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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Robos de sesiones de IA: la nueva frontera donde la contraseña ya no alcanza

Investigaciones de ESET y SOCRadar revelan que programas diseñados extraen cookies y tokens para entrar a cuentas corporativas de inteligencia artificial sin necesidad de credenciales. El riesgo compromete historiales de conversación, servicios pagos y conexiones con plataformas como Zapier.

MN
Martín NaguilAntártida y ciencia · · lectura 3 min
Robos de sesiones de IA: la nueva frontera donde la contraseña ya no alcanza

Una cuenta de inteligencia artificial puede quedar al descubierto aun cuando nadie haya descubierto la contraseña. Dos informes recientes, uno de la firma de ciberseguridad ESET y otro de la plataforma SOCRadar, describen un esquema que aprovecha sesiones ya abiertas para sortear los controles de autenticación habituales. La técnica pone en juego desde historiales de conversación hasta el consumo no autorizado de servicios pagos, con impacto directo sobre empresas que utilizan herramientas de IA en su operatoria diaria.

El punto de partida son programas maliciosos conocidos como infostealers, capaces de recorrer discos rígidos en equipos con Windows o Mac en busca de dos piezas clave: las cookies que los navegadores conservan para mantener una sesión activa y los tokens que las aplicaciones utilizan para reconocer a un usuario ya verificado. Si esos elementos caen en manos de un atacante, el servicio de IA trata la conexión como legítima y omite pasos como la verificación en dos pasos.

La cocina como analogía: la credencial y la sesión

Para graficar la diferencia, se puede pensar en la puerta de una casa. La contraseña equivale a la llave que uno lleva en el bolsillo: si alguien la copia, debe replicarla para volver a entrar. La sesión abierta, en cambio, es como dejar la puerta sin llave pero con el cerrojo corrido: cualquiera que conozca el mecanismo puede pasar. En el entorno digital, las cookies y los tokens cumplen ese rol de cerrojo que el sistema reconoce como válido sin pedir comprobantes adicionales.

SOCRadar, en un relevamiento de noventa días, contabilizó 5.434 registros de credenciales y sesiones vinculadas a 1.500 direcciones de correo corporativo y 482 empresas distintas. La magnitud del hallazgo muestra que no se trata de casos aislados: la circulación de esos identificadores se convirtió en un insumo habitual dentro de los mercados de datos robados.

Qué pueden hacer las organizaciones para reducir el riesgo

  • Acortar la duración de las sesiones y forzar su renovación periódica, de modo que un token robado pierda validez cuanto antes.
  • Implementar un inicio de sesión único corporativo (SSO) que centralice el acceso y permita desactivar todas las sesiones desde un único punto.
  • Renovar y rotar con frecuencia las claves API que conectan aplicaciones con los servicios de inteligencia artificial.
  • Monitorear ingresos desde ubicaciones geográficas inhabituales o fuera del horario laboral habitual de cada empleado.
  • Mantener un inventario de qué cuentas de IA se utilizan dentro de la organización, incluso las que no conoce formalmente.

Cuando una dirección corporativa aparece en registros de filtraciones, el informe de ESET sugiere tratar la situación como un incidente de seguridad del dispositivo y no como un simple cambio de contraseña. Si la sesión válida sigue en manos del atacante, modificar la clave no interrumpe el acceso ya concedido. La investigación debe incluir al equipo involucrado para descartar la persistencia del malware que originó la extracción.

El alcance del problema se multiplica cuando las cuentas de IA están vinculadas a otras plataformas. Un token comprometido en un servicio de automatización como Zapier puede habilitar accesos a correo electrónico, hojas de cálculo o sistemas internos sin necesidad de nuevas credenciales. Las conversaciones almacenadas tampoco son inocuas: allí pueden figurar fragmentos de código, contratos o datos de clientes que los empleados compartieron con el asistente.

Lo que aún no se conoce con precisión

Los informes disponibles detallan el mecanismo y ofrecen recomendaciones de mitigación, pero todavía queda por delante una pregunta difícil de responder: cuántas de las sesiones filtradas ya fueron explotadas efectivamente. La telemetría de los proveedores de IA no suele distinguir entre un ingreso legítimo y uno que reusó un token robado, lo que vuelve reactiva —y no preventiva— la respuesta de las áreas de seguridad. Tampoco hay cifras públicas sobre el volumen de servicios pagos consumidos con cuentas corporativas comprometidas, un punto que las próximas investigaciones deberán abordar para dimensionar el impacto económico real.

MN
Martín NaguilAntártida y ciencia

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