Sonrisas que se apagan: cuando perder dientes en la vejez empieza a jugarle en contra a la memoria
Una revisión de 14 estudios vuelve a poner el foco en un tema que muchos adultos mayores subestiman: la cantidad de piezas dentales que conservan puede estar hablando también del estado de su cerebro. La inflamación de las encías y otras molestias frecuentes completan un cuadro que conviene tomar en serio antes de que sea tarde.
Son las nueve de la mañana en el barrio de Caballito y doña Rosa, de 72 años, ya está sentada en la vereda con su café. Mientras charla con la vecina del 302, una de sus nietas le pregunta por qué evita sonreír en las fotos familiares. Ella esquiva la respuesta con un gesto, pero la pregunta queda flotando en el aire. Acá en la isla, lejos de la Capital, vemos de cerca cómo muchas personas mayores empiezan a esquivar la mesa familiar, la reunión en el centro de jubilados o la charla en la cola del banco. A veces, el motivo es más sencillo -y a la vez más profundo- de lo que parece: les faltan dientes y les cuesta hacerse cargo de eso.
Lo que dice la ciencia detrás de un dato preocupante
La advertencia surge de una revisión de 14 estudios publicada en la revista JAMDA, que reunió información de adultos mayores. La conclusión es directa: quienes habían perdido más de un diente presentaban alrededor de un 50 por ciento más de riesgo de deterioro cognitivo y cerca de un 28 por ciento más de probabilidades de recibir un diagnóstico de demencia. Los autores aclaran algo importante: estamos hablando de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto comprobada. En esa diferencia aparecen otros factores que también pesan, como la inflamación prolongada, los hábitos de alimentación, el acceso a la atención odontológica y enfermedades previas.
Para nosotros, los que transitamos la franja de los 40 a 60, el dato sirve de alerta temprana: lo que hagamos hoy por nuestra boca puede condicionar cómo lleguemos a los 70, los 80 y más allá. No se trata de asustar, sino de entender que la salud bucal dejó hace rato de ser un tema únicamente estético.
Encías inflamadas, un problema que no se queda en la boca
La inflamación de encías, lo que se conoce como gingivitis, aparece en distintos estudios vinculada a enfermedades cardiovasculares, problemas pulmonares, obstrucciones en los vasos sanguíneos y accidentes cerebrovasculares. Tampoco en estos casos la ciencia logró comprobar una causalidad directa, pero la asociación es lo suficientemente sólida como para que los especialistas recomienden incluir los controles odontológicos dentro del seguimiento médico habitual. La lógica es simple: si la inflamación está ahí, trabaja en silencio y termina pasando al sistema nervioso central.
Cuando la gingivitis no recibe tratamiento a tiempo, puede avanzar hacia los tejidos que sostienen los dientes y derivar en periodontitis, una afección que en sus etapas avanzadas provoca la pérdida de piezas dentales. Y acá aparece un costado pocas veces mencionado: la falta de dientes puede reducir la participación social. Algunas personas evitan conversar, sonreír o asistir a reuniones por incomodidad con su dentadura, lo que termina contribuyendo al aislamiento durante la vejez. Para varios vecinos de Boedo y de acá de la zona, esa mochila se carga en silencio y pesa más de lo que imaginamos.
Otras molestias que aparecen con los años
La guía de Harvard Health Publishing repasa además varios problemas frecuentes en adultos mayores. Entre ellos se destaca la sensibilidad dental, que aparece cuando las encías se retraen y dejan expuesta parte de la raíz, o cuando hay bruxismo, el hábito de apretar o rechinar los dientes durante el sueño. En este último caso, una férula nocturna puede reducir la presión sobre los dientes, aunque la evaluación profesional es clave para distinguir ese origen de otros que requieren un enfoque distinto.
La boca seca es otra molestia común: ocurre cuando se produce menos saliva y dificulta masticar, tragar, hablar y percibir sabores. Es un efecto secundario frecuente de varios medicamentos y puede aparecer asociada a diabetes, accidentes cerebrovasculares, alzhéimer y algunas enfermedades que afectan al sistema inmune.
Qué se puede hacer desde lo cotidiano
El mensaje de fondo es bastante concreto. Mantener una rutina de higiene bucal, sostener una dieta que no desgaste en exceso las piezas dentales y no postergar las visitas al odontólogo son las tres patas que se repiten en toda la literatura. La revisión publicada en JAMDA no promete soluciones mágicas, pero deja una pista clara: la cantidad de dientes que conservamos a los 60, 70 u 80 años puede estar contando una historia que también habla de cómo nos va a ir con la memoria.
Antes de cerrar, vale recordar que doña Rosa finalmente aceptó una consulta odontológica que le insistió su hija. Hoy está evaluando un tratamiento y, sobre todo, volvió a sacarse fotos con las nietas. Lo que muchos esperan que pase de acá en adelante es que más adultos mayores dejen de ver la pérdida de dientes como algo inevitable de la edad y empiecen a tratarla como lo que es: una señal de alerta que conviene atender a tiempo.
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