Saltar al contenido
Sur Extremo NoticiasSur Extremo Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.537,30 -0,16%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Mermelada casera de moras silvestres: el truco de la manzana y el colado fino para una textura sin semillas

Una preparación de autoría hogareña que combina moras trituradas y coladas con manzana rallada, azúcar y jugo de limón, con una cocción breve que se resuelve en una sola cacerola.

IJ
Ignacio JerkovicTurismo · · lectura 4 min
Mermelada casera de moras silvestres: el truco de la manzana y el colado fino para una textura sin semillas

Hay fines de semana en los que la cocina se vuelve una pequeña fábrica de conservas, y a mí me gusta empezar por las frutas que uno mismo puede salir a buscar al campo o conseguir en la feria del barrio. Las moras silvestres tienen esa ventaja: aparecen en abundancia durante la temporada cálida, maduran en el borde de los senderos y, bien trabajadas, se transforman en una mermelada de carácter intenso, con un color profundo y un aroma que recuerda a las tardes de verano. Lo que traigo hoy es una receta casera que aprendí a hacer de manera bastante artesanal, con un paso clave que marca la diferencia: colar el puro para retirar las semillas y lograr una textura fina, casi untable, ideal para esos desayunos largos de domingo o para una merienda con queso fresco y un buen pan de campo.

Una receta con pocas cantidades explicitadas

Antes de ponerse manos a la obra, conviene ser honesto con una limitación: la preparación no precisa cuánto azúcar ni cuánta agua se necesitan, y tampoco indica la cantidad inicial de moras, manzanas ni limones. Lo que sí ofrece son dos referencias de peso a lo largo del proceso, que sirven como ancla: unos 525 gramos de moras ya trituradas y coladas, y alrededor de 175 gramos de manzana rallada. Esos números describen el resultado intermedio y permiten dimensionar qué volumen de frascos podemos esperar, aunque no completan la lista de ingredientes. Quien la haga tendrá que ajustar el azúcar a gusto, teniendo en cuenta la acidez natural de la fruta y el dulzor que se busque.

El paso del colado, el alma de la textura

El procedimiento comienza con un lavado prolijo de las moras bajo agua fría y un escurrido paciente, porque la fruta no debe aportar agua de más a la cacerola. Después se trituran con un poco de agua, ya sea con una batidora de mano o con un robot de cocina, hasta obtener un puré uniforme. Ahí llega el momento que define la calidad final: pasar esa mezcla por un colador de malla fina, presionando y moviendo con un cucharón para que toda la pulpa atraviese la tela y las semillas queden retenidas. Es un trabajo que lleva unos minutos y algo de paciencia, pero el resultado bien lo vale: una mermelada aterciopelada, sin pepitas molestas que se enganchen en el paladar.

  • Lavar las moras bajo agua fría y dejarlas escurrir bien antes de triturar.
  • Procesar la fruta con un poco de agua hasta lograr un puré uniforme.
  • Colar por malla fina, presionando con cucharón para retirar todas las semillas.
  • Sumar al puré la manzana pelada y rallada en rallador grueso junto con el jugo de limón y el azúcar.
  • Cocinar en cacerola a fuego medio-bajo durante 30 minutos, revolviendo de vez en cuando para que no se pegue.
  • Repartir en frascos, dejar enfriar y conservar en la heladera hasta el momento de consumir.

La manzana, pelada y pasada por un rallador grueso, cumple un papel poco vistoso pero fundamental: aporta pectina natural, ayuda a espesar y equilibra la acidez de la mora con su dulzor suave. Del limón se aprovecha únicamente el jugo, que actúa como fijador de color y como conservante natural. Todo eso se reúne en una cacerola junto con el puré colado y el azúcar, y se lleva a fuego medio-bajo durante media hora, con movimientos ocasionales para que la mezcla no se adhiera al fondo. Al terminar, se reparte en frascos limpios, se deja enfriar y se guarda en la heladera, lista para durar varias semanas bien cerrada.

Cómo y con qué servirla

Las tostadas del desayuno y de la merienda son el destino clásico, y con buena razón: una capa generosa sobre pan recién hecho, con manteca si se quiere, es de esas pequeñas felicidades cotidianas. Pero la mermelada de moras también se lleva muy bien con un yogur natural sin azúcar, donde el contraste entre la acidez del lácteo y el dulzor de la fruta se potencia, o con un queso fresco de buena calidad, que aporta cremosidad y sal. Para los más animados, queda joya como capa superior de una tarta de queso antes de llevar al horno, o como detalle final sobre un queso crema en una tabla de picoteo. Mi recomendación, si van a cocinarla en estos días, es dedicarle una mañana fresca de sábado, hacer una buena cantidad de una vez y guardar varios frascos en la heladera: arranca a las diez, para temprano al mediodía ya tienen el primer frasco tibio, listo para probarlo con tostadas y un café bien cargado. Y un consejo práctico: el clima templado de esta época ayuda a que las moras maduren en su punto justo, así que si salen a buscarlas al campo, háganlo temprano, con abrigo liviano y calzado cerrado, porque la maleza de los senderos no perdona.

IJ

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo