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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

A 50 kilómetros de Puerto Madryn, una estancia centenaria propone ver ballenas desde la costa y caminar la estepa

Las Charas, fundada en 1924 sobre 7.328 hectáreas de Península Valdés, ofrece salidas de medio día o día entero con guías naturalistas, caminatas costeras por la Bahía de las Ballenas y visitas a una colonia de lobos marinos. Tarifas, accesos y recomendaciones para esta temporada.

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Ignacio JerkovicTurismo · · lectura 3 min
A 50 kilómetros de Puerto Madryn, una estancia centenaria propone ver ballenas desde la costa y caminar la estepa

En pleno corazón de la Península Valdés, a 50 kilómetros de Puerto Madryn, la estancia Las Charas se presenta como una alternativa para quienes quieren avistar ballenas francas australes sin embarcarse en Puerto Pirámides y, al mismo tiempo, recorrer la estepa patagónica a pie, con el acompañamiento de guías naturalistas. La temporada alta coincide con la llegada de las ballenas, que se concentran entre junio y diciembre en el golfo Nuevo; según los registros que maneja el establecimiento, el grueso de los pasajeros llega en los meses de julio, agosto y septiembre, cuando la visibilidad de los cetáceos desde los acantilados resulta más estable.

Para llegar hay que transitar 50 kilómetros de asfalto desde Puerto Madryn y luego cinco kilómetros de camino de tierra hasta el casco. Guillermo Paats, encargado de la gestión turística de Las Charas, calcula entre 35 y 40 minutos de viaje para ese primer tramo, y unos 15 minutos adicionales de ripio consolidado. La advertencia más clara del guía para esta época es abrigarse en capas: la sensación térmica en la costa puede bajar varios grados respecto de Puerto Madryn, sobre todo cuando sopla el viento del sudoeste, que suele rolar entre 50 y 70 kilómetros por hora durante las tardes.

Dos modalidades para una jornada

La propuesta fuerte se llama Costa de Gigantes y está pensada como una salida de día completo, con observación desde tierra en la Bahía de las Ballenas, una caminata interpretativa por la costa y, como alternativa optativa, una navegación de avistaje embarcado en Puerto Pirámides. Paats señala que la salida arranca a las 8.30 y suele terminar cerca de las 16. El programa informado se extiende hasta el 15 de octubre. Las tarifas para esta modalidad son de 225.000 pesos para adultos y 185.000 para menores de 12 años, sin incluir la entrada al Área Natural Protegida de Península Valdés.

La navegación en Puerto Pirámides figura como opcional, con un valor de 195.000 pesos por adulto y un descuento del 50 por ciento para menores de 12 años. Esa opción, aclaran en el establecimiento, no contempla almuerzo.

La opción de media jornada: lobos marinos y té con vista al golfo

Para quienes prefieren una salida más corta, Las Charas ofrece una caminata de cuatro a cinco horas que recorre las huellas del campo hasta una colonia de lobos marinos de un pelo, observable durante todo el año. El recorrido llega a un sector de acantilados de aproximadamente 15 metros de altura, donde los animales se asolean y reproducen. Después de la caminata, la visita puede continuar en la casa principal, donde hay opciones para almorzar o tomar el té de arianera con vista al golfo Nuevo. Algunos tramos del sendero pueden presentar dificultades para personas con movilidad reducida, según advierte el propio establecimiento.

“La administración decidió retirar los alambrados que se usaban para dividir la hacienda y favorecer la recuperación de la vegetación autóctona. La estancia ya no esquila, no tiene ovejas, y eso cambió el paisaje: hoy se ven guanacos, choiques, zorros grises y, ocasionalmente, piches y peludos.”Guillermo Paats, encargado de gestión turística de Las Charas

La historia detrás del casco

La estancia fue fundada en 1924 y ocupa 7.328 hectáreas sobre la franja costera de Chubut. Hasta hace algunos años funcionó como establecimiento ovino; según cuenta Paats, la administración decidió retirar los alambrados que se usaban para dividir la hacienda y favorecer la recuperación de la vegetación autóctona. Hoy, asegura, la fauna que se cruza con más frecuencia está compuesta por guanacos, choiques, zorros grises y, ocasionalmente, piches y peludos. El casco conserva la casa principal de piedra, con sus dependencias originales, donde se sirven las meriendas y los almuerzos.

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