Cuando la grasa se va demasiado lejos: lo que el cuerpo empieza a perder sin que uno se dé cuenta
Especialistas consultados en Estados Unidos y en el Reino Unido coinciden en que reducir el porcentaje de tejido adiposo por debajo de ciertos umbrales puede comprometer la masa muscular, la salud ósea y el equilibrio hormonal, incluso en personas que entrenan con regularidad.
Acuario, San Telmo, una mañana cualquiera. Rubén, de 48 años, se para en la balanza de bioimpedancia del gimnasio y mira la pantalla como quien mira el resultado de la lotería. Esa mañana, el número que le obsesiona, el porcentaje de grasa corporal, había bajado otro punto. Rubén festejó con un emoji por mensaje, se sacó una selfie y siguió con su rutina. Lo que Rubén no sabe, y lo que muchos acá en la isla tampoco tenemos del todo claro, es que la grasa que con tanto esfuerzo achicamos no es un adorno que sobra: es un órgano que fabrica hormonas, guarda energía y hasta le avisa al cerebro cuánta nafta nos queda en el tanque. Por eso, cuando la llevamos demasiado abajo, el cuerpo empieza a ajustar solo, y no siempre para bien.
En un estudio reciente con más de setecientos deportistas, los niveles más bajos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que circula como ideal en las conversaciones de Whatsapp y en los posteos de Instagram. Lo contó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, tras revisar mediciones realizadas con densitometría DEXA, el método que mejor distingue entre grasa, músculo y hueso. Esa distancia entre el mito y la cifra real es, para nosotros, la primera pista de que algo no cierra en la idea de que menos siempre es más.
Un número aislado no cuenta toda la historia
Porque un porcentaje de grasa, mirado solo, dice bastante poco. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde se ubica esa grasa en el cuerpo. Una balanza de bioimpedancia puede cambiar el resultado según cuán hidratado esté uno esa mañana, y los pliegues cutáneos que toma un entrenador con un calibre dejan afuera la grasa que envuelve los órganos, justamente la que más se relaciona con problemas metabólicos. Por eso, antes de festejar un punto menos en la balanza, conviene mirar el conjunto y no quedarse con la foto del día.
- La grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos, es la que más riesgo trae, aunque el peso total no sea alto.
- El músculo entra en juego cuando falta energía: el cuerpo lo puede gastar como si fuera un extra.
- La leptina, una hormona que sale del tejido adiposo, le marca al cerebro cuánta reserva hay disponible.
“El problema aparece cuando esa reserva cae tanto que el cuerpo empieza a recortar funciones para ahorrar.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Lo que a mí, como lectora y como vecina de este barrio, más me hace ruido es lo que pasa cuando la restricción calórica se vuelve obsesiva. En los hombres, los niveles de testosterona pueden bajar junto con la energía y el rendimiento; en algunas deportistas, la grasa demasiado baja se asocia con irregularidades menstruales o directamente con la desaparición del período. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó un dato que a mí se me quedó grabado: tener pocas reservas también complica la respuesta del cuerpo frente a infecciones graves. O sea, no es un tema estético, es un tema de defensas.
Y acá viene la paradoja que más nos toca de cerca: el exceso tampoco es neutral, sobre todo cuando la grasa se deposita adentro, entre los órganos. Pero la obsesión por llegar a números de portada también empuja al cuerpo hacia el otro extremo, y lo hace en silencio, sin avisar. Rubén, después de la selfie, entrenó pierna. Nadie le dijo que, sin suficiente reserva, ese mismo músculo que él quiere marcar puede terminar siendo el combustible que el organismo usa para seguir adelante. Lo que uno espera, y creo que todos acá en la isla esperamos, es que la próxima vez que alguien se pare frente a una balanza piense en la salud un poco más y en la foto un poco menos.
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