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MIÉ, 16 SEPT 2026
Turismo

Margay, una reserva de cuatro cabañas sobre el arroyo Paraíso donde el tiempo se mide en kayak y fogones

A 40 kilómetros de El Soberbio y a 290 de Iguazú, la propuesta combina caminatas por la selva paranaense, navegación sobre el agua y visitas al vivero que produce hasta 200.000 plantines por año para restaurar el monte.

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Ignacio JerkovicTurismo · 15 DE SEPT DE 2026 · lectura 3 min

Son cuatro las cabañas que Margay dispone sobre la ribera del arroyo Paraíso, en pleno corazón de Misiones, y esa cifra es la que mejor define la escala íntima de la reserva: un alojamiento chico, cuidado, pensado para quienes buscan silencio, verde y agua por encima de cualquier otra cosa. El predio se ubica a 40 kilómetros de El Soberbio y a unos 290 de las Cataratas del Iguazú, en un punto estratégico para combinar naturaleza profunda con la visita a los Saltos de Moconá, que tienen a esa localidad como base habitual de operaciones.

Para conocer la propuesta recomiendo una estadía de dos a tres días, con la mochila armada para climas y actividades muy distintas entre sí. La lista de equipaje no es un detalle menor: hay que llevar una muda extra para mojarse durante las travesías en kayak, calzado de trekking con buena suela, pantalón largo y camisa de manga larga para protegerse de ramas y mosquitos, más un abrigo firme para la noche, porque en la zona el descenso de temperatura después del atardecer es marcado. Completan el kit el repelente, el protector solar, un sombrero de ala ancha y anteojos de sol. Quienes planeen el viaje deben tener presente que febrero y marzo son los meses que la propia reserva sugiere como ventana ideal de visita.

Alojamiento con deck sobre el agua y cocina de raíz misionera

Las cuatro cabañas se levantan rodeadas de vegetación, a metros de la corriente, y comparten un deck de uso común que permite desayunar y merendar mirando el arroyo. La gastronomía se trabaja con preparaciones frescas y orgánicas de identidad local, y por las noches se organizan encuentros alrededor del fogón con conversaciones sobre la cultura guraní y pescado cocinado en hojas de banano, una de las experiencias más recordadas por los visitantes que pasaron por el lugar.

Senderos, kayak y un vivero que produce hasta 200.000 plantines al año

Durante las horas de luz, la reserva ofrece opciones para distintos ritmos: hay senderos autoguiados para caminar en solitario y caminatas'accompañadas por un guía profesional, que se detiene a explicar las características de las plantas y los animales del monte. Otra alternativa es subir a un kayak y recorrer el arroyo desde el agua, con la selva como pared lateral. La jornada se completa con la visita al vivero Kawsay, un proyecto que produce entre 100.000 y 200.000 plantines por año de especies nativas, destinados a recuperar ambientes degradados y a sostener el arbolado urbano de la región.

Ese vivero no es un capítulo decorativo de la visita, sino el corazón ambiental del lugar: Margay ocupa 65 hectáreas dentro del área de amortiguación de la Reserva de Biosfera Yabotí, que protege 253.000 hectáreas de selva paranaense. El trabajo cotidiano incluye el cuidado de plantas como el palo amargo y el monitoreo de fauna mediante cámaras trampa, con el objetivo declarado de reducir la caza furtiva. También se desarrollan sistemas agroforestales que integran cultivos y árboles nativos para recuperar suelos y biodiversidad, y a través del proyecto M2 x Naturaleza se busca restaurar superficies de selva afectadas por actividades productivas e incendios.

  • Llevar una muda para mojarse en kayak, calzado de trekking, pantalón y camisa de manga larga.
  • Sumar abrigo para la noche, repelente, protector solar, sombrero y anteojos de sol.
  • Reservar entre dos y tres días para caminatas, navegación y visita al vivero Kawsay.
  • Viajar en febrero o marzo para coincidir con la ventana climática que sugiere la reserva.
  • Aprovechar la base en El Soberbio para extender la recorrida hacia los Saltos de Moconá.

Entre caminatas, agua y vivero, la visita ofrece distintas formas de conectar con la selva, y por eso mi recomendación concreta es llegar con tiempo, desayunar lento en el deck, guardar la tarde para el kayak y dejar la noche para el fogón. Llevar abrigo, linterna y paciencia: la recompensa es una Misiones que se mide en kayak, en árboles nativos y en conversaciones alrededor del fuego.

IJ

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