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MAR, 20 OCT 2026
Economía

Diez cuadras de fila por cuarenta puestos: el rostro visible de la informalidad estructural en el sur del conurbano

Una distribuidora alimenticia de Ezeiza desbordó sus previsiones con una convocatoria que reflejó la fragilidad del mercado laboral argentino y la persistencia de ocupaciones sin registro, según los datos del INDEC.

FT
Federico TapiaEconomía y régimen industrial · · lectura 5 min
Diez cuadras de fila por cuarenta puestos: el rostro visible de la informalidad estructural en el sur del conurbano

Vamos a los números: una distribuidora alimenticia con base operativa en el sur del conurbano bonaerense publicó una convocatoria para cubrir alrededor de cuarenta vacantes y, antes de las ocho de la mañana, la fila de postulantes ya superaba las diez cuadras sobre la calle Reconquista, en la localidad de Ezeiza. La empresa, identificada como Cabaña Santa Marta, había anunciado la jornada de entrevistas a través de sus cuentas oficiales de Instagram y Facebook, por lo que la dinámica de inscripción combinó la viralidad propia de las plataformas digitales con la concurrencia física de cientos de personas que llegaron durante la madrugada. El episodio constituye, en sí mismo, un indicador categórico del estado de las expectativas laborales en la región y permite contrastar la demanda efectiva de empleo con las cifras agregadas que produce el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC, organismo oficial que mide la evolución de la actividad económica y social del país).

Un mercado laboral que no termina de formalizarse

Los datos correspondientes al segundo trimestre de 2026, divulgados por el INDEC, dan cuenta de que prácticamente la mitad de los puestos de trabajo del país se desarrollan todavía fuera del marco registral, una proporción que se mantuvo elevada cuando se la compara con el promedio nacional histórico y que, al mismo tiempo, configura un escenario particularmente adverso para los habitantes del conurbano sur, donde las tasas de desocupación y de subocupación tienden a ubicarse por encima de la media. En ese contexto, la convocatoria de Ezeiza no constituyó un hecho aislado ni excepcional, sino más bien la expresión visible de una dinámica estructural que atraviesa a la totalidad del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA, principal conglomerado urbano del país) y que afecta con mayor intensidad a los segmentos etarios más jóvenes.

Cuando se la compara con el mismo período del año anterior, la persistencia de elevados niveles de informalidad sugiere que la recuperación de los puestos registrados no ha logrado absorber todavía a un volumen significativo de trabajadores que permanecen fuera del sistema, mientras que la brecha entre los asalariados con descuento jubilatorio y aquellos que perciben ingresos sin aportes patronales ni sindicales continúa siendo uno de los rasgos distintivos del mercado de trabajo argentino. La empresa había solicitado a los postulantes la presentación de currículum impreso, documento de identidad y un formulario disponible en línea, aunque, ante la dificultad de acceso digital de parte de los concurrentes, decidió entregar copias en papel durante la espera, con el objetivo declarado de garantizar condiciones equivalentes de participación.

Los perfiles que esperaron bajo el frío

  • Jóvenes de 18, 19 y 20 años en busca de su primera inserción formal en el mercado laboral, varios de ellos sin secundario completo.
  • Trabajadores con experiencia previa en atención al cliente, cocina, construcción y comercio, que intentaban reinsertarse tras períodos de desocupación.
  • Personas con empleo vigente pero inestable, que procuraban acceder a un puesto registrado con cobertura de obra social (sistema de atención médica financiado por aportes patronales y personales) y aportes jubilatorios.
  • Ocupados informales con varios años de antigüedad sin aportes, cuyos ingresos nominales resultaban insuficientes para cubrir servicios, alimentos y gastos del hogar.

Varios de los asistentes relataron que la hilera comenzó a formarse durante la noche previa a la apertura de la convocatoria, y mencionaron procedencias tan diversas como Tristán Suárez, El Jagüel, Luis Guillón, Carlos Spegazzini y el partido de Esteban Echeverría, lo que ratifica la dimensión regional del fenómeno. Una joven que cursa la carrera de enfermería explicó que necesitaba generar ingresos para solventar sus estudios, en tanto que un postulante de dieciocho años, con antecedentes laborales en construcción, cocina y mecánica, manifestó que esperaba conseguir "la primera oportunidad en blanco", y agregó: "Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando." Las declaraciones, recogidas en el lugar, ilustran con singular elocuencia la distancia existente entre las trayectorias educativas incompletas y la posibilidad efectiva de acceder a un empleo con aportes.

También se acercaron personas que ya contaban con una ocupación remunerada, aunque carente de estabilidad. Un hombre de 41 años describió que se hallaba empleado pero buscaba "algo más estable", en tanto que una mujer con más de seis años de trabajo no registrado refirió que percibía alrededor de 600.000 pesos mensuales, abonaba la cobertura médica de su propio bolsillo y consideraba que el ingreso apenas le alcanzaba para hacer frente a sus necesidades elementales. Las pretensiones salariales declaradas por los postulantes oscilaron entre el salario mínimo vital y móvil (el piso legal fijado periódicamente por el Consejo del Salario) y montos cercanos a 1.200.000 pesos mensuales, una cifra que, traducida a términos de paridad adquisitiva, refleja tanto la erosión del poder de compra como la heterogeneidad de las expectativas individuales.

“Más que nada si no tenés el secundario completo o estás cursando.”Postulante de 18 años, con experiencia previa en construcción, cocina y mecánica

Por último, cabe señalar que el episodio dejó al descubierto la tensión existente entre la normativa laboral vigente y la urgencia económica de los hogares del conurbano sur. En la medida en que el Congreso avance con reformas orientadas a modificar el régimen de registración, el cálculo de aportes patronales o los esquemas de promoción industrial para PyMEs (pequeñas y medianas empresas, segmento al que pertenecen buena parte de las distribuidoras alimenticias del área), (el efecto neto sobre la demanda de empleo formal podría acentuarse o moderarse según el rumbo que adopten las nuevas reglas). Por ahora, las diez cuadras de fila en Ezeiza permanecen como una fotografía elocuente de las asimetrías que persisten en el mercado de trabajo argentino.

FT
Federico TapiaEconomía y régimen industrial

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