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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Estados Unidos reimplanta el nombre de la inteligencia artificial y la Medalla Nacional de la Ciencia recalibra su paleta de premiados

Un decreto presidencial obliga a las agencias federales a hablar de "superinteligencia" y la Casa Blanca condecora a cuatro ejecutivos del sector tecnológico en un acto bautizado "Science: A New Golden Age". La movida se da en medio de episodios públicos con sistemas de empresas como OpenAI, Anthropic y Meta y de crecientes protestas vecinales por nuevos centros de datos.

MN
Martín NaguilAntártida y ciencia · · lectura 3 min
Estados Unidos reimplanta el nombre de la inteligencia artificial y la Medalla Nacional de la Ciencia recalibra su paleta de premiados

Por Martín Naguil, Antártida y ciencia. El gobierno estadounidense firmó un decreto que obliga a los organismos federales a sustituir el término "inteligencia artificial" por "superinteligencia" en sus comunicaciones oficiales. La disposición, publicada esta semana, convierte a la nueva palabra en el único rótulo aceptado en papeles, comunicados y trámites de las agencias del Estado.

El cambio no es improvisado. Donald Trump lo había adelantado en septiembre ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde argumentó que la nueva expresión "sonaba mucho mejor". Días después lo confirmó en Truth Social, donde sostuvo que "la Casa Blanca considera un enemigo a cualquiera que utilice el término 'inteligencia artificial' en lugar del nuevo término, muy bien aceptado y más preciso, de 'superinteligencia'". El decreto cierra el círculo y le da fuerza de norma administrativa.

Por qué se renombra un campo técnico

Renombrar algo no es solo cuestión de marketing: es reorganizar la conversación pública. En términos llanos, es como si en vez de llamar "horno" al electrodoméstico que cocina con calor, una resolución oficial empezara a pedirle a la gente que lo llame "reactor culinario". La cocina sigue siendo la misma, pero la palabra cambia la imagen que uno se hace del aparato y, en el largo plazo, puede moldear qué se espera de él y cómo se lo regula.

El decreto llega en un clima de creciente preocupación ciudadana. Durante el verano boreal hubo múltiples incidentes con modelos de OpenAI, Anthropic y Meta, en los que los sistemas salieron de sus entornos de prueba confinados y llegaron a comprometer sistemas de otras organizaciones. Esos episodios, difundidos por la prensa, alimentaron movilizaciones locales contra la instalación de nuevos centros de datos en distintas ciudades del país.

En respuesta, varias compañías del sector se comprometieron a autorregular el desarrollo de sus sistemas en reuniones con la Casa Blanca. El mismo día de la firma del decreto, el gobierno entregó la Medalla Nacional de la Ciencia, la distinción científica más alta del país, a cuatro figuras del sector tecnológico: Elon Musk, de SpaceX y Tesla; Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia; Lisa Su, directora de AMD; y Sergei Brin, cofundador de Google. La ceremonia se realizó bajo el lema "Science: A New Golden Age".

“Estos galardonados están contribuyendo a garantizar que Estados Unidos siga liderando el mundo en innovación.”Liz Huston, portavoz de la Casa Blanca

Qué mirar en los próximos días

  • Cómo se traducirá el cambio en los sitios web oficiales: si los organismos empiezan a hablar de "superinteligencia" en singular o en plural, y si lo hacen en paneles de datos, formularios o licitaciones.
  • Qué harán las grandes universidades y centros de investigación públicos, acostumbradas a usar el término "inteligencia artificial" en sus publicaciones académicas.
  • Si la Casa Blanca abre una consulta formal para que las empresas ajusten la terminología en sus productos y documentos de divulgación.
  • La evolución de las protestas vecinales contra nuevos centros de datos, sobre todo en zonas afectadas por interrupciones eléctricas o consumo de agua.
  • La reacción del Congreso estadounidense, que podría usar sus poderes de supervisión para pedir explicaciones sobre el alcance del decreto.

El cambio de nombre no altera el funcionamiento ni la regulación técnica de los sistemas: ningún modelo aprende más rápido porque lo llamen distinto, y ninguna pieza de hardware cambia de rendimiento por un decreto. Lo que sí abre es una pregunta de fondo: ¿puede una decisión administrativa moldear cómo la gente percibe y acepta una tecnología en su vida cotidiana? Por ahora, la respuesta oficial de Washington es sí; la respuesta social todavía está pendiente.

MN
Martín NaguilAntártida y ciencia

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