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VIE, 16 OCT 2026
Economía

En El Chaltén, registrar una mascota sale más caro que cargar nafta: la patente llega a 25 módulos si el trámite va a domicilio

El Registro Municipal de Mascotas fija la inscripción en 20 módulos y la patente anual en 15, calculados sobre el valor del litro de nafta súper en la estación local. El incumplimiento se penaliza con 50 módulos y la localidad vuelve a quedar en el centro de la discusión por la convivencia entre perros, turistas y el Parque Nacional Los Glaciares.

DG
Diego GallardoCarbón y energía · · lectura 5 min
En El Chaltén, registrar una mascota sale más caro que cargar nafta: la patente llega a 25 módulos si el trámite va a domicilio

Veinte módulos para anotar a un perro o un gato en el padrón municipal. Quince módulos para renovar la patente cada año, a partir del segundo de tenencia. Y cincuenta módulos para quien se haga el sordo y nunca acerque al animal a la ventanilla. Así, traducido a litros de nafta súper, se mueve el Registro Municipal de Mascotas de El Chaltén, la localidad santacruceña cuya traza urbana se asienta dentro del Parque Nacional Los Glaciares, el área protegida más visitada del sur argentino.

La unidad de cuenta no es el peso, ni el dólar, ni la inflación, ni el índice que el INDEC difunde cada mes. Es, literalmente, el surtidor. Cada módulo equivale al precio de un litro de nafta súper en la estación YPF de El Chaltén, y todo el esquema tributario para mascotas se construye sobre esa referencia variable. Cuando sube el combustible, sube el registro. Cuando baja, baja. Una originalidad administrativa que tiene más de cálculo político que de practicidad contable.

Inscripción, patente y multa: tres cifras para tener a mano

  • Inscripción en el Registro Municipal de Mascotas: 20 módulos, que se pagan una sola vez al dar de alta al animal.
  • Inscripción a domicilio: pasa a 25 módulos, cinco más que en la oficina municipal, por el operativo de visita.
  • Patente Única de Mascotas: 15 módulos por año, desde el segundo año de tenencia, como pago periódico.
  • Multa por no registrar: 50 módulos para quien incumpla con la inscripción obligatoria.
  • Unidad de cálculo: cada módulo equivale a un litro de nafta súper en la estación YPF local.

El esquema distingue, con buen criterio administrativo, el momento del alta del pago recurrente. La inscripción se abona una sola vez. La Patente Única de Mascotas, en cambio, se previó cada año a partir del segundo año de tenencia, lo que deja al primer año libre del canon anual pero no del registro inicial. Quienes piensen que con anotar al perro alcanza, deben saber que la patente vuelve todos los calendarios, salvo cambio de normativa del Honorable Concejo Deliberante.

La modalidad a domicilio cuesta cinco módulos más que la inscripción presencial, lo que en la práctica significa que el operativo de visita se cobra como un extra. Es una facultad usual en los municipios chicos: la diferencia entre ir al mostrador y esperar al inspector en la casa suele traducirse en un plus, y acá se traduce en cinco litros de nafta súper adicionales.

El incumplimiento, en tanto, se tarifó con una multa de 50 módulos, equivalente a dos veces y media la inscripción de 20. Es decir, a quien no registre a su mascota le sale más caro regularizarse que anotarse a tiempo. Es la lógica disuasoria clásica de cualquier régimen de fiscalización, sólo que aquí la multa se mide en litros de combustible y no en sueldos mínimos ni en unidades fijas.

La pregunta de fondo excede al comercio de mascotas y se mete de lleno con la convivencia en un pueblo cuyo ejido se recorta contra glaciares, senderos y fauna silvestre. La identificación de los animales permite vincularlos con sus propietarios, algo especialmente sensible en un lugar donde se han encontrado perros dentro del Parque Nacional Los Glaciares. Eso ya ocurrió, no es hipótesis ni proyección. Y vuelve a poner sobre la mesa un debate que en otras gestiones también quedó en promesa: el de regular la presencia de canes en un área donde la fauna endémica y el turismo internacional son la principal fuente de ingresos.

El intendente anterior, cuando todavía era candidato, dijo que iba a terminar con los perros sueltos en el parque. El de antes de eso, también. Y el de antes de eso, igual. La película se repite chaqueada tras chaqueada, con distinto protagonista y el mismo guion: anuncios, normativa, algún operativo y, a la temporada siguiente, otra vez un perro corriendo entre los senderos del Fitz Roy. Mientras tanto, el municipio acaba de ponerle precio en litros de nafta a la obligación que ya existía en los papeles y nunca se cumplió del todo en las veredas.

El bolsillo de un dueño responsable hoy, en El Chaltén, paga 20 módulos al anotar a su animal, 15 cada año siguiente y, si quiere ahorrar el trámite, cinco módulos extra para que le llenen la ficha en la casa. El bolsillo de un vecino que decide mirar para otro lado paga 50 módulos el día que le caigan, sin contar lo que ya gastó en comida, veterinario y abrigo para un perro que vive al pie de glaciares.

Carlos, que tiene tres perros en el barrio Alto Río Pinturas y trabaja como guía de trekking, lo resume sin rodeos: “Mientras siga entrando un perro al parque cada temporada, todo esto es al pedo. Puedo pagar 20 módulos, 50 o 200, pero si no controlan a los que no anotan ni a los que los sueltan de noche, la multa es papel mojado”. Su lectura es la de la mayoría de los vecinos que viven del turismo: el problema no es el precio del registro, es la ausencia de controles sostenidos.

La pregunta que El Chaltén debería responder antes de discutir si los módulos son justos o baratos es por qué un esquema tan detallado, con inscripción, patente y multa incluidas, no termina de traducirse en senderos limpios de canes. ¿Qué está fallando: el valor del módulo, la fiscalización, la voluntad política, o las tres cosas juntas? Buenos Aires mira al sur como un escenario prístino para brochures y publicidades. Pero los módulos, los perros y el parque siguen mostrando otra cara de la misma moneda.

DG
Diego GallardoCarbón y energía

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