Saltar al contenido
Sur Extremo NoticiasSur Extremo Noticias ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 0,00%Dólar blue $1.555,00 +0,32%Dólar MEP $1.537,30 -0,16%Riesgo país 622 pb +1,80%
VIE, 16 OCT 2026
Vida

Lo que se sirve al lado del huevo cambia la suerte del plato entero

Verduras, avena, palta o papa con piel pueden convertir una preparación cotidiana en una aliada del corazón. Qué dicen la OMS y Harvard sobre la sal, el colesterol y las grasas, y por qué el acompañamiento pesa tanto como el huevo mismo.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 4 min
Lo que se sirve al lado del huevo cambia la suerte del plato entero

Acá en la isla, más de uno arranca el día con un par de huevos en la sartén y, al rato, ya está untando manteca en el pan o cortando un generoso fajo de fiambre para completar el plato. La escena se repite en cocinas de toda clase social y, sin embargo, muy pocas veces reparamos en que el verdadero protagonista de esa comida no es tanto el huevo como lo que se le pone al lado. Porque una cosa es el huevo solo, y otra muy distinta es el huevo con su compañía: y ahí es donde se juega buena parte de la salud del corazón, la presión arterial y hasta los números de colesterol que tanto nos obsesionan cuando llega el turno del análisis de sangre.

La verdura y la fibra como escudo contra la sal

Yo lo escuché de boca de Marta, del barrio de San Telmo, mientras esperábamos el colectivo: «Yo al huevo le pongo siempre espinaca y papa con cáscara, porque me lo dijo la nutricionista y porque, si no, me parece que como cualquier cosa». La frase de Marta, sin saberlo, resume una de las recomendaciones más firmes que hoy repiten los organismos sanitarios. Hervir, cocinar al vapor o llevar al horno las verduras, y darles sabor con hierbas, especias o unas gotas de limón, permite sumar potasio y fibra sin necesidad de abusar del salero. La papa con piel y la espinaca, por caso, aportan ambos nutrientes y evitan recurrir a salsas procesadas que suelen venir cargadas de sodio.

El potasio no está ahí de adorno: cumple una función complementaria al control de la sal, porque favorece la eliminación de sodio por los riñones y ayuda a relajar las paredes de las arterias. La propia Organización Mundial de la Salud viene señalando que el consumo elevado de sal aumenta la retención de agua en la circulación y, con ella, la presión arterial. Por eso, sumar vegetales frescos y moderar el sodio son decisiones que caminan de la mano y que, en los papeles, pesan tanto como cualquier medicamento para la hipertensión.

El colesterol: mirar el plato completo, no solo la yema

Ahora bien, cuando el tema pasa al colesterol, la cosa se matiza. La Escuela de Salud Pública de Harvard sostiene que el colesterol presente en la yema tiene un impacto reducido sobre los lípidos sanguíneos en personas sanas, lo que de algún modo viene a descomprimir esa vieja culpa que muchos cargan frente a un huevo frito. Pero ojo: eso no quiere decir que todo valga, porque el resto de los componentes del plato sí puede inclinar la balanza. Ahí es donde la fibra soluble de la avena entra en escena, con su capacidad para ayudar a disminuir el colesterol LDL, el famoso colesterol malo.

  • Papa cocida con piel: aporta potasio y fibra, y reemplaza guarniciones más pesadas.
  • Espinaca: suma ambos nutrientes sin necesidad de salsas procesadas.
  • Avena: su fibra soluble, el beta-glucano, ayuda a reducir el colesterol LDL.
  • Palta y salmón: aportan grasas insaturadas y, en el caso del salmón, omega tres que reducen triglicéridos.
  • Hierbas, especias y limón: permiten dar sabor con mucho menos sal.

La explicación de por qué la avena funciona tiene su miga. El beta-glucano forma en el proceso digestivo una sustancia viscosa que favorece la eliminación de sales biliares. Para reponerlas, el hígado echa mano al colesterol que circula en la sangre. Así, de manera indirecta, el consumo sostenido de esta fibra puede ir bajando los niveles de LDL. Mayo Clinic describe ese mecanismo, y los nutricionistas insisten en remarcarlo: la fibra no hace magia de un día para el otro, sino que cobra sentido dentro de un patrón alimentario que se sostiene en el tiempo. Nosotros, en casa, lo aprendimos de a poco, cuando mi vieja empezó a sumar avena a las tortillas de verduras y al cabo de unos meses el médico le bajó la dosis del remedio.

Grasas que suman y grasas que restan

También importa, y mucho, qué grasas se sientan a la mesa junto al huevo. Reemplazar la manteca y los embutidos por opciones con grasas insaturadas, como la palta o el salmón, mejora la composición general de la comida. El salmón, además, aporta ácidos grasos omega tres que contribuyen a reducir los triglicéridos, esos otros lípidos que muchas veces quedan fuera de la conversación pero que también influyen en el riesgo cardiovascular. En criollo: no alcanza con mirar si el huevo es orgánico o de campo; lo decisivo es el combo.

Lo que se espera, al menos en las mesas que yo conozco, es que estas pequeñas decisiones de a poco vayan reemplazando los viejos automatismos. Menos fiambre, menos manteca, más verde, más fibra, menos sal y más limón. No se trata de prohibir nada, sino de entender que el huevo, en sí mismo, no es ni villano ni salvador: lo que define el resultado final es la compañía que le elegimos cada mañana, y eso, acá en la isla como en cualquier otra cocina del país, depende pura y exclusivamente de nosotros.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo