Seychelles en tres islas: cómo moverse, cuánto gastar y qué no perderse en el Índico
A unos 1.500 kilómetros de Kenia, el archipiélago combina granito, bosque protegido y tortugas gigantes. Mahé, Praslin y La Digue son los tres focos para organizar el viaje y el presupuesto.
Seychelles queda a unos 1.500 kilómetros de la costa de Kenia, en pleno Océano Índico, y tiene una característica que la distingue de muchos destinos insulares: casi la mitad de su territorio es reserva natural. Para el viajero argentino, la buena noticia es que existen vuelos de conexión desde Buenos Aires, lo que vuelve posible planificar el viaje con cierta anticipación. Playas de granito antiguo, un bosque declarado Patrimonio de la Humanidad y tortugas gigantes que cruzan los caminos forman el paisaje que se encuentra al llegar.
Mahé: la puerta de entrada
Mahé es el punto de partida obligado. Allí funciona el aeropuerto internacional y también está Victoria, una de las capitales más pequeñas del mundo, que puede recorrerse en una sola mañana. El mercado central merece una parada, sobre todo los sábados, cuando los pescadores acomodan atunes, pargos y pulpos desde temprano, mientras los puestos de canela, vainilla y especias llenan el aire de aromas.
El interior de la isla tiene otra cara. El Parque Nacional Morne Seychellois cubre buena parte de ese sector y alcanza los 905 metros de altitud. La caminata a Copolia lleva algo más de una hora y termina en una cúpula de granito, con plantas carnívoras creciendo en las grietas y una vista panorámica hacia el mar. Es, sin dudas, uno de los tramos que más conviene hacer con calma y agua suficiente.
Playas y producción local
- Beau Vallon, al norte, con buena oferta gastronómica cerca.
- Anse Intendance, al sur, con oleaje fuerte.
- Anse Takamaka, rodeada de árboles.
- Fábrica de té de Morne Blanc: alrededor de 3,50 dólares.
- Destilería Takamaka, con degustación de ron artesanal por 9 dólares.
- Excursión que combina ambas visitas: unos 200 dólares por persona.
Para quien quiera conocer la producción local sin gastar de más, las dos visitas de Morne Blanc y Takamaka son una alternativa accesible. La excursión combinada ronda los 200 dólares por persona, un monto que conviene incluir desde el principio al armar el presupuesto. La cocina del archipiélago, por su parte, mezcla influencias del Índico: curry de pulpo en leche de coco, pescado con salsa criolla de tomate, cebolla y jengibre, y ladob, una banana cocida en leche de coco con azúcar y vainilla. Según el material disponible, el mercado de Victoria es el mejor punto para empezar a entenderla.
Praslin y el Vallée de Mai
Praslin se alcanza en quince minutos en avioneta, desde 120 dólares por tramo, o en una hora en catamarán, desde 65 dólares. Su gran atractivo es el Vallée de Mai, un bosque de 19 hectáreas declarado Patrimonio de la Humanidad en 1983, donde crece la palma de coco de mar, cuya semilla puede pesar hasta 25 kilos. La entrada cuesta 31 dólares. En la isla también aparecen Anse Lazio, con arena fina, granito rosado y agua que cambia de color según las nubes, y Anse Georgette, de acceso controlado y menor afluencia de público.
La Digue, en bicicleta
La Digue está a quince minutos en ferry desde Praslin. Tiene apenas diez kilómetros cuadrados y casi no circulan autos, por lo que recorrerla sobre dos ruedas resulta la forma más natural de moverse. Las bicicletas se alquilan desde 7 dólares y permiten llegar a Anse Source d'Argent, una de las postales más conocidas del archipiélago, para quienes buscan cerrar el viaje con una playa de granito.
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