La mañana arranca en la cocina: por qué el desayuno pesa tanto en el rendimiento de los chicos
Una revisión de estudios internacionales encontró que saltearse esa comida se asocia con peores notas y más dificultades para concentrarse, aunque no se trata de una relación causal. Especialistas consultados sugieren opciones simples para resolverla antes de salir de casa, incluso con la noche como aliada.
Son las siete y cuarto de la mañana en una casa cualquiera de Boedo y el olor a tostada con queso crema se mezcla con el apuro. Mientras los chicos buscan la mochila, en la cocina alguien intenta que llegue un plato a la mesa antes de que el colectivo pase por la esquina. Lo que parece un detalle menor del ritual familiar es, según una revisión de investigaciones recientes, un factor que puede inclinar la balanza en el aula: saltearse el desayuno se asoció con un menor rendimiento escolar en chicos y adolescentes.
Lo concreto es esto: un análisis que reunió 24 investigaciones observacionales detectó que los estudiantes que llegan al colegio sin desayunar muestran, en promedio, un mayor riesgo de desempeño académico bajo. Ahora bien, eso no significa que omitir esa comida provoque, por sí mismo, malas calificaciones. También pueden estar jugadas en contra otras variables, como las horas de sueño, la situación económica del hogar, la calidad general de la alimentación y hasta las rutinas de estudio. La asociación existe, pero la causalidad todavía no está probada.
En el barrio de Floresta, Mariana, madre de dos chicos en primaria, lo resume con una frase que escuché mientras esperaba el café: "Acá en la casa lo vivimos así, el día que se saltan el desayuno vuelven arrastrando los libros y a la una ya están sobre el sillón". No es un estudio, es la experiencia. Pero lo que cuenta no está tan lejos de lo que dice la evidencia.
Qué dicen los estudios y qué limitaciones tienen
La revisión sistemática que compiló 45 trabajos encontró que comer por la mañana puede beneficiar la atención, la memoria y la llamada función ejecutiva, que es la capacidad de organizar pensamientos y tareas, frente a continuar en ayunas. Los resultados, eso sí, variaron según el tipo de prueba cognitiva y las características de los participantes. Los beneficios aparecieron con más frecuencia cuando los chicos tenían una alimentación insuficiente o signos de desnutrición. En poblaciones bien nutridas, la diferencia tiende a ser más chica.
La dietista Jennifer Hyland, de Cleveland Clinic Children's, lo explica con un argumento fisiológico que nosotros, los adultos, también conocemos bien: después del ayuno nocturno, el cuerpo arranca con cansancio, menor claridad mental y una lentitud física que se nota hasta en la letra. Aportar energía temprano, según la especialista, ayuda a sostener las primeras horas de actividad escolar sin ese bajón que muchos chicos describen como "estar apagados".
Preparar la noche anterior, la estrategia que cambia la mañana
Cuando el tiempo aprieta, la diferencia entre desayunar y no hacerlo se juega en la organización del día anterior. Dejar listas algunas preparaciones es la llave. Entre las opciones más simples que circulan entre nutricionistas y que la propia Hyland menciona están la avena remojada, los huevos ya hervidos y la fruta lavada y cortada. La clínica Cleveland también propone congelar sándwiches de huevo para calentarlos a la mañana, listos para llevar en la mochila.
- Avena remojada con frutas, que se prepara en un frasco la noche anterior y se come fría o tibia.
- Huevos duros listos en la heladera, solos o sobre una tostada integral.
- Yogur griego con granola de bajo azúcar y frutas frescas.
- Sándwiches de huevo congelados, para calentar y llevar al colegio.
- Fruta ya lavada y cortada, como atajo para sumar fibra y vitaminas.
Proteínas y fibra: la combinación que sostiene la saciedad
Para armar esa comida, la recomendación de Hyland pasa por reunir proteínas y fibra, dos componentes que ayudan a mantener la sensación de llenura hasta el almuerzo. Esa combinación se consigue con un huevo más una tostada integral, con un cereal integral servido con leche y fruta, o con el clásico yogur griego con granola de bajo azúcar. La elección depende de los gustos, la edad y, sobre todo, del tiempo disponible de cada familia.
“No existe una cantidad única de proteína adecuada para todos los chicos: hay que mirar la edad, el peso y el nivel de actividad. Y conviene moderar las opciones con mucho azúcar, porque pueden dejar hambre al rato y provocar un descenso posterior de energía.”Jennifer Hyland, dietista de Cleveland Clinic Children's
Más allá de las recetas y de los porcentajes de macronutrientes, la evidencia todavía no define un desayuno "ideal" ni permite asegurar que los programas escolares de desayuno mejoren, por sí solos, el rendimiento en el largo plazo. Lo que sí parece claro, a la espera de investigaciones más concluyentes, es que en hogares con alimentación ajustada la primera comida del día puede marcar un punto de partida distinto. Y que en las casas donde la mañana es una carrera contra el reloj, adelantar lo más posible a la noche anterior suele ser la diferencia entre un plato en la mesa y un termo con mate compartido camino a la escuela.
En definitiva, lo que muchos pediatras y nutricionistas vienen repitiendo hace años vuelve a confirmarse con datos: desayunar no garantiza mejores notas, pero saltarse esa comida de manera habitual aparece asociada a más cansancio, menos atención y, en poblaciones vulnerables, a un desempeño escolar más bajo. Para nosotros, que vemos a los chicos crecer entre cuadernos y horarios, alcanza con prestar atención a ese primer plato del día. Después, como dice Mariana en su cocina de Floresta mientras acomoda la mochila de su hijo más grande, uno espera que el resto del día, al menos, arranque con el tanque lleno.
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