todavía se imponen aunque el cuerpo haya pasado por tratamientos duros. La paleta de colores, cálida, ayuda a que esas escenas respiren verano y juventud, justo lo que Ivy cree haber perdido.
El propio Jaques aclaró que no le gusta pensar a «Sunny Dancer» como una película sobre el cáncer. La enfermedad está, claro, y condiciona a los personajes: marca sus miedos, sus recaídas emocionales, la manera en que miran un análisis de sangre o se toman el pulso antes de dormir. Pero la historia, dice el director, se organiza a partir de otra cosa: los deseos típicos de esa edad, es decir, enamorarse, encontrar un grupo donde sentirse parte y empezar a preguntarse qué van a hacer con el resto de sus vidas. Y a mí, que ya pasé los cuarenta, esa mezcla me resulta más cercana de lo que imaginaba: en el fondo, la película habla de gente que intenta volver a la vida normal después de un sacudón, y eso no entiende de edades.
Una banda sonora para volver a sentir
La música corre por cuenta de Este Haim, la bajista y cantante del grupo Haim, y Zachary Dawes, conocido por su trabajo con The Last Shadow Puppets, que firman una partitura original. A eso se suman temas de Scissor Sisters y Goldfrapp, dos nombres que para cualquiera que haya cumplido los cuarenta o los cincuenta en los dos lados del Atlántico suenan a cierta época: noches, clubes, canciones que sonaban cuando todavía no teníamos la cabeza llena de responsabilidades. Que aparezcan en una peli sobre pibes que se rearman después del cáncer no es caprichoso: es parte de la operación sentimental que propone Jaques, donde la música funciona como puente entre lo que estos jóvenes fueron y lo que están empezando a ser.
«Sunny Dancer» todavía no tiene fecha de estreno confirmada para la Argentina, una lástima porque intuyo que va a generar conversación entre los padres de pibes que pasaron por tratamientos oncológicos y, sobre todo, entre los propios sobrevivientes jóvenes, que pocas veces se ven representados con esta honestidad en la pantalla grande. Cuando se confirme la programación local, habrá que estar atentos a la página oficial de la distribuidora y a las carteleras de los complejos de cine: la película se proyecta como una de esas propuestas que invitan a quedarse un rato en la butaca, recomponerse y, si hace falta, agarrarse de la mano del que está al lado.
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