San José: donde el agua caliente, la uva y el molino se dan la mano en un solo fin de semana
En el sudeste de Entre Ríos, sobre la costa del río Uruguay, la localidad propone termas con doce piscinas, bodegas con cepas tintas y un paseo histórico por el Molino Forclaz que todavía recuerda el paso de los inmigrantes europeos.
A esta altura de la temporada, San José recibe a los viajeros con sus doce piscinas termales abiertas, alrededor de doscientas camas distribuidas entre el complejo de aguas y los alojamientos rurales del circuito, y una movida de pasajeros que eligen el sudeste de Entre Ríos para escaparse unos días. La localidad se acomoda sobre la costa entrerriana del río Uruguay, dentro de la región turística conocida como Tierra de Palmares, y forma tándem con Colón y Villa Elisa, las otras dos paradas fuertes del circuito termal entrerriano.
Un molino con historia, viento que no alcanza y mulas que vuelven
Antes de meterse en el agua conviene empezar por el Museo Provincial Molino Forclaz, que se levanta en un predio de cinco hectáreas a pocos minutos del centro. Lo que se conserva allí es la vivienda familiar y el molino de viento que Juan Bautista Forclaz mandó construir para moler trigo y maíz. Lo que cuenta el guía mientras se cruza el puente de acceso es que los vientos de la zona no terminaron de alcanzar para mover las aspas con regularidad, así que la familia terminó volviendo al sistema anterior: las mulas otra vez al torno, dando vueltas y vueltas para que la harina saliera. Esa pequeña derrota técnica, relatada con detalle en la visita, es la que termina humanizando el recorrido.
El calendario del museo tiene sus propios tiempos. En algunas fechas se suman representaciones a cargo de vecinos del pueblo, que se ponen en la piel de los Forclaz y de los colonos para reconstruir escenas de la vida cotidiana. Durante el verano, en tanto, se organizan recorridos especiales en los que la iluminación se reduce a velas, faroles y candelabros, y el molino parece detenido en otra época. Son dos motivos para mirar el almanaque antes de reservar.
Termas con copa incluida y un Spa con tratamiento de vinoterapia
El otro gran protagonista de la escapada está a apenas cinco minutos del casco histórico y se llama Termas San José. El complejo dispone de doce piscinas con distintas temperaturas, varias con vista directa al río Uruguay, lo que ayuda a que la jornada no sea solo un baño tras otro. El establecimiento ofrece un pase de experiencia eno-termal que, según detallan desde la administración, incluye el acceso a las piletas, un área exclusiva de relajación, batas, toallas y un tratamiento facial de vinoterapia en el Spa Acqua Termal. La jornada cierra con vino entrerriano y tapeo regional en el restaurante Entre Fuegos, una combinación que mezcla el agua caliente con la copa en la mano.
Bodegas, viñedos y la herencia de los colonos suizos
El pase suma, además, una visita guiada gratuita a Bodega Vulliez Sermet y descuentos en otros establecimientos de la zona, incluido el alojamiento entre viñedos de Los Franco Suizos. La tradición vitivinícola del lugar, como me insistió el guía mientras caminábamos entre las espalderas, se remonta a los colonos que llegaron a la Colonia San José a mediados del siglo XIX, muchos de ellos suizos y franceses que trajeron en el equipaje sus cepas y su oficio. Entre las variedades que aparecen mencionadas en la producción local están el Pinot Noir, el Chardonnay, el Tannat y el Marselan, cuatro nombres que permiten hacerse una idea de la paleta con la que se trabaja.
Para los que necesitan moverse: palestra, tirolesa y mangrullo
Si el plan acuático y las copas no alcanzan para estirar las piernas, en las cercanías funciona Molino Aventuras, un parque que ofrece palestra, tirolesa, puentes aéreos, escaleras móviles y un mangrullo desde el que se ve el río y el monte entrerriano. Para un ritmo más calmo, el Centro Municipal de Artesanos reúne trabajos en cerámica, madera, cuero y lana, una forma de llevarse un recuerdo hecho a mano y, de paso, charlar con quienes lo producen.
- Llevar ropa de abrigo liviana para la noche, porque en la costa del río Uruguay la temperatura baja varios grados después del atardecer, sobre todo en los recorridos a vela del molino.
- Reservar el pase eno-termal con anticipación: la combinación de piletas, vinoterapia y copa de vino tiene cupos limitados y en fines de semana largos se completa rápido.
- Chequear el calendario del Molino Forclaz antes de viajar, para coincidir con las representaciones de vecinos o con las visitas nocturnas con velas y faroles que se hacen en verano.
Mi recomendación, si se animan a armar la escapada, es empezar la jornada temprano por el Molino Forclaz, hacer la visita guiada antes del mediodía y dejar las piscinas para la tarde, cuando el agua caliente se disfruta mejor y la luz sobre el río Uruguay invita a quedarse un rato más. Para la cena, el restaurante Entre Fuegos, dentro del complejo termal, funciona bien como cierre redondo; conviene pedir mesa entre las veinte y las veintiuna, llevar un abrigo liviano y caminar después unos minutos por la costanera para despedirse del pueblo con la sensación de que termas, bodegas y molino, al final, forman una sola escapada.
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