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VIE, 16 OCT 2026
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La momia de 1999: cuando Brendan Fraser y Rachel Weisz desenterraron una trilogía que todavía da charla

Stephen Sommers rearmó el monstruo clásico de Universal en clave de aventura, terror y romance, y dejó una saga que se estiró hasta 2008 con El regreso de la momia y La tumba del emperador Dragón.

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Sofía ParedesCultura y espectáculos · · lectura 3 min
La momia de 1999: cuando Brendan Fraser y Rachel Weisz desenterraron una trilogía que todavía da charla

Lo confieso: si me preguntan por una película para una noche de sofá, La momia siempre aparece en la lista. Y no es nostalgia gratuita: es que la película de Stephen Sommers que llegó a los cines en 1999 tiene esa combinación rara que uno no ve seguido, una mezcla de arenas egipcias, sustos de manual, comedia física a lo Brendan Fraser y un romance que, sin hacer ruido, se va metiendo debajo de la piel mientras la maldición hace de las suyas. Es la clase de aventura que uno vuelve a ver y termina disfrutando como si fuera la primera vez, con los ojos bien abiertos y una sonrisa que no puede disimular.

La historia arranca con una expedición a las ruinas de Hamunaptra, la ciudad de los muertos, perdón, la mítica ciudad de los muertos. Hasta allí llegan Rick O'Connell, un aventurero con más suerte que presupuesto interpretado por Fraser, y Evelyn Carnahan, una egiptóloga despistada y entrañable a cargo de Rachel Weisz. Los dos buscan vestigios que cambien lo que se sabe del antiguo Egipto. Lo que terminan encontrando es la tumba de Imhotep, un sacerdote sepultado bajo una maldición milenaria, y a partir de ahí lo que era una excavación se convierte en una carrera contra algo que no debería estar vivo.

Una trilogía que se estiró nueve años

  • La momia (1999): la presentación de Rick y Evelyn, el despertar de Imhotep y el nacimiento del mito moderno.
  • El regreso de la momia (2001): los protagonistas ya son familia y la amenaza vuelve a cruzar el desierto en busca del brazalete de Anck-Su-Namun.
  • La momia: La tumba del emperador Dragón (2008): cambio de elenco, con Brendan Fraser de vuelta como Rick, pero con un villano nuevo y una historia que se corre del Egipto clásico hacia China.

Visto en conjunto, el recorrido de las tres películas funciona como una pequeña cápsula del tiempo: arranca a fines de los noventa, con ese cine de aventuras que miraba de reojo a Indiana Jones sin pedirle permiso, y se cierra en 2008, cuando el género ya había mutado varias veces. Sommers recogió al monstruo clásico del cine de terror de Universal y lo rearmó como protagonista de una aventura, no como una simple criatura de pasillo. El terror está, claro, pero comparte cartel con las escenas de acción, con los enredos entre tumbas, con el humor de Fraser y con la química de una pareja que, sin proponérselo, se fue ganando un lugar en el corazón del público.

Hay algo de Indiana Jones en la puesta, es cierto, pero La momia tiene su propia voz: el vínculo entre Rick y Evelyn es lo que termina sosteniendo la historia cuando los efectos especiales envejecen. Ella sabe de jeroglíficos, él sabe de tirar palancas. Los dos, sin embargo, comparten lo más importante, que es una obstinación de aquellos que no dan el brazo a torcer aunque el mundo se les caiga encima. Esa pareja improbable es la que uno termina extrañando cuando la pantalla se oscurece, y es también la razón por la que uno vuelve, una y otra vez, a apretar play.

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Sofía ParedesCultura y espectáculos

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