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MAR, 08 SEPT 2026
Entretenimiento

Hayato Date, el director que le dijo que no al mundo entero para defender a Naruto en su propia salsa

A casi tres décadas del debut del anime, el realizador japonés repasa cómo resistió las presiones de los mercados internacionales para preservar el espíritu del manga de Kishimoto y por qué cree que, aun con quejas incluidas, esa decisión terminó siendo la más ganadora.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos · 8 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

"Si me sacás los kunai, ya no es Naruto". La frase le pertenece a Hayato Date y condensa, casi sin querer, una de las decisiones más discutidas de la historia reciente del anime japonés. Te la traigo porque me parece que resume a la perfección la pelea de fondo que mantuvo este director cuando todavía nadie sabía que la serie se iba a convertir en un fenómeno planetario.

Para ubicarnos en la sala antes de levantar el telón: estamos en una sala enorme, con butacas rojas y un escenario pensado para convenciones, en el marco de Anime India, el evento que cada año reúne a miles de fans del sur de Asia. Allí, con un público adolescente y joven que se sabía de memoria las peleas de la Aldea Oculta de la Hoja, Date se sentó frente al micrófono y empezó a desarmar un mito. El de que el anime japonés se produce pensando en Occidente.

El peso del mundo antes del primer capítulo

Cuando arrancó la producción de Naruto, en pleno boom del manga de Masashi Kishimoto, los estudios ya sabían que la tenían complicado. La prensa internacional se había mezclado de una manera pocas veces vista en una conferencia de prensa japonesa, y la expectativa de que el dibujo animado fuera rentable afuera del país se había instalado antes incluso de que se dibujara el primer cuadro de animación.

Date lo admite con una sinceridad que, en cualquier otra rueda de prensa, sonaría a confesión: "Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón". Lo dijo mirándolos a los ojos, y la sala, claro, estalló.

Pensar primero en Japón

“Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera.”Hayato Date

De esa frase, mirá, nace toda la filosofía de trabajo del equipo. La pregunta central que se hicieron no fue "qué necesita el público de Estados Unidos", ni "qué le va a gustar al espectador europeo". La pregunta, posta, fue otra: qué necesitaba Naruto para funcionar como anime japonés. Todo lo demás quedó relegado a un segundo plano.

Las quejas que llegaron de afuera

Pero como todo en la vida, esta decisión tuvo su costo. Del mercado estadounidense, donde la serie se hizo enormemente popular, empezaron a llover quejas por el uso de armas de filo. Los kunai que los ninjas llevan atados a la pierna, los shuriken que se cruzan en las peleas, las espadas legendarias de los principales antagonistas. Para una porción del público occidental, todo eso era un problema.

  • Date evaluó las quejas y decidió no tocarlas.
  • El criterio fue simple: si se sacaban las armas, la identidad de la serie se diluía.
  • La prioridad fue que el público viera a Naruto tal como Kishimoto lo había pensado.
  • La apuesta fue a largo plazo: respetar la obra aunque duela en el corto plazo.

El legado y la pregunta que vuelve

El resultado, mirá lo que son las cosas, fue el que todos conocemos. Naruto se convirtió, junto a Dragon Ball y One Piece, en uno de los animes de mayor alcance global de las últimas décadas. No cedió a la censura de su mercado más lucrativo fuera de Japón y, aún así, se transformó en un clásico compartido por varias generaciones de fans que hoy son adultos y llevan a sus hijos a las convenciones.

Ahora, en paralelo, hay una película de acción real en desarrollo bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, y la pregunta que Date resolvió en su momento vuelve a instalarse en la mesa de los productores: ¿se respeta el material original o se ajusta para cada audiencia? Te lo dejo picando, porque esta vez la decisión no la toma un japonés en Tokio, sino un equipo de Hollywood con los dólares a flor de piel.

Por lo pronto, la cita de Date sigue vigente como una pequeña gran lección de oficio: a veces, defender la esencia de una obra es la mejor manera de que el mundo entero termine abrazándola. Y a mí, confiésemelo, esa idea me sigue conmoviendo cada vez que la escucho.

SP
Sofía ParedesCultura y espectáculos

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