El botón de la farmacia del barrio quedó casi sin stock y hay vecinos que ya se preguntan cómo van a hacer
El programa nacional Remediar pasó de repartir 128 medicamentos a apenas seis, todos para el corazón. Antibióticos, jarabes para los chicos y la medicación para diabéticos dejaron de llegar a los centros de atención primaria. Para miles de personas sin obra social, la salida más cercana se aleja.
Acá en la isla lo cuentan los mismos vecinos de toda la vida, los que viven yendo al dispensario del barrio cada vez que se les descompensa la presión, cuando el nene tiene fiebre o cuando al abuelo le duelen las rodillas. Esta mañana, una de esas puertas amaneció con un listado recortado a la mitad de lo que tenía hace apenas un año, y varias estanterías directamente vacías. Es que el programa Remediar, ese que durante más de dos décadas fue la columna vertebral de los centros de atención primaria en todo el país, hoy reparte apenas seis medicamentos. Antes eran 128.
Para entender el tamaño del cambio, alcanza con mirar lo que faltaba esta semana en la góndola: antibióticos, antiinflamatorios, jarabes pediátricos, vitaminas y la medicación que durante años usaron los pacientes diabéticos que se controlan en los dispensarios públicos. La tijera dejó afuera casi todo lo que se usa todos los días en una consulta de barrio, y dejó adentro solamente fármacos ligados a patologías cardiovasculares.
Lo que dejó de llegar a los centros de salud
- Antibióticos de uso ambulatorio.
- Antiinflamatorios y analgésicos comunes.
- Jarabes pediátricos.
- Vitaminas y suplementos.
- Medicación habitual para personas con diabetes.
- Los únicos seis que siguen repartiéndose son los vinculados a tratamientos cardiovasculares.
Lo que más preocupa no es solamente lo que falta en la farmacia del centro de salud, sino lo que esa falta va a empujar hacia adelante. Nosotros los vemos cada vez que hablamos con la gente: hoy un paciente con una infección urinaria resolvía su tratamiento en el dispensario de la esquina, en quince minutos, con su receta y su cajita de pastillas. A partir de ahora, esa misma persona va a tener que pensar cómo viaja hasta el hospital público más cercano, pedir turno, esperar la fila y recién ahí conseguir lo que necesita. Para el que tiene obra social y prepaga, el tema se resuelve con una orden por la app. Para el que vive del plan y del trabajo informal, es otra cosa.
“Desde hace tres años esta parte ha sido cercenada y restringida en forma permanente hasta llegar a este momento. Seguramente va a haber un colapso respecto a ese tema.”Gustavo Klein, secretario de Salud de Córdoba
Klein, que es nada menos que el secretario de Salud de una provincia grande como Córdoba, describió sin rodeos el escenario que viene. Lo dijo como advertencia, pero también como lectura de lo que ya se está empezando a notar en los consultorios del primer nivel. Los hospitales provinciales tienen su propia farmacia y siguen funcionando, reconoció, pero aclaró que absorber el caudal de consultas que antes resolvían los centros primarios es una cuenta que no termina de cerrar. Y agregó que Córdoba está gestionando una reunión formal con las autoridades sanitarias nacionales para discutir el recorte. En los últimos COFESA, la posición del Gobierno nacional fue que el programa debía concentrarse exclusivamente en patologías cardiovasculares.
En el barrio la traducción es todavía más cruda. Marta, que atiende la cooperadora del dispensario de siempre, lo resume en una frase: "Ahora si se te decae el pibe con fiebre, el centro no te da nada y te mandan al hospital, y al hospital vas a tardar el triple". Es el trayecto cotidiano de miles de familias que hasta hace poco resolvían todo en la cuadra de su casa. Lo que la gente espera que pase es que alguien se siente a la mesa y revise esta decisión con la vara bien alta, porque acá la salud no es un dato estadístico, es lo que pasa un martes a las nueve de la mañana en el barrio.
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