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MAR, 20 OCT 2026
Entretenimiento

La despedida íntima de Jimena, la hija del meteorólogo que se despidió en una carta que sacudió a todos

A 48 horas de la muerte de Fernando Confessore, su hija menor publicó en Instagram un mensaje cargado de detalles domésticos y de la crudeza de los minutos en los que intentaron salvarlo. Las hermanas y la esposa encabezan el dolor de una familia que eligió hablar en público.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 5 min
La despedida íntima de Jimena, la hija del meteorólogo que se despidió en una carta que sacudió a todos

A mí siempre me pasó algo raro con la meteorología que se ve en la televisión: una la mira de reojo mientras hace zapping, se queda con el dato del día siguiente y, sin embargo, cuando el hombre del tiempo se va del mapa uno lo extraña como si fuera alguien de la casa. Eso me pasó cuando me enteré de la muerte de Fernando Confessore, a los 58 años, en la madrugada del 16 de octubre, a raíz de un paro cardíaco en su domicilio. Su esposa, Paula Franco, alcanzó a llamar al 911 y el personal del SAME llegó hasta el lugar para intentar las maniobras de reanimación cardiopulmonar, pero no hubo caso. A los pibes que el tema los agarra lejos, vale la pena aclararlo: Confessore era una de esas caras que aparecían en la pantalla asociada al clima, muy conocido del público argentino, y su partida generó un repercusero poco habitual.

La carta que apareció el domingo

Lo que terminó de conmover a su círculo y a los lectores digitales fue el mensaje que su hija menor, Jimena, eligió publicar en su cuenta de Instagram apenas dos jornadas después del fallecimiento. Lo acompañó con un álbum de fotos familiares y con un arranque que transmite ese tipo de shock que uno reconoce cuando le toca leerlo: "Tardé en escribirte porque todavía no podía creer lo que había pasado. No caía en que era real, en que te habías ido". A mí, particularmente, ese tipo de primeras líneas me golpean porque desnudan la lógica con la que funciona el duelo digital: uno lee, comparte, y del otro lado hay alguien que todavía no procesó del todo lo que le está pasando.

El momento en que se cayó el mundo

“Mientras los médicos y los policías te asistían, yo tenía la fe en que ibas a volver, en que todo iba a estar bien. Pero no despertaste, y fue ahí cuando todo mi mundo se derrumbó.”Jimena Confessore, hija del meteorólogo

El párrafo más crudo del texto es, justamente, el que describe los minutos previos a la confirmación. Jimena escribe sobre la escena con la que cualquier familia convive en una urgencia doméstica: personal médico y policial en el living, la casa convertida en pasillo de hospital, y afuera, en la calle, esa madrugada que parece estirarse hasta que alguien dice la palabra definitiva. Es uno de esos tramos que uno lee dos veces por la forma en que está escrito, con la fe intacta hasta último momento y, después, el derrumbe. Esa estructura es la que le da a la carta una lectura muy humana, lejos de cualquier tono institucional.

Después la hija se detiene en lo cotidiano, que es donde se nota la mano de alguien que sabe que lo más delicado de un padre no se cuenta en los grandes hitos sino en los gestos de cada día. "Tu humor, tus enojos, tus locuras, tus comidas, tus quejas, tus asados... TODO, y no hay nada que pueda llenar el vacío que dejaste", escribió, en una enumeración que sirve para retratar al padre más cabalmente que cualquier currículum. Me parece un detalle muy argentino lo de cerrar el listado con el asado, porque termina de redondear al tipo de hombre que muchos vieron durante años en la pantalla: de buen carácter, de mesa larga, de casa abierta.

La familia que queda y la promesa entre hermanas

Hay un tramo del texto que vale la pena leerlo en voz alta, porque condensa el modo en que esta familia se está acomodando a la ausencia. "Quedate tranquilo, pa, que nosotras vamos a cuidar de mamá por vos", le escribió Jimena a su padre. Es una frase que uno la imagina dicha de madrugada, en off, después de algún pésame, en esa cocina donde probablemente se sigan haciendo los asados que el propio Fernando extrañaba. Y a mí me parece que ese es el corazón de la carta: la decisión de no caerse, de ordenar la tropa entre hermanas y de sostener a la madre en primer plano, antes que cualquier declaración pública.

El cierre que se lee como un abrazo

“Te voy a amar eternamente, pa. Gracias por todo lo que nos diste, por todo lo que fuiste y por haber sido mi papá. Ojalá pudiera abrazarte una vez más y decirte cuánto te amo. Te voy a extrañar toda la vida.”Jimena Confessore, hija del meteorólogo

Lo que sigue a esa última línea es lo de siempre en estos casos: una fila de comentarios con emojis -que acá no transcribo porque el espacio no los aloja- y mensajes de colegas, amigos y seguidores que dejaron sus condolencias debajo del posteo. Las hermanas Julieta y Candela también dejaron sus propias palabras en la misma publicación, en un ida y vuelta público que terminó funcionando como una especie de velatorio digital. Porque algo que tenemos que discutir, como sociedad, es cómo se transformaron estas despedidas: ya no alcanza con el salón, con el café y con el pésame en la puerta; ahora también hay un Instagram abierto donde la familia elige qué contar y qué cuidar.

A mí me queda dando vueltas una imagen muy concreta: la de una hija escribiendo de madrugada, de a poco, mientras mira fotos viejas del padre que la pantalla mostró durante años contando si al otro día llovía o hacía calor. Por eso, antes de cerrar, me parece justo abrirle el juego a los lectores: ¿a ustedes se les ocurre algún momento puntual de Confessore en la pantalla que se les haya quedado grabado, alguna marca de estilo, un modo de dar el pronóstico que todavía recuerdan? Lo pregunto porque estos días se construye, también con la memoria del público, el lugar que va a ocupar un comunicador que se fue demasiado pronto. Y me parece que esa memoria compartida vale mucho más de lo que parece.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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