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MIÉ, 16 SEPT 2026
Vida

Cuando la rodilla no deja dormir: cómo aliviar el dolor nocturno y por qué hay que prestarle atención

Cambios de postura, frío o calor y una almohada bien ubicada pueden destrabar la noche, pero el especialista Wesley Baker advierte: si el síntoma corta el sueño o complica la rutina, la consulta médica deja de ser opcional.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida · 16 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son las once de la noche y Marcela, vecina de Belgrano, se da vuelta en la cama por tercera vez. Del lado izquierdo, la rodilla derecha le pesa como si tuviera plomo. Del lado derecho, la articulación se queja igual. Se para, camina unos pasos por el pasillo, vuelve a intentar. La almohada termina entre las piernas, una vieja receta casera que le pasó su madre y que, esta vez, parece no alcanzar. Acá en la isla —perdón, acá en la ciudad—, el dolor nocturno de rodilla es uno de esos malestares que muchos arrastran en silencio y que, cuando finalmente los lleva a la guardia, ya llevan meses instalados.

El escenario que describe Marcela no es raro ni caprichoso. El médico Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria, lo repite casi a diario en su consultorio: la rodilla duele más de noche porque, justamente, dejamos de movernos. Mientras caminamos o estamos activos, la articulación se mantiene lubricada; al acostarnos, esa lubricación disminuye y el dolor acumulado se hace más evidente. La presión de una posición sostenida y, en algunos casos, el contacto dentro de una articulación desgastada terminan de completar el cuadro.

La almohada, el frío, el calor: qué sirve y para qué

Antes de correr a la farmacia, Baker propone empezar por lo más simple. Para quienes tienen artritis y duermen de costado, ubicar una almohada entre las piernas puede reducir la fricción entre las superficies articulares. Si la postura preferida es boca arriba, el especialista sugiere colocarla debajo de las rodillas, con una flexión leve, para aliviar la presión. No es un curita mágica, pero muchas veces alcanza para que el cuerpo baje un cambio.

  • Calor: preferentemente cuando se trata de una molestia crónica asociada con artritis.
  • Frío: útil en lesiones recientes por sobreuso y para disminuir la sensibilidad cuando hay hinchazón.
  • Geles, cremas y parches antiinflamatorios: opciones de alivio localizado que pueden sumarse a las anteriores.
  • Revisar la medicación que ya se toma antes de sumar un analgésico, para evitar interacciones, sobre todo con anticoagulantes.

Sobre los medicamentos, el especialista fue claro: el ibuprofeno y el naproxeno ayudan a bajar la inflamación, pero no son inocuos. Quien ya consume anticoagulantes debe hablarlo con su médico antes de sumarlos, y en esos casos el paracetamol suele aparecer como alternativa, siempre con criterio profesional. La elección, insistió Baker, no debe ser de autoconsulta en la farmacia de la esquina.

Por qué aparece de noche y cuándo hay que preocuparse de verdad

Baker mencionó tres grandes familias de causas: lesiones, inflamación y artritis. También señaló que actividades como correr sobre pavimento pueden dejar una carga que se siente al terminar el día. Para ejercitarse con menos impacto, sugirió la natación y el ciclismo, dos opciones que lubrican la articulación sin castigarla. En algunos cuadros de artritis, las rodilleras ortopédicas o el seguimiento kinésico completan el abordaje.

“El dolor merece una evaluación cuando persiste, corta el sueño o dificulta las actividades habituales. Las medidas de alivio permiten reducir la incomodidad mientras se coordina la consulta; elegir un tratamiento requiere conocer qué la provoca.”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva y atención primaria

Nosotros, los que ya pasamos los cuarenta y vamos camino a los sesenta, solemos naturalizar estos malestares. Es al mango del hombro, un ruido en la rodilla, una molestia en la cintura que atribuimos a los años. Baker, sin embargo, pone el acento en otro lado: si el síntoma altera el sueño o la rutina, dejó de ser un trámite y pasó a ser un motivo de consulta. Nadie debería acostumbrarse a dormir mal por un dolor que tiene nombre, causa y, casi siempre, solución.

Marcela, mientras tanto, ya pidió turno con su traumatóloga. No es para tanto, dice, pero tampoco quiere acostumbrarse a levantarse a las tres de la mañana. Lo que espera, como cualquiera en su lugar, es volver a dormir del tirón y que la rodilla, de una vez, deje de recordarle que está ahí.

AM
Ayelén MillaloncoSociedad y vida

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