Neumonía sin tos ni fiebre: las señales que suelen pasar inadvertidas y que conviene no dejar pasar
El cansancio profundo, la respiración agitada y las náuseas pueden aparecer varios días antes que los síntomas clásicos. Especialistas explican por qué en los mayores de 65 la fiebre suele estar ausente y cuándo hay que ir a la guardia sin dudarlo.
Acá en la isla, en el barrio de San Martín, María tiene 58 años y todavía se acuerda del día que creyó que se le había pasado un resfrío fuerte. Cuenta ella que lo que más le llamó la atención no fue la tos, que casi ni apareció, sino un cansancio general que el cuerpo le reclamaba sin explicación. Nosotros, los que rodeamos a María en la sobremesa familiar, vimos cómo esa fatiga profunda le ganó la pulseada durante casi una semana antes de que apareciera la fiebre y la consulta al médico. Esa misma escena, la de un cuadro que empieza sin los avisos clásicos, es la que describen los especialistas cuando hablan de neumonía en adultos y en personas mayores.
Cuando el pulmón se inflama antes de que aparezca la tos
La neumonía es una infección respiratoria que muchas veces arranca como un resfrío común y, de un día para el otro, se mete de lleno en los alvéolos pulmonares. Esos saquitos de aire se inflaman y pueden llenarse de líquido o pus, lo que dificulta el paso de oxígeno hacia el organismo. La causa puede ser bacteriana, viral o fúngica. Entre los agentes bacterianos más frecuentes se cuentan el Streptococcus pneumoniae y el Mycoplasma pneumoniae. Algunos virus responsables de la gripe o el covid-19 también pueden derivar en neumonía. La evolución depende del germen que la provoque, de la edad del paciente y del estado de salud previo de cada persona, algo que los médicos repiten hasta el cansancio en cada consulta.
Las señales que aparecen antes que la fiebre
Lo que suele pasar inadvertido es que la fatiga profunda y la respiración acelerada pueden aparecer antes que la tos o la fiebre. También pueden presentarse latidos rápidos, náuseas, falta de apetito y un malestar general que el cuerpo describe como un peso encima del pecho. El neumonólogo Gerald Weinhouse, de la División de Medicina Pulmonar y Cuidados Críticos de Mass General Brigham, señaló que "la fatiga y el cansancio pueden aparecer primero y ser profundos". El especialista agregó que, si bien la tos es casi universal, "algunas personas no tienen mucha fiebre".
Qué señales hay que mirar con atención
- Fatiga profunda que aparece de un día para el otro, incluso en personas que suelen estar activas.
- Respiración acelerada o sensación de que falta el aire al hacer esfuerzos chicos.
- Latidos rápidos, náuseas, falta de apetito y malestar general sin causa clara.
- Presión arterial baja, diarrea o cambios en el estado mental cuando el cuadro avanza.
- Confusión repentina, somnolencia excesiva o desorientación, que requieren consulta médica inmediata en mayores de 65.
En los mayores de 65 años, y en personas con defensas comprometidas, la temperatura corporal puede incluso estar por debajo de lo normal. Por eso la ausencia de fiebre no descarta la enfermedad y hasta puede confundir al paciente y a la familia, que suelen pensar que sin fiebre no hay nada grave. Los grupos con mayor riesgo de complicaciones incluyen bebés, niños pequeños, adultos mayores, fumadores y quienes padecen enfermedades cardíacas, pulmonares, diabetes, asma o cáncer, o reciben tratamientos que reducen las defensas.
Cuándo conviene ir al médico sin esperar
Entre las complicaciones posibles figuran la acumulación de líquido alrededor de los pulmones, la presencia de bacterias en sangre, los abscesos pulmonares y la insuficiencia respiratoria, que puede requerir internación. Conviene consultar a un médico si la tos persiste varios días y empeora, si hay dolor en el pecho al respirar, si los síntomas reaparecen después de una mejoría inicial, o si hay fiebre persistente de 39 grados o más con escalofríos. María, la vecina de San Martín, ya lo sabe de memoria: a la próxima, no va a esperar a que aparezca la fiebre para sentarse en el consultorio. Esa es, en el fondo, la tranquilidad que todos nosotros queremos llevarnos a casa cuando el invierno empieza a pegar fuerte.
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