En una noche helada, Belgrano le bajó la persiana al clásico y dejó a Talleres con la escopeta vacía
El Pirata se impuso 1-0 en el Kempes con un gol del ingresado Ramiro Hernández y se llevó un interzonal que Talleres no supo ganar ni con dos palos y un arquero propio.
Hay clásicos que se ganan con fútbol y otros que se ganan con la campera puesta. El de Córdoba entró en la segunda categoría: una noche con más frío que abuela en agosto, dos palos que le dijeron no a Talleres y un arquero, Manuel Vicentini, que jugó como si le fuera la vida en cada pelota. Belgrano se volvió a casa con los tres puntos y la sonrisa del que sabe que no la pasó bien, pero la pasó igual.
El 1-0 lo firmó Ramiro Hernández, un chico que entró desde el banco y terminó siendo el verdugo del clásico. A los 41 minutos, cuando la T se había adelantado a buscar el gol, el Pirata le robó la pelota y armó un avance por la izquierda que terminó en un centro que Hernández empujó dentro del área. Poco, pero suficiente. Como cuando uno va a la heladera y solo queda lo justo para cenar: alcanza.
El banco inclinó la balanza
El técnico Ricardo Zielinski movió las piezas como quien juega al truco con cartas tapadas. Metió a Hernández por Francisco González Metilli, a Nicolás Fernández por Lucas Passerini, y después fue soltando a Benítez, Longo y Velázquez por Morales, Vázquez y Rigoni. Los cambios le salieron: el gol llegó con un suplente, y el equipo bancó el resultado con el arco bien cerrado. Talleres, en cambio, movió poco y nada. El entrenador Omar De Felippe miró desde el banco cómo su equipo generaba situaciones que morían en los palos, en las manos de Vicentini o en la mala puntería de sus propios delanteros.
Talleres lo tuvo y no lo metió: la lista de las que se quedaron en el camino
- Rick se sacó de encima a su marcador y la metió contra un poste cuando el arquero ya estaba vencido.
- Valentín Depietri conectó de cabeza un centro desde el segundo palo y encontró las manos de Vicentini, que mandó la pelota al córner.
- Diego Valoyes quedó con el arco libre después de que Vicentini saliera a cortar, pero cabeceó desviado. Increíble, de esas que duelen más que un golpe en la canilla.
- Giovani Baroni, un pibe de 17 años que recién entraba, se hizo cargo de un tiro libre que pintaba gol y terminó dando en el travesaño. Debut y casi golazo: la chance se la devolvió la suerte.
Belgrano no se quedó atrás en la materia de generar chances y errarlas. Antes del gol, Lucas Zelarayán ganó de cabeza en el primer palo a la salida de un córner y la tiró por encima del travesaño. Passerini, en otra corrida, definió alto cuando tenía tiempo para elegir. Y como si fuera poco, un error del cuidapalos Román Riquelme le dejó la pelota servida a Passerini, que buscó a Rigoni y terminó en las manos de Ezequiel Unsain. El arquero de Talleres también atajó: el 0-1 era cuestión de tiempo.
El segundo que no llegó y la victoria que sí
Después del gol, Zelarayán tuvo la más clara para liquidarlo: metió un derechazo desde el borde del área que se estrelló contra el palo y pasó por delante del arco como pidiendo que alguien la empujara. No hubo nadie. El marcador no se movió más y Belgrano cerró el partido con oficio, con hambre y con un Vicentini que se agigantó cuando lo necesitaron. Quedó la sensación de que el Pirata no la pasó bien, pero la pasó, y eso en los clásicos suele alcanzar.
Me quedo con una pregunta para masticar en la semana: ¿qué jugada terminó de desnivelar el resultado? ¿El gol de Hernández, las manos de Vicentini o los palos que le dijeron que no a Talleres? Yo me inclino por las tres cosas juntas, pero el fútbol tiene esas respuestas que se conocen sola. Veremos qué dicen los próximos partidos.
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