Laika vuelve a lo grande: "Wildwood" y la obsesión artesanal del stop-motion en su máxima expresión
La sexta película del estudio responsable de "Coraline" y "Kubo" llega a las salas con 231 muñecos animados a mano, 136 escenarios y una apuesta técnica que ya marca un antes y un después en el género. Te cuento por qué este viaje al bosque vale cada minuto.
Lo dije siempre y lo repito ahora: cuando un estudio se anima a decir que hizo todo a mano, hay que sentarse a mirar la pantalla con otra disposición. Eso me pasó con "Wildwood", la nueva película de Laika, ese taller obsesivo de Portland que ya nos regaló joyitas como "Coraline", "Kubo y las dos cuerdas mágicas" y "El alucinante mundo de Norman". Acá no hay atajos digitales disfrazados de arte: hay gente, mucha gente, moviendo figuritas cuadro por cuadro durante cinco años para que vos, en la butaca, te olvides de que cada pelo, cada hoja y cada gesto de un personaje es producto de una mano humana. Te juro que se nota, y se agradece.
Una escala que asusta y un bosque que atrapa
La sala, antes que la función, merece un párrafo aparte. Laika construyó 136 escenarios a mano para esta película, todos ligados a un universo fantástico que tiene al bosque de Wildwood como corazón. No es un bosque decorado: es un laberinto visual con capas, con texturas, con esa sensación de que cada rama podría cobijar una historia. En ese mundo se mueven 231 muñecos articulados, protagonistas y secundarios incluidos, a lo largo de 132 minutos que se pasan volando. La historia sigue a Prue y Curtis, dos jóvenes que caen en ese universo y tienen que abrirse paso entre criaturas, peligros y dilemas que no son simples. Acá no hay moraleja de manual: hay violencia, hay relaciones que duelen, hay batallas que parecen sacadas de un cuadro épico. Por eso la película está pensada para adolescentes y adultos, no para los más chicos.
El tercer acto: cuando el stop-motion se vuelve una hazaña
Si hay algo que da vértigo pensar es el tercer acto. En el stop-motion clásico, cada fotograma exige reposicionar a mano cada figura. Ahora imaginá cientos de muñecos moviéndose al mismo tiempo, sincronizados, en una secuencia de combate que ya se comenta como la más ambiciosa que Laika haya filmado. Eso no se resuelve con un software: se resuelve con paciencia, con? no, perdón, con mate y mucha precisión. Es el punto donde la película deja de ser una linda historia para volverse un manifiesto técnico, una declaración de principios de un estudio que podría haber abaratado costos con CGI y eligió no hacerlo.
Ahora bien, tampoco quiero pintarte todo color de rosa. La película construye su mundo con agilidad y sin escatimar complejidad, pero el desarrollo de Prue y Curtis muestra algunas limitaciones que vienen del material original en el que se basa el guion. Hay emoción, hay épica, pero a los protagonistas les falta un poco de aire para terminar de cerrarnos el corazón. Es un detalle menor si te dejás llevar por la propuesta visual, pero conviene tenerlo presente para no llegar con expectativas de guion redondo.
La libertad de no pedir permiso a nadie
Hay un dato que a mí, particularmente, me resulta encantador: Laika opera con independencia creativa sostenida por el respaldo financiero de Nike. O sea, alguien puso la plata sin condicionar el contenido ni el formato. En un mercado donde las grandes productoras digitales definen qué se filma y cómo, que un estudio pueda darse el lujo de tomarse cinco años para animar 231 muñecos a mano es casi un acto de resistencia. Y eso, para mí, vale tanto como la película en sí.
- Duración: 132 minutos.
- Muñecos animados a mano: 231 en total.
- Escenarios construidos: 136.
- Tiempo de producción aproximado: cinco años.
- Público sugerido: adolescentes y adultos, por la violencia y la complejidad de la trama.
- Es la sexta película del estudio Laika, responsable de "Coraline" y "Kubo y las dos cuerdas mágicas", entre otras.
Para ir cerrando, te dejo la pregunta que te hago cada vez que aparece una rareza así: ¿creés que el cine de animación artesanal puede competir de verdad con las producciones digitales de los grandes estudios, o "Wildwood" es una de esas excepciones lindas que confirman la regla? Yo tengo mi respuesta, pero me intriga la tuya. Mientras tanto, andá reserving butaca: la podés buscar en las salas tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires, en complejos como Hoyts, Cinemark o Showcase, con funciones generalmente en horarios de tarde y noche. El precio de la entrada ronda los valores estándar del mercado argentino, alrededor de los 5.000 a 8.000 pesos dependiendo del complejo y el día, y llegar es fácil en subte o colectivo. Si te copa el stop-motion bien hecho, no te la podés perder.
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