Miyazaki, Conan Doyle y un Londres con olor a vapor: la serie animada que pocos recuerdan
Estrenada en 1984 como una coproducción entre Japón e Italia, esta adaptación de los relatos de Sherlock Holmes convirtió al detective en un perro antropomorfo y tuvo al fundador del Studio Ghibli entre sus principales impulsores.
A mí siempre me gusta arrancar estas notas con una cita que me resuene, y en este caso no puedo evitar pensar en lo que el propio Hayao Miyazaki dijo alguna vez sobre la necesidad de tomarse en serio los proyectos, incluso cuando parecen pequeños. Y la serie animada de Sherlock Holmes que une a Japón e Italia, estrenada en 1984, no fue en absoluto un proyecto menor: fue una coproducción entre el estudio japonés TMS y la italiana RAI que se extendió a lo largo de 26 episodios y que llevó al detective más famoso de la literatura inglesa a un mundo de máquinas a vapor, avionetas y carreras de autos. Sí, leíste bien: hablamos de una serie donde Holmes y Watson resuelven misterios, pero también pilotean inventos sacados de un libro de Julio Verne.
Antes de meternos en los casos, vale la pena describir la sala, que en este caso es la pantalla: imagine el lector una Londres victoriana donde casi todos los personajes son perros con rasgos y comportamientos humanos, desde el propio Holmes, que conserva su pipa y su sombrero característicos, hasta el doctor Watson, su inseparable compañero de aventuras. Esa decisión visual, que acerca la historia al público infantil, fue uno de los puntos de la propuesta que más llamó la atención cuando la serie se vio por primera vez en la pantalla chica, aunque la idea original de Miyazaki había sido darle al material un enfoque más adulto. El cambio atraviesa la apariencia de los protagonistas y distingue a esta versión animada del personaje literario que todos conocemos de la pluma de Arthur Conan Doyle.
Seis capítulos y un proyecto que se estiró
El recorrido de producción de esta serie es, a mi modo de ver, una de las partes más jugosas de la historia. La idea original nació de Hayao Miyazaki y Kyosuke Mikuriya, que fueron los principales impulsores del proyecto, pero los retrasos en la producción hicieron que Miyazaki tuviera que alejarse para concentrarse en otra de sus obras: Nausicaä del Valle del Viento, que es justamente la película que en muchos sentidos marca el nacimiento del Studio Ghibli. Por eso su nombre está asociado a la serie, aunque en los papeles figure como director de apenas seis de los 26 capítulos que integran la adaptación. Es decir, una intervención puntual pero decisiva, que le dio a la serie su tono inicial y su espíritu aventurero.
- Estreno: 1984, a lo largo de 26 episodios animados.
- Producción: estudio japonés TMS e italiana RAI, en coproducción.
- Dirección de Miyazaki: seis capítulos del total, junto a Kyosuke Mikuriya.
- Estética: personajes como perros antropomorfos, en una Londres victoriana.
- Género: misterio, aventura, ciencia ficción y estética steampunk con máquinas a vapor, avionetas y vehículos de época.
- Antecedentes de Miyazaki en adaptaciones: Heidi, El perro de Flandes, Marco y Ana de las Tejas Verdes, dentro del World Masterpiece Theatre; también Lupin III junto a Isao Takahata, Conan el niño del futuro y El castillo de Cagliostro.
“Su intervención como director abarcó seis capítulos, pero su huella se nota en cada escena de máquinas a vapor y aventuras.”Sofía Paredes
A esta altura, después de investigar un poco y de sentarme a repasar los episodios que pude ver, lo que más me conmueve es la idea de que estamos ante una rareza: una serie de los años ochenta que combina el universo de Conan Doyle con la sensibilidad de un director japonés que todavía no era la leyenda que hoy conocemos. La estética steampunk, que mezcla lo mecánico con la ciencia ficción, le da a la propuesta un lugar propio dentro del mundo del investigador, y los casos inspirados en Doyle comparten espacio con vehículos e inventos que amplían el componente de acción. Para los lectores de 40 a 60 años que crecimos viendo series animadas, esta Sherlock Holmes es un hallazgo: una rareza que une a dos países, a dos tradiciones de animación y a uno de los nombres más grandes del cine animado de todos los tiempos.
Cómo llegar a esta serie: se puede encontrar en formatos físicos en algunas tiendas especializadas en animé y también en plataformas de streaming que ofrecen catálogo de animación japonesa de los años ochenta. Los horarios y precios varían según el país y el servicio, así que lo más recomendable es buscarla por su título original en japonés o por su nombre en inglés para dar con alguna de las ediciones disponibles. Y una última pregunta que me queda dando vueltas, querido lector: ¿qué otras versiones del detective de Baker Street te gustaría volver a ver en una pantalla?
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