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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Microondas y plásticos: por qué los toxicólogos piden pasar la comida a otro recipiente antes de recalentarla

Calentar comida en envases de plástico libera partículas que el cuerpo absorbe. Especialistas consultados en Estados Unidos recomiendan mudar el alimento a un recipiente de vidrio o cerámica y aclaran que la leyenda "apto para microondas" no zanja el problema.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 3 min
Microondas y plásticos: por qué los toxicólogos piden pasar la comida a otro recipiente antes de recalentarla

Son las doce y media en una cocina cualquiera de acá en la isla y María, vecina de Lanús, está por meter en el microondas la sopa que le quedó de ayer. Antes de hacerlo, agarra el bowl de vidrio que tiene reservado para estas ocasiones, la vuelca adentro y descarta el envase plástico en el que vino la comida. Es un gesto chico, casi automático, pero detrás de él hay una recomendación que viene ganando terreno entre los toxicólogos norteamericanos y que nosotros, los que recalentamos el tupper dos veces por día, empezamos a escuchar con más atención.

Por qué el calor y el plástico no se llevan bien

Wells Brambl, médico especialista en emergencias del Centro Médico Judío de Long Island de Northwell Health, lo dice sin vueltas: si vamos a recalentar algo, lo primero es pasarlo a un recipiente de vidrio o cerámica. La idea es simple, bajar la exposición a esas partículas que el plástico puede soltar cuando se calienta. Y si no queda otra que mantener el envase original, el consejo es concreto: poner el microondas en la potencia mínima posible para templar la comida y nada más, porque a mayor temperatura, mayor desprendimiento.

“El aumento de temperatura hace vibrar las moléculas del plástico y puede fracturar su estructura de polímeros, y eso permite que fragmentos y aditivos pasen a la comida.”Serah Oyewole, toxicóloga médica del Houston Methodist

Oyewole describe un proceso que, traducido a nuestra lengua de todos los días, es bastante sencillo de entender: el calor mueve las moléculas del plástico, las sacude, las quiebra, y a partir de ahí se liberan fragmentos diminutos y también aditivos que se usan en la fabricación, colorantes, antioxidantes y estabilizadores ultravioletas, entre otros. Todo eso termina, en mayor o menor medida, en el plato.

Lo que dice (y lo que no) la etiqueta "apto para microondas"

  • La leyenda "apto para microondas" indica que el envase soporta el calor sin deformarse ni liberar sustancias en niveles considerados tóxicos para el contacto breve con alimentos.
  • Brambl advierte que esa aprobación no descarta la liberación de microplásticos y nanoplásticos durante el calentamiento.
  • Oyewole separa dos planos: por un lado, la habilitación del material para almacenar comida; por el otro, las preguntas todavía abiertas sobre qué pasa en el cuerpo cuando esas partículas se ingieren de manera sostenida en el tiempo.

¿Y qué se sabe hasta acá sobre las consecuencias? Brambl es claro en esto y a mí me parece importante repetirlo tal cual: la literatura científica ya documentó la presencia de micro y nanoplásticos en el organismo humano. Hay datos que muestran asociaciones con procesos inflamatorios, pero, como él mismo subraya, una correlación no prueba causalidad. Que estén asociados no significa que sean los responsables. Los efectos a largo plazo, insistió, siguen en estudio.

Mientras tanto, el consejo del especialista se estira a otros objetos de la cocina que muchas veces damos por sentado: revisar los utensilios de plástico, las tapas, las esponjas, e ir reemplazándolos de a poco. También propone, cuando se puede elegir, preferir productos con menos envolturas plásticas. Son decisiones chicas, de a una, pero que en conjunto bajan la cantidad de plástico con la que nuestra comida entra en contacto a lo largo del día.

Ahora, ojo con una cosa que a mí me parece clave y que los propios toxicólogos se encargan de aclarar: todo esto tiene un alcance limitado. La contaminación ambiental hace que los alimentos entren en contacto con microplásticos mucho antes de llegar a nuestra cocina, en el campo, en el agua, durante el procesamiento o el envasado. Cambiar el recipiente antes de recalentar reduce una parte de la exposición, no la resuelve. Lo que sí hace, y a mí eso ya me parece suficiente, es devolverle a uno un poquito de control sobre algo que normalmente se siente como inevitable. María, mientras tanto, espera que con el tiempo haya envases más seguros y, sobre todo, que la ciencia termine de aclarar qué pasa con esas partículas una vez que entran al cuerpo.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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