Saltar al contenido
Sur Extremo NoticiasSur Extremo Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.530,00 -0,33%Dólar blue $1.545,00 -0,32%Dólar MEP $1.538,80 -0,06%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

El reloj biológico de un joven argentino se cuela en un experimento británico que reabre la pelea por ser padre

Un paciente de 19 años recibió en agosto de 2026 un trasplante de su propio tejido testicular, conservado desde 2023 antes de una quimioterapia de alta intensidad. El procedimiento, experimental y primero de este tipo en el Reino Unido, busca determinar si las células preservadas pueden retomar la producción de espermatozoides. Los médicos analizarán los resultados dentro de ocho meses.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
El reloj biológico de un joven argentino se cuela en un experimento británico que reabre la pelea por ser padre

Acá en la isla, mientras la mañana todavía se acomoda sobre el puerto y el ruido de las lanchas va y viene, una noticia que llegó de Edinburgh me dejó clavado frente al mate: un pibe de diecinueve años, que ya sabe lo que es mirar de frente un diagnóstico y un trasplante de médula ósea, aceptó hace poco que le reimplantaran en el escroto un pedacito de su propio tejido testicular, guardado desde el 2023 como quien guarda una semilla en un cajón, con la ilusión de que ese gesto, todavía experimental, le devuelva la posibilidad de ser padre. La intervención se hizo en agosto de este 2026, en un hospital del NHS Lothian, y la ejecuta un equipo mixto de médicos y científicos de la Universidad de Edimburgo que en los próximos ocho meses va a estar mirando con lupa si la jugada funciona o si la biología, otra vez, les gana.

El nombre del paciente no trascendió, y está bien que así sea. Lo que sí se sabe, y eso es lo que duele, es que cuando tenía dieciséis le detectaron un trastorno sanguíneo lo bastante grave como para obligarlo a un trasplante de médula ósea. Antes de meterse en esa quimioterapia de altísimas dosis, que en muchos casos borra para siempre la fertilidad, los médicos le propusieron congelar una muestra de tejido testicular. Tres años después, los análisis confirmaron que no producía espermatozoides. Ahí apareció la idea del reimplante, una técnica que en otras partes del mundo todavía se cuenta con los dedos de una mano.

Una apuesta que combina congelar, esperar y rezar

El tejido testicular guarda unas células llamadas espermatogonias, que son como las células madre de los espermatozoides: a partir de la pubertad, si todo va bien, se van dividiendo y madurando hasta dar los espermatozoides que conocemos. La hipótesis del ensayo es que, después de años en un congelador a casi doscientos grados bajo cero, esas células puedan volver a activarse cuando se las reimplanta en el mismo organismo. No es magia ni es certeza: es una prueba, y como toda prueba puede fallar. Rod Mitchell, profesor de endocrinología del desarrollo en la Universidad de Edimburgo y uno de los responsables del equipo, fue bastante claro al decirlo: la técnica todavía tiene que demostrar que permite obtener espermatozoides y, después, embarazos que terminen en nacimientos sanos, todo en serie y sin sorpresas.

“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, en diálogo con el equipo médico

Lo que viene ahora es una espera larga, y mientras tanto el protocolo manda. A los ocho meses del trasplante, los médicos retirarán un trocito del tejido reimplantado para mirar al microscopio si apareció algo que se parezca a espermatogénesis. Si aparecen espermatozoides, falta otra prueba: que sean capaces de fecundar un óvulo en un laboratorio de reproducción asistida. Y como el paciente tuvo cáncer, hay un paso extra, y no menor: descartar, con histología, con inmunohistoquímica y con marcadores moleculares, que en el tejido reimplantado no se haya colado ninguna célula maligna que termine haciendo un desastre.

Una referencia belga y una ley argentina que también juega

  • En Bélgica ya se hizo un ensayo previo: un hombre de 27 años, al que le habían congelado tejido testicular cuando tenía 10, produjo espermatozoides maduros después de reimplantar los fragmentos dieciséis años más tarde. Hasta ahora no se informó de una fecundación ni de un nacimiento con ese material.
  • En Argentina, la Ley 26.862 incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, lo que en la práctica habilita a los equipos locales a discutir este tipo de estrategias con pacientes oncológicos.
  • Para los especialistas en fertilidad, la gran pregunta no es solo si el reimplante devuelve espermatozoides, sino si lo hace en la cantidad y con la calidad necesarias para pensar en un embarazo, y si el procedimiento podrá repetirse en más pacientes sin nuevos sobresaltos.

Mientras el equipo de Edimburgo espera los primeros datos, lo que a mí, como a tantos vecinos con los que uno se cruza en la verdulería o en la parada del colectivo, me queda dando vueltas es la expectativa de ese pibe al que le devolvieron, aunque sea por unas semanas, una cuota de futuro. Todavía no hay resultado, todavía no hay espermatozoide en la placa, todavía no hay embarazo ni llanto de recién nacido en una sala que todavía no existe. Lo que hay es un muchacho que, hace poco más de un mes, se prestó a una intervención que todavía no tiene garantias y que en unos meses va a mirar de frente el resultado. Uno, acá en la isla, no puede hacer otra cosa que cruzar los dedos junto con él.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo