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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Microdramas chinos hechos con inteligencia artificial: el negocio que se comió su propia mentira

Un informe de la consultora DataEye revela que apenas uno de cada 77 títulos generados por algoritmos logró recuperar lo invertido. Mientras tanto, las grandes productoras ya mueven cerca de 800 millones de euros para volver a los actores de carne y hueso.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 4 min
Microdramas chinos hechos con inteligencia artificial: el negocio que se comió su propia mentira

"Yo no le creo más a ninguna cara que no tenga una arruga en el lugar correcto", me decía el otro día un amigo que trabaja en producción audiovisual acá en Buenos Aires, medio en broma medio en serio, después de mostrarle un par de microdramas generados con inteligencia artificial que había visto en redes. La frase me quedó dando vueltas mientras leía el informe de la consultora china DataEye, y la verdad es que describe bastante bien lo que está pasando al otro lado del mundo con un formato que prometía revolucionar el entretenimiento y terminó estrellándose contra su propio espejo.

Para quien nunca escuchó hablar de esto, vale la pena poner en contexto: los microdramas son una suerte de telenovelitas verticales de pocos minutos por capítulo, pensadas para verse en el celular, que en China se producen a una escala que a nosotros nos cuesta dimensionar. Según los números que difundió DataEye, durante el primer semestre del año se lanzaban unos 1.500 títulos nuevos por día, y nada menos que el 90% de los más de 430.000 microdramas publicados en la plataforma Douyin en apenas ocho meses fueron generados con inteligencia artificial. Es decir, no estamos hablando de un experimento minoritario, sino de una inundación.

La fábrica que no vendía

Lo más llamativo del informe, y lo que me parece que hay que mirar con detenimiento, es que toda esa maquinaria productiva no se tradujo en plata. Solo uno de cada 77 microdramas recuperó lo que costó hacerlo. El resto, el famoso 98,7% del total, cerró en pérdidas. Lo dijo con bastante claridad Lin Qiwen, vicepresidenta de la consultora: "muchos insiders de la industria creen que la IA bajó la barrera de la producción, pero los beneficios de los creadores no crecieron: en su lugar, parece que pierden dinero más rápido". Es una frase que, si la pienso un segundo, se puede aplicar a casi cualquier burbuja tecnológica que uno recuerde.

El dato duro ayuda a entender por qué. Producir un microdrama animado con IA cuesta entre 106 y 160 euros por minuto, una quinta parte de lo que sale una producción con actores reales. Esa diferencia tentó a los productores a multiplicar títulos sin freno, pero la audiencia no creció al mismo ritmo. El resultado fue una saturación que los propios espectadores empezaron a notar y a rechazar, algo que en China ya bautizaron como "fatiga de caras IA", en referencia a la homogeneidad visual de los personajes generados por algoritmos, todos iguales, todos sin mácula, todos un poco inquietantes.

  • Según DataEye, solo 1 de cada 77 microdramas generados con IA recuperó su costo en el primer semestre.
  • El 90% de los más de 430.000 microdramas publicados en Douyin en ocho meses fueron hechos con inteligencia artificial.
  • Un equipo que lanzó 11 microdramas con IA en dos meses acumuló ingresos totales por apenas 1,28 euros.
  • Las series con actores reales cayeron de 432 títulos en febrero a 110 en junio en los rankings mensuales.
  • Las principales productoras chinas anunciaron una inversión conjunta cercana a los 800 millones de euros para volver a las producciones con equipos humanos.

Volver a lo humano, y rápido

El sacudón fue tan fuerte que las principales productoras ya mueven cerca de 800 millones de euros en una inversión conjunta destinada a series de mayor calidad elaboradas por equipos humanos. La movida suena casi a declaración de principios: después de probar con la máquina, elijo la persona. A mí, te soy honesta, esa decisión me interpela como espectadora y como alguien que escribe sobre esto todos los días, porque confirma algo que uno intuye en la butaca o en el sillón: la emoción genuina todavía no se puede fabricar en serie.

Lo que está pasando en China, me parece, deja una enseñanza que nos toca de cerca, aunque acá estemos lejos de esa escala. La inteligencia artificial puede abaratar costos y acelerar procesos, pero no resuelve -y a veces empeora- el problema de fondo de cualquier industria cultural, que es conectar con alguien del otro lado de la pantalla. Cuando eso falla, por más títulos que Produzcás, el resultado es este: una montaña de contenido y una caja registradora que no cierra. Habrá que ver si el viraje hacia los actores reales alcanza para ordenar el mercado o si la estampida dejó heridas más profundas. Por ahora, el dato que queda flotando es uno solo, y es bien elocuente: de 77 intentos, 76 perdieron. Una proporción que asusta hasta en la quiniela.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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