Huracán le cortó el envión a River en el Monumental y se llevó tres puntos que valen doble
El Globo ganó 2-1 con goles de Cortés y Blondel, apagó la racha de tres victorias consecutivas del Millonario y se prende en la pelea por la clasificación al Clausura. Almada y Andrada, lesionados.
Seis grados en la Ciudad de Buenos Aires, un Monumental que vibraba como estufa recién enchufada y un Huracán que llegó a apagar el fuego. River venía con tres alegrías seguidas, la calentita de Banfield, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán, pero este sábado se quedó con las manos frías. El Globo se impuso 2-1 en Núñez por la décima fecha del Torneo Clausura y le arruinó la sobremesa al equipo de Ponzio.
Para colmo, el local terminó la noche con dos bajas que duelen: Thiago Almada, reemplazado por Lucas Beltrán, y Tobías Andrada, el pibe de 19 años que había sido citado ese mismo día a la selección mayor. Se prendió la luz roja en el banco millonario y el resultado pasó a ser un daño colateral.
Un primer tiempo con sello de golazos silenciosos
Óscar Cortés clavó el 1-0 con un tiro libre desde la izquierda que picó en el área y entró junto al segundo palo, sin que nadie lo tocara. Como factura de sábado a la madrugada: caliente, sin pedir permiso. Después, Galíndez se vistió de arquero de selección y tapó lo que le tiraron, incluido un remate de Driussi y un tiro libre de Correa.
El complemento: River empujó, Huracán liquidó
Driussi gritó el empate transitorio, pero se lo anularon por offside. Después llegó la volea de Tomás Galván, que recibió un pase hacia el centro y la mandó a guardar sin tocarla casi. Cuando River se venía con todo, Cortés habilitó a Blondel y el lateral definió bajo y cruzado. El Globo se fue a su casa con la segunda victoria al hilo, después de superar a Racing, y dejó al Millonario sin respuestas en casa, donde no le gana a Huracán desde 2016.
Lo del equipo de Martínez fue de manual: línea de cinco mediocampistas, Jordy Caicedo como referencia arriba y la paciencia de esperar la contra. Lo de River, en cambio, fue el partido del que da bronca al día siguiente. Manejó la pelota, sí, pero le faltó filo, ese cuchillo que no aparece cuando el Monumental lo empuja. Veremos si Ponzio encuentra la fórmula antes del próximo cruce, porque así no se sostiene ninguna racha.
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