La hipótesis del amor: cuando un pacto entre dos desconocidos se vuelve Asuntos del corazón en clave universitaria
Lili Reinhart y Tom Bateman protagonizan una comedia romántica donde un fingido noviazgo entre una estudiante de posgrado y un profesor se transforma en algo que nadie de los dos esperaba.
Antes de que la pantalla se llene de escenas y diálogos, la sala del living de Olive Smith ya cuenta cosas: tazas con restos de café, apuntes de biología desparramados, posters viejos y un sillón que pide a gritos una siesta. Esa cocina chica, algo desordenada y luminosa, es el primer escenario que la cámara recorre en La hipótesis del amor, la producción estadounidense de 2026 que acaba de desembarcar en Prime Video. Y sirve como declaración de intenciones: ahí vive una chica aplicada, querida por sus amigas, que todavía está aprendiendo a armar su propio mapa emocional después de la pérdida de su madre durante la adolescencia.
Olive es una estudiante de posgrado interpretada por Lili Reinhart, conocida por su paso por la serie Riverdale. Tiene un objetivo muy concreto en la primera escena de la película: convencer a su mejor amiga Anh de que ya no está enamorada de Jeremy, un compañero con el que la chica mantiene una relación intermitente. La frase que dispara todo el mecanismo, dicha con tono de confesión mientras revuelven un tupper de comida, es más o menos esta: "Para poder ayudarla tengo que probar que lo superé, y la única manera que se me ocurre es mostrarme con otro".
El pacto con el profesor
El otro aparece casi por accidente en el laboratorio: es Adam Carlsen, el cátedra más temido de su departamento, al que da vida Tom Bateman con su flema habitual. El personaje de Bateman carga, a su vez, con un problema paralelo: necesita acreditar una relación estable para acceder a una beca que financie la investigación sobre la que lleva meses trabajando. Los dos quieren algo distinto, pero descubren que pueden ayudarse mutuamente. Lo que empieza como un acuerdo de palabra, de esos que se sellan sin firmar nada, va sumando escenas compartidas, comentarios cruzados y, sobre todo, silencios largos en pasillos universitarios.
La dirección está a cargo de Claire Scanlon, con experiencia en comedias televisivas, que mantiene el ritmo ágil y se apoya en el montaje para que las idas y vueltas entre la pareja no se hagan pesadas. Sarah Rothschild firma el guion basado en la novela de Ali Hazelwood, y acierta al traducir el código del libro sin traicionar la mecánica de un género que pide cierta previsibilidad: la escena del contrato por escrito, la cena con los colegas del profesor, los mensajes que se hacen esperar y los gestos mínimos que dicen todo. Rachel Marsh interpreta a Anh, Nicholas Duvernay a Jeremy y Arty Froushan completa el reparto con un personaje que funciona como contrapunto amable.
Cuando la amistad empieza a quedar chica
El corazón narrativo de la película está en el vínculo entre Olive y Anh: juntas estudiaron, juntas lloraron la ausencia de la madre, juntas imaginaron que la ciencia podía explicar casi todo. Esa amistad es la que mueve a Olive a embarcarse en el plan, y también la que la obliga a mentir en la mesa cuando Anh le pregunta, con esa mirada de quien sospecha pero prefiere no saber, si de verdad está saliendo con alguien. Es un recurso conocido de la comedia romántica, sí, pero la película lo trata con cuidado: las escenas de confidencias entre ellas tienen una ternura silenciosa que se agradece.
El tramo más interesante es el de la transición: cuando los dos empiezan a notar que lo que empezó como papeleta se está volviendo costumbre. Hay un momento concreto, ya cerca del final, en el que Carlsen y Olive ensayan una discusión pública para sostener la farsa ante otros profesores y algo se quiebra: él se acerca demasiado, ella se queda quieta en vez de retroceder como antes. Esa escena podría funcionar como postal emocional de toda la propuesta, porque condensa la pregunta que sobrevuela los 110 minutos de metraje: hasta qué punto uno puede fingir un sentimiento sin terminar sintiéndolo de verdad.
La hipótesis del amor no revoluciona el género ni lo pretende. Pero tiene una virtud que a veces se pierde: se toma en serio a sus protagonistas, les da tiempo para equivocarse y deja que el público se encariñe con las idas y vueltas. Para quienes busquen una comedia romántica con escenarios universitarios, química entre los protagonistas y un puñado de diálogos que funcionan tanto en inglés como doblados, es una opción sólida. Disponible en Prime Video, en el catálogo general de la plataforma, se puede ver desde casa con una suscripción estándar y, según la zona, también con alquiler puntual. El horario lo maneja cada espectador, como siempre; el precio, la app.
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