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SÁB, 17 OCT 2026
Vida

El templo alpino que un príncipe alemán dejó escondido entre los lengas de Meliquina

A 40 kilómetros de San Martín de los Andes, la Capilla San Jorge sobrevive dentro de la Estancia San Jorge como un vestigio de la vida de Georg von Waldburg-Zeil. Hoy integra el Camino de la Fe neuquino y es la puerta de entrada a uno de los paisajes más serenos de la Patagonia.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 3 min
El templo alpino que un príncipe alemán dejó escondido entre los lengas de Meliquina

Me cruzo con él cuando estoy acomodando las valijas en la galería de la hostería y, antes de que le pregunte nada, ya me está contando que todas las primaveras viene igual desde hace treinta años. Se llama Ernesto y vive en el barrio de la villa, ese puñado de casas de madera que se acomoda sobre la barranca del lago Meliquina. Acá en la isla, me dice mientras señala hacia el bosque con la mano abierta, todos conocen la capillita del príncipe, pero muy pocos la vieron por dentro. Y tiene razón: entre los árboles aparece una silueta que parece trasplantada de los Alpes, con techos inclinados, líneas sencillas y una madera que el clima patagónico fue volviendo cada vez más plateada.

Un noble europeo y su capilla en la Patagonia

La construcción fue impulsada por Georg von Waldburg-Zeil, un príncipe alemán que se instaló en la zona y se hizo dueño de la histórica Estancia San Jorge. El noble solía trasladarse hasta San Martín de los Andes para participar de las celebraciones religiosas y, cansado de ese trajín, decidió levantar un espacio de fe dentro de sus propias tierras. El templo que lleva el nombre de San Jorge quedó como su legado más visible en Meliquina, aunque desde Alemania también pagó el sistema de campanas electrónicas de la Parroquia San José de la ciudad cordillerana, un detalle que todavía recuerdan los más antiguos del lugar.

Como la capilla está dentro de una propiedad privada, las misas y las celebraciones abiertas son esporádicas y dependen de la Parroquia Nuestra Señora de la Vega, de San Martín de los Andes. Aun así, recorrer el exterior y detenerse junto al pequeño cementerio rural que la acompaña es una parada que vale el desvío para cualquiera que ande por la Ruta Provincial 63.

Una posta del Camino de la Fe

El templo forma parte del Camino de la Fe neuquino, un recorrido de más de 800 kilómetros que va desde Ailinco, en el norte de la provincia, hasta Villa La Angostura, en el sur, y enlaza capillas, iglesias y sitios vinculados con distintas expresiones religiosas. San Jorge es uno de los tramos menos conocidos de ese trayecto, precisamente por su escala pequeña y por aparecer casi escondida entre los árboles.

  • Lago Meliquina: playas de arena y piedra, aguas cristalinas y propuestas de kayak, stand up paddle, kitesurf y windsurf.
  • Mirador Cuatro Encantos y La Puntilla: vistas abiertas sobre el lago, la villa y las montañas del entorno.
  • Río Caleufú: pozones y rápidos para disfrutar en jornadas de calor.
  • Lago Filo Hua Hum: una opción para sumar a la recorrida y meterse de lleno en la selva valdiviana.
  • Senderismo, mountain bike y pesca deportiva durante la temporada habilitada, una de las búsquedas fuertes para nosotros los que vamos en verano.

Lo que uno se lleva puesto

Ernesto me despide en la galería con la promesa de volver el verano que viene y, antes de subir a la camioneta, se queda mirando el tramo de bosque donde asoma el techo de la capilla. Acá en la isla, repite como hablando con los lengas y los coihues, esta clase de cosas no se buscan: te encuentran. Y tiene razón. Lo que uno espera, al menos en mi caso, es que la próxima vez que pase por la Ruta 63 la puerta esté abierta y pueda entrar, aunque sea un rato corto, a ese templo alpino que un príncipe alemán dejó escondido en medio de la Patagonia.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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