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MIÉ, 26 AGO 2026
Turismo

La tortilla de papas se reinventa: cómo lograr la textura clásica sin freír

Tres técnicas de precocción permiten reducir el aceite sin resignar sabor. El paso final en sartén sigue siendo clave para conseguir el punto justo, más jugosa o bien firme.

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Ignacio JerkovicTurismo · 26 DE AGO DE 2026 · lectura 3 min
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La tortilla de papas es uno de los platos más versátiles de la mesa diaria: sirve como almuerzo rápido, como entrada para compartir o como plato principal cuando se le suma una ensalada y un buen pan. Su preparación tradicional, basada en freír las papas en aceite abundante antes de mezclarlas con huevos batidos, le otorga esa textura inconfundible que todos reconocemos, pero también le suma una cantidad considerable de calorías que muchos quisieran evitar.

Existe, sin embargo, una alternativa concreta que reemplaza la fritura profunda por una cocción previa más liviana, seguida de un salteado breve en aceite de oliva. El resultado conserva el sabor y la textura característicos, pero con mucha menos grasa. Los ingredientes se mantienen intactos: papas, huevos, sal y, si se quiere, cebolla. Lo que cambia es el procedimiento, y ahí está la clave para obtener una tortilla más amable con el cuerpo sin resignar placer.

Tres caminos posibles antes de la sartén

Horno, microondas y vapor: cada método con sus tiempos, sus ventajas y sus trampas

  • Horno: las papas se cortan en trozos pequeños, se rocían con un hilo de aceite y se llevan a temperatura media-alta hasta que estén cocidas y apenas doradas. El punto en contra es que pueden quedar más secas que con la fritura tradicional, por lo que conviene no pasarse de tiempo.
  • Microondas: es la opción más rápida. Algunos modelos traen una función específica para papas o vegetales; en otros, alcanza con cocinarlas el tiempo justo para que queden tiernas sin perder humedad. El riesgo es excederse en la cocción, lo que reseca la textura.
  • Vapor: es la técnica que mejor conserva la hidratación natural de la papa. Se realiza en vaporera o con un accesorio de acero inoxidable sobre una olla con agua hirviendo. Al terminar, se puede sumar una o dos cucharadas de aceite para devolver cremosidad.

Cualquiera de los tres métodos elegidos cumple un mismo rol: cocinar la papa sin ahogarla en grasa. El paso siguiente, y aquí viene lo que ningún cocinero debería saltarse, es saltear las papas brevemente en aceite de oliva hasta dorarlas apenas. Ese golpe de calor corto es el que reemplaza el sabor profundo que aporta la fritura tradicional. Es el puente entre la cocción liviana y el resultado final que esperamos al cortar el primer trozo.

Después, el procedimiento es el de siempre: se mezclan las papas con la cebolla salteada, si se decidió incluirla, se incorporan los huevos de a uno, se salpimenta y se vuelca todo en una sartén antiadherente bien caliente, herramienta indispensable para que la mezcla no se pegue en ninguna de las dos etapas. Con espátula se despegan los bordes; a los cinco minutos se controla que la base esté firme, se da vuelta con ayuda de un plato y se termina la cocción según el gusto de cada uno, más jugosa en el centro o bien dorada por completo.

La próxima vez que las ganas de una buena tortilla peleen con el deseo de cuidarse un poco, vale la pena probar alguno de estos tres caminos. Personalmente me inclino por el vapor, que mantiene la humedad natural de la papa y deja el protagonismo del sabor para el salteado final, pero el horno tiene su encanto cuando se buscan bordes más crocantes y el microondas es un salvavidas en noches de semana. Para la hora de servir, mejor acompañarla con una copa de vino tinto y, si el clima refresca, un abrigo a mano: la tortilla se disfruta lenta, en la mesa, sin apuro.

IJ

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