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MAR, 20 OCT 2026
Economía

El changuito se encoge: las ventas en supermercados suman quince meses en rojo y la basicación gana la góndola

La caída interanual ronda el 4% en volumen y agosto cerró con un retroceso del 3,3%. Consumidores que no migran a otros formatos, locales que bajan sus persianas y un ticket cada vez más concentrado en lo indispensable.

DG
Diego GallardoCarbón y energía · · lectura 3 min
El changuito se encoge: las ventas en supermercados suman quince meses en rojo y la basicación gana la góndola

Las ventas en supermercados acumulan más de un año de caída ininterrumpida y la tendencia no encuentra piso. El retroceso interanual ronda el 4% en volumen y el último dato disponible, correspondiente a agosto, marcó una contracción del 3,3%. El 2025 había cerrado con una baja del 5,2%, de modo que la sangría se prolonga mes tras mes en las bocas de expendio que durante décadas fueron el termómetro más fiable del consumo masivo argentino.

Lo que vuelve distinto a este ciclo respecto de las crisis anteriores es el comportamiento del comprador. En el 2001 y el 2002 buena parte de la clientela se volcó a los autoservicios barriales, que ganaron terreno a costa de las grandes cadenas. Esta vez no hay migración: según Juan Vasco Martínez, director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), el consumidor directamente deja de comprar. "El consumidor ya no se va a ningún lado; directamente compra menos", resumió el directivo. La retracción golpea por igual a hipermercados, supermercados y formatos de proximidad.

Un mapa desparejo y locales que cierran

El golpe no es uniforme en el territorio. El Gran Buenos Aires, el Gran Córdoba, el Gran Rosario y Mendoza aparecen como las plazas más complicadas, mientras que Añelo, en Neuquén, y varias localidades del interior agrícola muestran un desempeño menos adverso, impulsadas por la dinámica de la energía y del campo.

La caída ya dejó huellas en la red comercial: cerraron locales, algunas cadenas discontinuaron formatos de proximidad y otras recortaron presencia en determinadas regiones. El impacto se concentra con especial crudeza en los segmentos de menores ingresos, donde la merma del consumo se traslada de manera directa a los volúmenes vendidos y, finalmente, a los números rojos de las empresas proveedoras y de los propios supermercados.

Qué se lleva el consumidor al changuito

El cambio más visible está en el interior del carrito. Martínez describe el fenómeno como una primarización de la compra: el gasto se vuelca hacia los productos esenciales y se retrae en todo lo que el consumidor considera prescindible. En las góndolas de lácteos, por caso, los productos de mayor valor pierden espacio de exhibición porque rotan menos, lo que también complica a los fabricantes, atados a la necesidad de sostener volúmenes mínimos de producción para no resignar eficiencia.

El comercio electrónico no alcanza para compensar el retroceso presencial. Las ventas por plataformas digitales representan menos del 5% del consumo masivo -alimentos, bebidas, limpieza, perfumería y cuidado personal-, y parte de esas operaciones corresponden a compras que terminan realizando los propios trabajadores de las plataformas dentro de los locales. Aun sumando el canal digital al físico, el balance global sigue teñido de rojo.

Productos importados, importados que no se venden

  • Las importaciones de bienes de consumo masivo, entre ellos alimentos, cayeron de manera pronunciada en los últimos meses.
  • La retracción se explica por la combinación de menor demanda interna y las restricciones vigentes para acceder al mercado oficial de cambios.
  • Varias cadenas dejaron de pedir productos importados porque el ritmo de venta no justifica mantenerlos en góndola.
  • Para los proveedores, el achicamiento del portafolio importado reduce opciones de diferenciación en categorías donde la basicación ya hizo gran parte del trabajo.

La basicación del changuito es, a esta altura, la postal más elocuente de una economía que sigue sin recuperar poder de compra. El gobierno nacional había prometido, en más de una oportunidad, que la salida de la crisis se iba a notar primero en las góndolas; lo cierto es que, por ahora, lo único que se nota es la caída libre del consumo y el cierre silencioso de locales en los barrios que más necesitan que ese dinero circule.

La pregunta que sobrevuela cada vez que se publica un nuevo informe de ASU es la misma y nadie, en Buenos Aires, se anima a responderla en voz alta: hasta cuándo seguirá achicándose el changuito de los argentinos antes de que la política económica decida, de una buena vez, ocuparse del bolsillo de a pie.

DG
Diego GallardoCarbón y energía

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