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VIE, 16 OCT 2026
Economía

La pobreza trepó a 32,3%: cuando las canastas superan a la inflación y a los salarios

El encarecimiento de los alimentos y otros gastos esenciales redujo la capacidad de compra de los hogares. La pobreza abarcó a unos 15 millones de personas y la indigencia a cerca de 3,5 millones. Los ingresos también sintieron el deterioro del empleo.

FT
Federico TapiaEconomía y régimen industrial · · lectura 3 min
La pobreza trepó a 32,3%: cuando las canastas superan a la inflación y a los salarios

Vamos a los números. Cubrir los gastos básicos exigió durante el primer semestre de 2026 una porción mayor de los ingresos familiares, en un escenario en el que los precios de los bienes esenciales avanzaron por encima del índice general de precios. La Canasta Básica Alimentaria, es decir, el conjunto de alimentos necesarios para satisfacer las necesidades nutricionales mínimas de un hogar, registró un aumento de 21,6%, mientras que la Canasta Básica Total, que además incorpora otros rubros como vestimenta, transporte y servicios, subió 19,8%. Ambas variaciones superaron la inflación del período, que se ubicó en 16,8%, según el análisis del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA).

La presión sobre el presupuesto no provino exclusivamente de los alimentos. El observatorio señaló que los alquileres, las tarifas y los servicios, pagos difíciles de reemplazar y por tanto inelásticos (concepto económico que describe los gastos que el hogar no puede dejar de enfrentar), crecieron por encima de numerosos ingresos familiares, lo que redujo el dinero disponible para adquirir alimentos y satisfacer otras necesidades elementales.

Pobreza e indigencia: cifras y comparación interanual

En ese contexto, la pobreza alcanzó al 32,3% de la población, unos 15 millones de personas. Frente al segundo semestre de 2025, se sumaron alrededor de 1,9 millones de personas a esa condición. La indigencia, es decir, la situación de hogares que no logran cubrir siquiera la Canasta Básica Alimentaria, afectó al 7,5%, cerca de 3,5 millones de personas, con unas 538.000 más que en el período anterior. La comparación con el mismo semestre del año previo muestra un deterioro consistente: mientras la pobreza se ubicaba en torno a 31,6% en el primer semestre de 2025, el indicador actual supera esa marca y consolida una tendencia alcista (término técnico que describe una trayectoria sostenida al alza).

La distancia entre los recursos disponibles y el costo de la canasta también se amplió entre los propios hogares pobres. Según la consultora LCG, los ingresos familiares de esos hogares cubrieron, en promedio, apenas el 64,1% de la Canasta Básica Total, una proporción inferior al promedio nacional, que ronda niveles cercanos al 85%. El faltante equivalía a 569.100 pesos mensuales por hogar, expresados a precios de agosto, un agujero que compromete la satisfacción de necesidades básicas distintas de la alimentación.

Empleo y salarios: los motores que perdieron fuerza

  • Disminución de los puestos registrados, es decir, aquellos con aportes jubilatorios y cobertura formal.
  • Aumento de las ocupaciones informales y precarias, carentes de protección social.
  • Nueva caída del poder adquisitivo de los salarios registrados, cuya evolución mensual e interanual se mantuvo en terreno negativo.
  • Retroceso del ingreso real registrado (ingreso descontada la inflación) de 0,6% mensual en julio y de 3,1% frente al mismo mes de 2025, según estimaciones de Equilibra, consultora que utilizó una canasta actualizada con la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/18.

Qué puede pasar hacia el cierre de 2026

Hacia fines de 2026, especialistas consultados anticiparon una pobreza relativamente estable, siempre que no se produzcan cambios significativos en la inflación y en el nivel de actividad. Santiago Poy, investigador del Centro de Investigación y Acción Social, sostuvo que la pobreza podría estabilizarse en torno a los valores actuales si se mantienen las condiciones macroeconómicas. En la misma dirección, Daniel Schteingart, investigador de Fundar, proyectó estabilidad ante un panorama de ingresos reales estancados. Se trata de previsiones condicionadas por la evolución de los recursos familiares y por el costo de cubrir las necesidades básicas.

Si la ley de movilidad jubilatoria o la dinámica salarial sufrieran modificaciones, el indicador podría moverse en uno u otro sentido. Un eventual cambio en la normativa vigente que eleve el piso de actualización de los haberes previsionales o que fortalezca la negociación paritaria (proceso de discusión salarial entre gremios y empresas) podría aliviar la presión sobre los hogares de menores ingresos. Por el contrario, una aceleración de la inflación o una nueva caída del empleo registrado profundizarían el deterioro. Por ahora, los números disponibles muestran que las canastas básicas subieron más que la inflación, y los ingresos formales, menos.

FT
Federico TapiaEconomía y régimen industrial

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