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VIE, 16 OCT 2026
Vida

La suela del zapato entra a la casa sin pedir permiso: qué se trae y cómo frenarlo

Polvo con metales, restos de pesticidas, polen y bacterias viajan en el calzado desde la vereda hasta el living. Especialistas de la Cleveland Clinic recomiendan dejar un sector junto a la puerta, sumar una alfombra y limpiar los pisos en húmedo para acotar el ingreso de contaminantes, sobre todo donde hay chicos que aún se llevan todo a la boca.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
La suela del zapato entra a la casa sin pedir permiso: qué se trae y cómo frenarlo

Me abre la puerta Daniel, de Boedo, en ojotas y con un trapo de piso en la mano. Acá en la isla, me dice, hace años que dejamos los zapatos en un cantero chico de la entrada, casi sin pensarlo, y desde entonces vivimos discutiendo con mi señora por el piso. Yo le cuento que no está tan loco: lo que él hace sin saberlo es justo lo que vienen recomendando hace rato los especialistas en calidad de aire interior. Las suelas de los zapatos, después de pisar veredas, baños públicos, colectivos o el jardín de la esquina, se cargan de tierra, restos orgánicos y un surtido de sustancias químicas que después se reparten por toda la casa, sin que uno se dé cuenta.

Un médico internista de la Cleveland Clinic, Daniel Sullivan, lo explica con una frase que se repite en cada charla que da sobre el tema: lo que se pega en la suela termina tarde o temprano flotando en el aire de adentro. La recomendación concreta es simple y barata: armar un lugar fijo junto a la puerta para dejar el calzado, colocar una alfombra en el ingreso y limpiar los pisos con métodos húmedos, o sea pasarles trapo o mopa húmeda en vez de barrer en seco, que lo único que hace es levantar el polvo y volver a tirarlo al ambiente.

Qué puede traer el zapato cuando vuelve a casa

La lista no es corta ni tranquilizadora. Entre los compuestos que se identificaron en investigaciones figuran los PFAS, sustancias que se hacen famosas por lo difícil que es sacarlas del cuerpo y del ambiente una vez que entran. También aparece polvo con plomo, un metal pesado que puede dañar el cerebro, el sistema nervioso y otros órganos, sobre todo en los chicos más chicos, que son los que todavía juegan sentados en el piso y se llevan las manos a la boca cada dos minutos. A eso se suman restos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas, aunque uno no los haya aplicado nunca en su propio jardín, porque el pie los levanta igual de las veredas, los espacios verdes vecinos o las plazas. Y, como si fuera poco, también viaja polen, lo que explica por qué a veces los síntomas de alergia aparecen sin que haya plantas a la vista.

  • Polvo con plomo, arsénico, cromo y níquel, metales que se asocian a casas más antiguas y a entornos con jardines.
  • Restos de fertilizantes, insecticidas y pesticidas que se pegan en la suela aunque no se usen en la casa propia.
  • PFAS, sustancias químicas de larga persistencia en el ambiente y en el organismo.
  • Polen, un disparador clásico de alergias respiratorias.
  • Bacterias y restos orgánicos, que están, aunque su presencia no equivale automáticamente a una infección.

Un estudio que revisó datos del programa DustSafe, juntados en 35 países, encontró arsénico, cromo y níquel en polvo de viviendas y vio una relación bastante clara entre las casas más viejas y concentraciones más altas de plomo y arsénico. También notó que tener acceso a un jardín se vinculaba con niveles más elevados de esos dos elementos. Es un dato que a nosotros, los que vivimos en casas antiguas de Buenos Aires con patio al fondo, nos tiene que hacer pensar dos veces antes de barrer el comedor en seco como si nada.

Una punta para los que necesitan otro par adentro

Sullivan deja un consejo que sirve especialmente para gente grande o para quien camina con alguna dificultad: tener un par reservado para usar dentro de la casa. No es un capricho estético, aclara, sino una forma de sostener la estabilidad, la tracción y el apoyo que a veces se necesitan para no caerse. De ese modo, el calzado que sale a la calle se queda con el calzado que sale a la calle, y el de adentro se mantiene más limpio y más parejo para el uso cotidiano.

Retirar el calzado en la entrada reduce una de las vías principales por las que esos contaminantes se meten en el living, el comedor o el dormitorio, pero no las elimina del todo, y eso conviene tenerlo claro para no vivir con paranoia. El paso siguiente, y acá Daniel vuelve a sacudir el trapo de piso, es mantener la limpieza húmeda, ventilar los ambientes y, en lo posible, evitar que los más chicos jueguen el piso recién barrido. La idea, me dice mientras me despide en la puerta, es no demonizar al zapato sino entender que cada vez que entra, entra con invitados. Lo que uno haga en esa frontera mínima entre la calle y la casa marca la diferencia entre vivir respirando polvo o no. Ahora, nosotros esperamos que la próxima vez que alguien nos visite y pregunte dónde se saca los zapatos, la respuesta en cada casa argentina sea la misma: acá en la isla, en la entrada, antes de pisar.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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