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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Digger: la nueva película de Iñárritu que incomoda y divide a la industria

Con Tom Cruise como protagonista y el teatro como excusa, el director mexicano vuelve a poner el dedo en la llaga de un arte que depende del dinero que dice denunciar.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 5 min
Digger: la nueva película de Iñárritu que incomoda y divide a la industria

“El arte verdadero necesita incomodar al que paga la entrada”, me dijo una vez un director de teatro independiente en Boedo, mientras tomábamos un café con leche en un bar de la esquina. Esa frase me vino a la memoria mientras leía todo lo que se está diciendo en los últimos días sobre Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu, que tiene a Tom Cruise como protagonista absoluto y que llega a las salas argentinas en un momento particular, porque lo hace en plena conversación sobre qué lugar ocupa hoy el cine de autor en un mundo dominado por las plataformas y por los presupuestos millonarios que, en teoría, son los enemigos de cualquier discurso crítico.

La sala donde tuve la oportunidad de ver el material de avanzada era una de esas salas de prensa pequeñas, con butacas de pana verde y un proyector que hacía un ruido a ventilador viejo, de esas donde uno se da cuenta de que el cine, antes de ser una industria, es un lugar físico, con olor a pochoclo y con esa luz que va bajando de a poco mientras el público todavía murmura sobre la película anterior. En ese contexto, Digger se presenta como una historia que arranca con una situación límite: un artista consolidado, interpretado por el astro de Misión Immer, acepta el dinero de un magnate para poder montar una obra de teatro que, en teoría, le va a permitir rescatar a su hija de una situación que el mismo poder económico contribuyó a generar, y acá es donde aparece la primera gran contradicción que la película pone sobre la mesa, porque el dinero que financia el arte termina siendo el mismo dinero que el arte quiere denunciar, y eso, lejos de resolverse, se va profundizando a lo largo de los ciento cuarenta minutos de metraje.

La sombra de Birdman y la decisión de romper con el plano secuencia

A mí, personalmente, me cuesta separar Digger de Birdman, la película que le valió a Iñárritu el Oscar a mejor película y mejor director en 2014, y eso no es casual, porque el director mexicano vuelve a poner el teatro como escenario central, vuelve a poner a una estrella de Hollywood enfrentada a sus propias inseguridades artísticas y vuelve a indagar en esa zona gris donde el ego creativo se cruza con la necesidad de validación del público y de la crítica. Lo que cambia, y esto es lo que a mí me parece más interesante, es el tono, porque donde Birdman tenía un final que se podía leer como una celebración casi excesiva del artista que se juega todo por su obra, Digger se permite terminar en un lugar más áspero, más incómodo, sin esas concesiones al optimismo que a veces le endulzaban el trago al espectador, y eso, les soy sincero, es algo que celebro, porque el cine de autor tiene que poder permitirse terminar mal si la historia lo pide, sin tener que responderle a ningún espectador.

  • El financiamiento privado como condicionante de las decisiones artísticas.
  • La relación entre el magnate que produce y el artista que denuncia ese mismo poder.
  • El público como espectador que aplaude la caída simbólica del poderoso sin asumir ningún costo real.
  • La industria del cine como sistema que necesita del dinero que dice criticar.
“¿El cine puede denunciar al dinero que lo financia sin volverse parte del problema?”Pregunta central que plantea Digger

Ahora, lo que también hay que decir es que esta apuesta más radical, más incómoda, más decididamente política en el peor sentido de la palabra, la posiciona mal de cara a la temporada de premios que se viene, y acá es donde la cuestión se vuelve más terrenal, más de oficina de publicity y de campaña en revistas especializadas, porque en los Oscar, en los Goya, en los Bafta, en los festivales grandes, suelen tener ventaja las películas que logran ese equilibrio entre la profundidad autoral y la masividad comercial, y Digger, con su ritmo pausado, con sus silencios largos, con sus diálogos que no le explican todo al espectador, claramente no va a ser ese tipo de película que enganche al público que va a ver el último blockbuster de superhéroes un sábado a la noche, y eso, lejos de ser un defecto, es una declaración de principios del director y de todo el equipo que lo acompaña.

La gran variable que puede cambiar ese cálculo, a mi entender, es la actuación de Tom Cruise, porque si hay algo que el actor estadounidense sabe hacer bien, y esto lo demostró a lo largo de cuarenta años de carrera, es justamente cargar sobre sus hombros el peso de una película y sostenerla cuando el guión flaquea o cuando la dirección se pone densa, y en este caso, por lo que se pudo ver en el material, Cruise se anima a un registro más contenido, más vulnerable, más lejos de esos papeles de acción que lo convirtieron en una de las estrellas más grandes de la historia del cine, y eso, si la Academia lo reconoce, puede ser la llave que abra las puertas de las nominaciones, aunque claro, la Academia es la Academia y nunca se sabe bien por dónde le van a entrar las ganas de premiar a alguien.

Para ir cerrando, les cuento que Digger se proyecta en las salas de cine argentino desde este jueves, en funciones que arrancan a las 14, 17, 20 y 22.30 horas, con entradas que van de los 8.000 a los 12.000 pesos dependiendo de la sala y del día, y la pueden encontrar en los complejos tradicionales de la calle Lavalle en pleno centro porteño, en los multicines de los shoppings de Avellaneda y de Pilar, y también en algunas salas independientes de los barrios de Palermo, San Telmo y Belgrano, que suelen ser las que mejor le sientan a este tipo de propuestas. Si les gusta el cine que se hace preguntas incómodas, si les gusta el teatro visto desde adentro, si les gusta ver a Cruise en un registro distinto al que nos tiene acostumbrados, dense el gusto y vayan, porque oportunidades como esta, de que un director de ese calibre se anime a hacer una película así en este contexto de la industria, no se dan todos los años, y mucho menos en esta época del año.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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