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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el café de los pibes deja de ser una simple costumbre: lo que hay que saber antes de los 18

Especialistas de Yale detallan qué señales miran los padres, en qué productos se esconde la cafeína y por qué el horario de la merienda puede arruinar la noche entera.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · · lectura 5 min
Cuando el café de los pibes deja de ser una simple costumbre: lo que hay que saber antes de los 18

Acá en la isla, cuando un chico de catorce o quince años empieza con la mirada perdida en la mesa, se duerme con la mochila puesta y al rato está otra vez con el teléfono en la mano, muchos padres lo primero que piensan es que la noche anterior se quedó despierto hasta tarde. Lo que no siempre cae en la cuenta es que, además de la pantalla, hay un enemigo silencioso que se cuela por la cocina, por el kiosco de la esquina y hasta por la mochila: la cafeína. Lo dicen en voz clara especialistas de la Universidad de Yale, que vienen trabajando hace rato sobre el tema, y la advertencia es tan simple como preocupante: un consumo mal medido puede empeorar justo lo que el chico está tratando de combatir, que es el cansancio.

Señales que tienen que prender la alarma

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La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, lo explica con una frase que a nosotros, como padres, nos pega en el medio de la frente: cuando un adolescente tiene dificultades para dormir, está nervioso, le tiemblan las manos o empieza a caer en el rendimiento escolar, lo más sensato es revisar cuánto café está tomando. No se trata de volverse paranoicos, aclaran los profesionales, sino de mirar el asunto con los ojos abiertos, porque un exceso puede disparar palpitaciones, molestias digestivas, una inquietud que no para y hasta ataques de ansiedad.

  • Dificultades para conciliar el sueño o dormir de un tirón.
  • Nerviosismo, temblores y palpitaciones marcadas.
  • Caída en el rendimiento escolar sin causa aparente.
  • Molestias digestivas y cuadros de ansiedad.
  • Dependencia creciente de bebidas o productos con cafeína para "arrancar" el día.

María, vecina del barrio San Martín, me lo contaba mientras tomaba mate en la vereda, un poco preocupada. "Mi nene tiene quince y el año pasado andaba bárbaro en la escuela, este año le cuesta concentrarse y a la noche se la pasa dando vueltas en la cama. Yo le decía que dejara el celular, pero ahora me quedo pensando cuántas veces le compré la lata esa de energizante para que se le pase el sueño de la siesta". Esa imagen, repetida en miles de casas argentinas, es justo la que los especialistas de Yale quieren poner en discusión.

Dónde se esconde la cafeína que no parece café

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Acá viene uno de los puntos que más sorprenden a las familias, y por eso lo queremos marcar bien claro. La cafeína no vive solo en la taza de café ni en el mate cocido bien cargado. También se cuela en las bebidas energéticas, en algunas gaseosas, en el chocolate, en los chicles saborizados y, sobre todo, en esos sobres de polvo que se disuelven en agua y que los chicos compran como si fueran golosinas. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que esos productos suelen tener entre 50 y 200 miligramos por unidad, y que los sabores dulces y frutales tapados con azúcar disimulan el amargor natural de la sustancia, lo que hace que los jóvenes los prueben sin saber bien qué están metiéndose al cuerpo.

A esta altura, cualquiera puede hacer la cuenta y entender que dos o tres de esos sobres a lo largo de la tarde equivalen, tranquilamente, a más de un café bien cargado. Y encima, como no parece café, nadie lo registra como tal.

El horario es casi tan importante como la cantidad

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La neumóloga Sabhyata Agrawal pone los números sobre la mesa para que se entienda bien por qué la tarde es territorio peligroso. La cafeína empieza a hacer efecto entre 30 y 45 minutos después de tomarla, sí, pero entre cinco y seis horas más tarde todavía queda dando vueltas en el organismo aproximadamente la mitad de lo que se ingirió. Por eso la recomendación es concreta y fácil de aplicar: evitar el consumo después de las 13 o las 14, dependiendo del horario habitual en que cada familia se acuesta. Lo que se toma a la tarde pesa toda la noche, y se nota al día siguiente.

Y acá aparece otro dato que a nosotros, como padres de adolescentes, nos sirve entender. La propia adolescencia corre el reloj biológico hacia horarios más tardíos, lo que hace que a los chicos les cueste dormirse temprano y, a la mañana, levantarse sea una pelea diaria. Si el pibe está cansado y, para despabilarse, recurre a un energizante o a otro café, el alivio momentáneo vuelve a empujar el sueño hacia más tarde todavía y al otro día el agotamiento es peor. Es un círculo que se retroalimenta y que en muchas casas se vive como un drama cotidiano.

Qué recomiendan los especialistas y qué esperamos que pase

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Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale, es la más firme con el mensaje: la cafeína no debería consumirse antes de los 18 años y las bebidas energéticas tienen que quedar afuera de la alimentación de niños y adolescentes. Agrawal coincide y suma un detalle clave: los jóvenes pueden experimentar molestias con cantidades sensiblemente menores que las que tolera un adulto, así que las recomendaciones que valen para los grandes no sirven, ni por asomo, para los pibes.

“El consumo de cafeína en chicos y adolescentes tiene que mirarse como un tema de salud, no como un capricho de adultos. Si esperamos a que aparezcan palpitaciones o ataques de ansiedad, ya llegamos tarde a la conversación.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale

Park agrega un ángulo que a los padres nos toca de cerca: muchas veces el consumo aparece de la mano de los videojuegos, no tanto por la cafeína en sí misma sino por el deseo de mantenerse despierto para jugar o porque es la costumbre que comparten con otros jugadores en línea. Ahí la recomendación es revisar de manera integral las rutinas nocturnas, apagar pantallas con tiempo y, sobre todo, conversar sin sermonear. Acá en la isla, como en cualquier barrio de nuestro país, lo que la mayoría de las familias espera es que con información clara y un par de cambios simples, los chicos puedan volver a dormir como corresponde y, de paso, dejar de empezar cada mañana como si hubieran corrido una maratón.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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