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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Gripe que no afloja: las seis alarmas que obligan a salir corriendo al médico

La sensación de mejora que se corta en seco, la falta de aire y el dolor en el pecho encabezan las señales de complicaciones graves que enumera el infectólogo Dhatri Kotekal, consultado por la clínica Cleveland. Menores de cinco años, mayores de 65, embarazadas y personas con enfermedades previas son los más expuestos, aunque nadie queda exento.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
Gripe que no afloja: las seis alarmas que obligan a salir corriendo al médico

Son las siete de la tarde en una guardia del conurbano y la sala de espera empieza a llenarse de tosidos, abuelos con barbijo y madres que sostienen en brazos a chicos con la frente ardiendo. Yo estoy acá, parada al lado de Marta, vecina de Lanús, que me cuenta que su marido arrancó la semana con fiebre y un moco espeso y que, de repente, esta mañana se le cortó la mejoría y volvió a sentirse peor que nunca. Ella no sabe todavía que esa frase, "se sentía bien y de golpe se derrumbó", es exactamente la pista que los infectólogos miran con más cuidado cuando aparece una gripe.

Cuando el cuerpo parece mejorar y se vuelve a encender la alarma

El especialista en enfermedades infecciosas Dhatri Kotekal, consultado por la Cleveland Clinic, lo explica sin rodeos: sentir que la gripe aflojó y, al poco tiempo, notar que el cuadro regresa con más fuerza es un motivo claro para consultar sin demora. Ese giro puede estar marcando la llegada de una infección secundaria, como una neumonía, que se suma al desgaste que ya dejó el virus. Por eso, en la guardia de cualquier hospital argentino, la pregunta de rigor ya no es sólo con qué empezó el cuadro, sino cómo viene evolucionando.

Ahora bien, no todas las alarmas se parecen. Hay un grupo de señales que, según Kotekal, no admiten esperar un turno ni una consulta programada y exigen atención de emergencia, porque pueden estar anunciando complicaciones que comprometen la vida.

  • Falta de aire o sensación de que el aire no alcanza.
  • Dolor o presión en el pecho.
  • Labios o uñas con tono azulado, un signo clásico de que la sangre no se está oxigenando como debería.
  • Confusión repentina o desmayo.
  • Vómitos intensos que no aflojan.
  • Deshidratación severa, sobre todo en chicos y mayores.
  • En los más chicos, respiración acelerada y llanto que no se calma pese a los intentos de los padres.

Quiénes están en la mira y por qué el reloj corre más rápido

Acá en la isla de consultas y de historias que se cruzan en los pasillos, todos coincidimos en que la gripe no le pega a todo el mundo de la misma manera. El infectólogo lo dice con números: en personas con diabetes, problemas renales, cardiopatías, enfermedades pulmonares u obesidad, el deterioro puede desatarse en apenas 24 o 48 horas. También encabezan la lista de mayor vulnerabilidad los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas. Y acá viene el dato que a Marta más le preocupa de su marido, que es un hombre sin antecedentes: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, pero no lo borra. Las complicaciones graves también pueden aparecer en personas que, sobre el papel, no tenían ningún factor de riesgo.

Lo que puede ir mal después de la gripe

Aunque la mayoría se recupera entre una y tres semanas, el esfuerzo que hace el cuerpo para enfrentar el virus puede abrir la puerta a cuadros serios. Kotekal señala a la neumonía como la complicación potencialmente mortal más habitual: puede ser por el avance del propio virus hacia los pulmones o por una infección bacteriana que se aprovecha del cansancio de las defensas. A esa se le suma la sepsis, una reacción extrema del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos del propio paciente. La gripe también puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y empujar a una insuficiencia respiratoria. En personas con cardiopatías previas, un cuadro severo puede alterar el pulso y la presión arterial y, en el peor escenario, desembocar en un infarto o en un accidente cerebrovascular.

El especialista insiste con una recomendación que en la Argentina todavía se escucha de costado: la vacunación anual contra la gripe. Tanto el virus de influenza A como el B pueden causar cuadros graves, de modo que el tipo de virus no sirve para descartar el riesgo individual. Para Marta, que salió de la guardia con la orden de internar a su marido por una neumonía que se desató sobre la gripe, la lección llegó a la fuerza. Nosotros, que la vimos irse con el bolso y los ojos húmedos, quedamos con la misma certeza con la que se cierra esta nota: que cuando el cuerpo mejora y se vuelve a romper, lo más sensato es no esperar a que la historia se cuente sola, sino salir a buscar un médico antes de que la gripe, esa vieja conocida, se transforme en algo que nadie en la familia estaba preparado para nombrar.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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