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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuatro adolescentes bajo la lupa en Lomas de Zamora: cuando una foto de Instagram se convierte en pesadilla

Compañeros de un colegio secundario manipularon con inteligencia artificial imágenes de sus propias pares, las difundieron en grupos digitales y desataron una causa judicial que reaviva el debate sobre el daño psicológico que provoca el material falso. Las víctimas relataron asco, vergüenza y miedo; la investigación ya tiene cuatro menores apuntados y se realizaron allanamientos.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
Cuatro adolescentes bajo la lupa en Lomas de Zamora: cuando una foto de Instagram se convierte en pesadilla

La puerta del colegio amaneció con pasacalles y carteles hechos a mano. Eran las chicas, accompanied por sus familias, las que se plantaron para que nadie mirara para otro lado. La escena, acá en la isla bonaerense, se repite cada vez que el territorio digital se cruza con la vida real de los pibes y deja una huella que no se borra con un click. Esta vez, la historia empieza con una foto de perfil en una red social y termina con una causa judicial, cuatro adolescentes bajo la lupa y una pregunta que nos interpela como sociedad: hasta dónde nos responsabilizamos por lo que se hace con nuestra imagen en internet.

Lo que pasó dentro del aula y en los grupos de chat

Según reconstruyó la investigación, cuatro menores de un establecimiento secundario de Lomas de Zamora habrían tomado fotografías de redes sociales de sus propias compañeras para generar, mediante herramientas de inteligencia artificial, imágenes de contenido sexual inexistente. Esas imágenes, técnicamente falsas, se distribuyeron en grupos digitales y, según los indicios, también circularon por plataformas de mensajería. La causa avanza en el fuero de responsabilidad penal juvenil bajo la carátula de producción y distribución de material de abuso sexual infantil, conocida como MASI.

“Aunque sé que es falso, me da vergüenza.”Una de las adolescentes afectadas, en su testimonio ante la Justicia

Las víctimas –adolescentes como ellas– relataron sentimientos de asco, vergüenza y un miedo difuso pero constante: no saber hasta dónde llegó el material. Una de ellas contó que demoró en hablar con sus padres porque no quería que la vieran de esa manera, aun siendo consciente de que la imagen estaba manipulada. Otra, con la voz todavía temblorosa, resumió la incertidumbre que las atraviesa: creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.

El colegio, la respuesta institucional y la protesta que se viralizó

Cuando las chicas advirtieron lo que estaba ocurriendo, fueron ellas las que dieron el primer paso y se acercaron a la dirección. Sintieron, según relataron, que la respuesta institucional fue tardía y no estuvo a la altura del momento. Con el correr de los días, las autoridades organizaron jornadas de diálogo, los menores investigados pasaron a la modalidad virtual y la Justicia ordenó el cese de hostigamiento, además de solicitar medidas para evitar el contacto entre las partes involucradas.

  • Cuatro menores fueron identificados y son investigados por producción y distribución de MASI.
  • La Justicia ordenó allanamientos en el marco de la causa.
  • Los alumnos apuntados fueron separados del aula y cursan de manera virtual.
  • La escuela organizó jornadas de conversación con estudiantes y familias.
  • La protesta de las alumnas se viralizó y despertó testimonios de jóvenes de otros establecimientos que reconocieron haber vivido situaciones similares.

Las escenas de la manifestación frente al colegio recorrieron las redes y abrieron la puerta a un goteo de relatos de jóvenes de otras instituciones que reconocieron haber atravesado experiencias parecidas. Lo que parecía un caso aislado empezó a mostrar la punta de un fenómeno que nos toca de cerca: la frontera entre lo digital y lo cotidiano se volvió tan delgada que un filtro aplicado sobre una foto de Instagram puede provocar un estrago emocional tan profundo como el de una situación vivida en persona.

Cuando saber que es falso no alcanza para apagar el daño

El caso reaviva una discusión que nos atraviesa como comunidad: aunque las víctimas tengan la certeza técnica de que las imágenes no son reales, el impacto psicológico en ellas y en su entorno puede ser enorme. Especialistas consultados en otras oportunidades vienen señalando que la vergüenza, la sensación de vulnerabilidad y el miedo a la circulación descontrolada no se disipan con la constatación de la falsedad, porque lo que se lastima es la representación social de la persona, no sólo el archivo en sí.

Para los padres, los docentes y los equipos de orientación, el expediente deja preguntas concretas y pocas respuestas fáciles: qué hacer si un adolescente descubre que su imagen fue manipulada, cómo acompañar sin invadir, dónde denunciar cuando el agresor es un compañero de banco y qué responsabilidad les cabe a las plataformas que alojan este tipo de material. En el barrio, María, madre de una alumna del colegio, lo dijo con una frase que me quedó sonando: nosotros criamos a los pibes para el mundo real, y de golpe nos dimos cuenta de que el mundo real ya vive adentro de un teléfono.

Mientras la Justicia avanza con la investigación y las familias esperan que la causa no quede en la nada, lo que estas adolescentes esperan –y nos lo dijeron con una madurez que emociona– es que esto no se repita. Que ningún compañero tenga que volver a explicar, entre lágrimas, por qué una foto suya terminó convertida en algo que nunca eligió ser. Y que la escuela, la Justicia y nosotros, los adultos, estemos a la altura del dolor que una pantalla puede provocar.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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