Mate, café o té caliente en pleno verano: la paradoja que muchos argentinos ya conocen sin saberla
Un especialista en bienestar explica por qué una infusión caliente puede refrescar el cuerpo, qué necesita el ambiente para que funcione y cuándo conviene pasar al vaso con hielo.
Acá en la isla, donde el verano aprieta y la humedad se pega a la piel como una segunda camiseta, hay una costumbre que sobrevive a las modas y a las recomendaciones: tomar algo caliente cuando el termómetro se va por las nubes. El mate, el té, el cafecito de media tarde, ese aguante de la pava que suena en la cocina mientras la brisa entra por la ventana. Para muchos de nosotros es casi un acto de fe. Y resulta que la fe, en este caso, tiene un fundamento fisiológico que vale la pena entender, porque depende de algo tan sencillo como una corriente de aire.
Calor que se va, siempre que el sudor se evapore
El profesor John Tregoning, especializado en bienestar, lo explica con una lógica que suena a contradicción y sin embargo cierra por donde se la mire. Cuando uno ingiere una bebida caliente, le está sumando calor al cuerpo. Hasta ahí, parece el camino equivocado. Pero ese calor extra dispara un mecanismo de defensa: el organismo responde con una mayor transpiración. Y acá viene la clave de la paradoja: si ese sudor consigue evaporarse, se lleva consigo energía térmica del cuerpo y produce una pérdida neta de calor. El resultado final es refrescante, aunque el punto de partida haya sido una taza humeante.
Ahora bien, Tregoning es claro al advertir que la bebida caliente no es una fórmula mágica ni sirve para cualquier escenario. Para que el balance termine siendo favorable, el ambiente tiene que acompañar. Un espacio seco y con buena circulación de aire, ya sea la brisa que entra por una ventana abierta o el ventilador girando en la esquina, le facilita al sudor cumplir su tarea. En cambio, en una habitación cargada de humedad y sin ventilación, la transpiración se acumula, empapa la ropa y termina siendo líquido perdido sin el efecto refrigerante que uno esperaba.
- La hidratación frecuente pesa más que la temperatura del líquido: tomar agua, mate o lo que sea, de manera constante, es la prioridad según el especialista.
- El ambiente define el resultado: con aire seco y en movimiento, la bebida caliente puede refrescar; con mucha humedad y sin brisa, lo más probable es que sume calor.
- El sudor necesita evaporarse para enfriar: cuando queda sobre la piel, empapa la tela o gotea, se pierde agua pero no se libera calor del cuerpo.
- Las bebidas frías dan alivio inmediato y bajan la sensación térmica, aunque su efecto es más pasajero.
- La recomendación final es simple: sostener la ingesta de líquidos y prestar atención a si el aire circula.
“Cuando uno toma algo caliente, le suma calor al cuerpo, pero también se activa la sudoración. Si ese sudor se evapora, el balance termina siendo una pérdida neta de calor. La diferencia la hacen la humedad y la ventilación del ambiente.”John Tregoning, profesor especializado en bienestar
Hay algo que a nosotros, los que seguimos tomando mate en pleno enero, nos gusta escuchar y tiene que ver con lo que la gente espera que pase. Marta, vecina del barrio de San Telmo, lo resume cada vez que le pregunto: "Yo al mate no lo cambio ni con cuarenta grados. Si hay una ventanita abierta, mejor todavía". Dice que nunca lo pensó como un método científico, sino como una costumbre heredada, y que saber que el aire de la ventana no es un detalle menor sino parte del mecanismo la reconforta. Es que a veces la sabiduría de andar por casa se adelanta a los papers: si la brisa entra, el sudor se va, y con él se va el calor que el cuerpo estaba buscando soltar.
Lo que conviene tener en cuenta
Tregoning cierra su explicación con una recomendación que en este lado del mundo suena casi a obviedad, pero que conviene recordar cada vez que la ola de calor se instala: la prioridad no es la temperatura de la taza, sino sostener la hidratación a lo largo del día. La elección entre algo frío y algo caliente es, en gran parte, una cuestión de gusto y de contexto. Ninguna de las dos opciones gana en todos los escenarios. Lo que sí está en nuestras manos es prestar atención al aire que nos rodea y, si la humedad lo permite, dejar que esa transpiración haga su trabajo. Mientras tanto, acá seguimos cebando mate, con la ventana abierta de par en par, esperando que el verano afloje.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Sur Extremo Noticias