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MIÉ, 16 SEPT 2026
Vida

De cómo los gatos se ganaron la casa: por qué más argentinos los eligen como compañía

La convivencia con felinos pasó del 40 al 52 por ciento en los hogares con mascotas entre 2018 y 2026, según la consultora Voices. Departamentos más chicos, más personas solas y rutinas largas ayudan a entender la tendencia, aunque los especialistas insisten: su autonomía no reemplaza la necesidad de estar con ellos.

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Ayelén MillaloncoSociedad y vida · 16 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Acá en la isla, en un tercer piso por escalera de un edificio de San Telmo, Alejandro abre la puerta y Limón lo espera sentado sobre la mesada de la cocina. Tiene 27 años, trabaja desde temprano y vuelve pasado el mediodía. Antes de sentarse a contestar mensajes revisa que el agua esté fresca y que la arena del baño esté limpia. “Son más independientes, pero igualmente necesitan compartir tiempo con alguien”, dice mientras lo mira jugar con una pelota de papel de aluminio.

La escena resume algo que las estadísticas vienen mostrando desde hace años: en la Argentina, los gatos ganaron presencia en los hogares. La consultora Voices registró que, entre las personas encuestadas que tienen mascotas, la convivencia con felinos pasó del 40 por ciento en 2018 al 52 por ciento en 2026. Los perros siguen siendo los más elegidos, aunque su participación bajó del 88 al 83 por ciento en el mismo período.

Casas más chicas, rutinas más largas

Los datos conviven con un cambio en la forma de habitar. El Censo 2022 de la Ciudad de Buenos Aires mostró que alrededor del 40 por ciento de los hogares están compuestos por una sola persona y que casi tres de cada cuatro viviendas particulares son departamentos. Para Silvina Muñiz, presidenta de la Asociación de Veterinarios especializados en Animales de Compañía en Argentina (AVEACA), esa combinación de soledad, horarios extendidos y metros cuadrados reducidos ayuda a explicar por qué muchos optan por un gato.

“Su tamaño, la posibilidad de dejarlos solos durante jornadas de trabajo y la tranquilidad de no tener que sacarlos a la calle los vuelve una elección muy presente en departamentos”, señala Muñiz. Esa autonomía, aclara, no equivale a prescindir del vínculo: la cercanía física, el ronroneo y la presencia del animal en el mismo ambiente aportan bienestar cotidiano a las personas que viven solas.

La vida en un departamento, según Proyecto 4 Patas

Desde el refugio Proyecto 4 Patas remarcan que tener un gato en un piso no se reduce a colocar un plato, una cama y un arenero. Fernanda Lazzarino, voluntaria de la agrupación, enumera lo básico: superficies en altura donde puedan trepar y observar, rascadores para que marquen y descarguen energía, piedras sanitarias siempre limpias y actividades que estimulen el olfato, como esconderles alimento en distintos rincones.

  • Ofrecer superficies elevadas y lugares altos donde pueda trepar y observar el entorno.
  • Disponer rascadores para que afilen sus uñas y liberen tensiones.
  • Mantener la piedra sanitaria siempre limpia y en un lugar accesible.
  • Esconder premios o comida seca para que los encuentre con el olfato.
  • Dedicarle momentos diarios de juego e interacción en el mismo ambiente.

Lazzarino también derriba un mito instalado: la idea de que los gatos son distantes o que no se adaptan a una casa. “Entre los tres y cuatro meses existe una etapa clave para que los gatos callejeros se familiaricen con las personas”, explica. Pasado ese momento, construir confianza sigue siendo posible, aunque puede llevar más tiempo y paciencia.

Nosotros y ellos, en la misma rutina

Para Alejandro, la diferencia entre un gato y un perro no es autonomía sino ritmo. Con Limón aprendió a leer señales: cuando maúlla frente a la ventana quiere jugar; cuando se acomoda sobre la cama y parpadea lento, está conforme. “Aprendí a entenderlo, y eso lleva un tiempo que vale la pena”, cuenta desde su monoambiente de San Telmo.

Desde Proyecto 4 Patas insisten en algo que los números todavía no muestran: tener un gato no es una decisión que se tome para simplificar la rutina, sino para sumar un integrante que pide agua limpia, comida a horario, arenero ordenado y, sobre todo, presencia. La autonomía que les reconocen los manuales sirve siempre y cuando haya, al menos, unos minutos al día en los que la persona se siente en la misma habitación y se hace cargo. Limón, en lo alto de la mesada, parece estar de acuerdo.

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Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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