«Fackham Hall»: cuando el té de la tarde se sirve con un muerto y muchas carcajadas
La comedia británica que reimagina los dramas de época como «Downton Abbey» desde el humor absurdo, con Thomasin McKenzie, Tom Felton y un guion donde firma Jimmy Carr llega a las salas argentinas para desarmar, con ironía, las rigideces de la aristocracia inglesa.
Lo que pasa en una mansión inglesa cuando todos quieren casarse bien, nadie se lleva bien y, para colmo, aparece un cadáver es exactamente lo que vine a ver esta semana, y la verdad es que no me fui defraudado. «Fackham Hall», que aquí llega como «Un muerto a la hora del té», es de esas propuestas que uno mira con la ceja levantada y termina agradeciendo: 97 minutos de enredos, amores cruzados y un humor que se anima a reírse de las solemnidades de la alta sociedad británica sin pedir permiso.
El té de las cinco, pero con misterio
Antes de que arranque la función, la sala ya invita a sentarse con ganas: luces bajas, esa mezcla de murmullos y pochoclos, y un clima de comedia ligera que después la película confirma. La historia empieza con la boda frustrada de Poppy Davenport, a quien Emma Laird le pone una cara de fastidio aristocrático que es un regalo. Poppy está a punto de casarse con su primo Archibald, el personaje que Tom Felton resuelve con esa elegancia tiesa que ya le conocemos desde otros papeles, aunque acá se permite el ridículo. El problema es que Poppy ama a otro hombre, uno de posición social inferior, detalle que en esta familia no es un detalle menor: es casi un escándalo.
Cuando ese casamiento se cae, las expectativas de los Davenport se vuelcan sobre la hermana menor, Rose, interpretada por Thomasin McKenzie. Y acá es donde la película empieza a tejer su enredo con delectación: Rose también tiene su propio vínculo prohibido, porque se enamora de Eric Noone, un carterista que llega a la mansión a entregar una carta, nunca la entrega y termina contratado como parte del servicio. Ben Radcliffe compone a Eric con una incomodidad entrañable, mitad tongo, mitad galán involuntario, y es el motor de buena parte de los choques entre clases que la película quiere mostrar.
Poirot, pero con panza y bigotes exagerados
A esos romances se suma la investigación del detective Watt, a quien Tom Goodman-Hill le carga todos los tics habidos y por haber del Hércules Poirot de Agatha Christie: deditos levantados, observaciones teatrales, bigotes para mirar con lupa. La pesquisa por el muerto de la hora del té convive con los intereses matrimoniales de la familia y con las reglas no escritas de la servidumbre, y ese cruce es el que sostiene el tono: respeta la solemnidad visual de los dramas de época y, al mismo tiempo, la hace pedazos con chistes de palabras y comedia física bien armada.
La dirección de Jim O'Hanlon, que ya había adaptado «Emma» en 2009, se nota en el cuidado por los pasillos, los candelabros y los jardines de la mansión. Pero lo que termina definiendo a «Fackham Hall» es el guion, donde figura el humorista Jimmy Carr, especialista en esos remates secos que acá se ponen al servicio de la sátira. La película no se guarda nada: se ríe de los casamientos entre parientes, de la obsesión por mantener el patrimonio dentro del mismo apellido, de los modos afectados de la servidumbre, y lo hace con una sonrisa que se burla pero no desprecia. Para mí, esa es la clave por la que la comedia funciona: se permite incomodar sin perder cariño por los personajes.
Dónde, cuándo y a qué precio
- Título en la cartelera argentina: «Un muerto a la hora del té» (título original: «Fackham Hall»).
- Duración: 97 minutos.
- Género: comedia británica de época, con misterio y romance.
- Reparto principal: Thomasin McKenzie, Ben Radcliffe, Emma Laird, Tom Felton y Tom Goodman-Hill.
- Idioma: en inglés, con subtítulos al castellano en las funciones marcadas como subtituladas y algunas versiones dobladas, según la sala.
Si la propuesta te tienta, antes de salir de casa chequeá en la página de tu complejo de confianza los horarios y la modalidad, porque la distribución por provincias suele arrancar en simultáneo con la Ciudad de Buenos Aires y después se va extendiendo. El precio, como siempre, depende de la sala y del día: las funciones de los días hábiles suelen ser las más accesibles, y los complejos de cadenas grandes permiten comprar entradas online para evitar la cola del fin de semana. Y un consejo que vale doble para una comedia así: si podés, sentate cerca, porque gran parte de los chistes de palabra y de timing se pierden en las últimas filas. Yo salí de la sala con ganas de volver a entrar y, la verdad, hacía mucho que una comedia inglesa no me dejaba con esa sensación.
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