La mitad de los trabajadores por cuenta propia no llega a fin de mes: la brecha entre formales e informales se profundiza en el primer trimestre
Un informe del Instituto Universitario CIAS revela que los cuentapropistas sin registro cobraron un promedio de $541.000 mensuales, poco más de un tercio de lo que percibieron los formalizados, mientras el comercio, la construcción y los servicios personales concentran el grueso de esas ocupaciones.
Vamos a los números: en el primer trimestre de 2026 los trabajadores por cuenta propia que desarrollan su labor al margen del sistema formal de registración percibieron un ingreso promedio mensual de 541.000 pesos, según los datos difundidos por el Instituto Universitario CIAS, dependiente de la Universidad Nacional de General Sarmiento. La mediana, es decir el valor que divide a la mitad superior de la mitad inferior de la distribución, se ubicó en 400.000 pesos, lo que indica que el grueso de ese universo se concentra en montos claramente inferiores al promedio.
La distancia con los trabajadores independientes que sí se encuentran inscriptos en el régimen previsional y tributario resulta notoria. Mientras los informales cobraron un promedio de 541.000 pesos mensuales, los formales percibieron 1.391.000 pesos, un 157 por ciento más. La brecha se replica al traducir los ingresos al pago por hora (es decir, el cociente entre el ingreso total y las horas efectivamente trabajadas): 4.435 pesos para los no registrados frente a 9.154 pesos para los registrados, una diferencia cercana al 106 por ciento en favor de estos últimos.
Menos horas, mayor precariedad y cobertura insuficiente
La cantidad de horas trabajadas permite completar el panorama. Los cuentapropistas informales dedicaron a su actividad un promedio de 30,5 horas semanales, frente a las 38 horas que cumplieron quienes operan con registro. Además, el 29 por ciento de los independientes no registrados manifestó que tenía menos horas de trabajo de las que deseaba incorporar, lo que da cuenta de un componente de subocupación horaria (la situación de quienes trabajan menos horas de las que podrían o querrían trabajar) que afecta la capacidad de generación de ingresos. En la misma línea, el 55 por ciento obtuvo retribuciones inferiores al valor de la canasta básica para un adulto equivalente, el umbral que define la línea de indigencia en el esquema de medición oficial.
- Comercio: 635.000 personas, 30 por ciento del total. Incluye almacenes, kioscos, puestos de feria y ventas por internet.
- Construcción de pequeña escala: 402.000 personas, 19 por ciento. Comprende arreglos domiciliarios y changas (trabajos esporádicos, generalmente informales y sin continuidad formal).
- Servicios personales: 354.000 personas, 17 por ciento. Reúne peluquería, jardinería, estética y cuidado de personas.
- Reparaciones, producción artesanal, transporte de pasajeros y preparación de comida completan el resto de las ramas con presencia significativa.
La inserción laboral de este universo se caracteriza, además, por la precariedad de los medios de trabajo. El relevamiento del CIAS señala que el 76 por ciento de los cuentapropistas informales no dispone de un local para desarrollar su actividad, y que el 22 por ciento carece simultáneamente de local, de máquinas, herramientas y de vehículo, lo que restringe de manera considerable la productividad y, por esa vía, los ingresos potenciales. Santiago Poy, vicerrector del CIAS, describió esta modalidad como un 'cuentapropismo de necesidad', una categoría asociada a la búsqueda de subsistencia más que a una decisión emprendedora con horizonte de acumulación.
El fenómeno crece y se concentra en actividades de baja calificación
En el segundo trimestre de 2026, el conjunto de los trabajadores independientes alcanzó al 25,5 por ciento de la población ocupada, lo que representa una suba de 1,8 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior, según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares que difunde el Instituto Nacional de Estadística y Censos. En términos absolutos, esa variación equivale a unas 307.000 personas adicionales que se incorporaron al trabajo por cuenta propia en apenas un año, en un contexto en el que el promedio nacional de ingresos para el total de ocupados se ubica en 1.104.000 pesos mensuales, monto que casi duplica lo percibido por los informales y que también supera ampliamente la mediana del sector registrado.
La comparación con el mismo trimestre del año anterior y con el promedio nacional permite dimensionar la magnitud del desfasaje. Los cuentapropistas informales no solo perciben ingresos muy por debajo de los formales dentro de su propia categoría, sino que también se ubican por debajo del ingreso medio del conjunto de los ocupados, aun cuando aportan un volumen significativo de horas de trabajo. Si la ley cambiara y se extendiera la obligatoriedad del registro para este tipo de actividades, el efecto inmediato sería una suba nominal en la remuneración declarada por los trabajadores, en línea con los parámetros que hoy perciben los formales, aunque también implicaría un encarecimiento de servicios que hoy se prestan a valores notablemente inferiores a los del mercado registrado, con el consecuente impacto sobre la demanda y sobre los márgenes de quienes operan en esos rubros.
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