Treinta años después, el chiste de Homer sobre Brasil sigue dando que hablar y la explicación no tiene nada de misteriosa
En el especial "Casa del Árbol del Terror V", una frase al azar se convirtió en uno de los grandes misterios de Los Simpson. La realidad, según los propios guionistas, es mucho más simple: se quedaron sin ideas para el remate y eligieron "Brasil" a último momento, casi por descarte.
Les tengo que confesar algo: hay frases de Los Simpson que se me quedaron grabadas para siempre, y una de ellas es esa que dice Homer cuando cae en pleno delirio temporal, mirá qué locura: "¡Lo que hay que ver! Soy la primera persona no brasileña que viaja atrás en el tiempo." La soltó en medio de un episodio emblemático, el famoso "Tiempo de Horror" del especial Casa del Árbol del Terror V, y desde entonces no paró de generar teorizaciones, lecturas eruditas y conspiraciones varias entre los fans más avezados de la serie. Yo mismo, cuando lo vi por primera vez, me quedé con la mosca detrás de la oreja, pensando que me había perdido de algún chiste cruzado con la historia grande de Latinoamérica. Pero no, queridos lectores: la explicación es mucho más terrenal de lo que parece.
Brasil como placeholder: cuando el remate no sale y se elige cualquier cosa
La escena hay que imaginarla bien: Homer manipula una tostadora para viajar en el tiempo y termina saltando entre distintas épocas, mezclando dinosaurios, períodos bíblicos y momentos clave de la historia. En ese caos aparece también un segmento entero dedicado a Sherman y el señor Peabody, los personajes de Las aventuras de Rocky y Bullwinkle, que tienen su propia máquina del tiempo llamada WABAC y ya habían hecho de las suyas en la televisión animada durante décadas (incluso tuvieron una película en 2014 que llenó las salas, además de una serie nueva de cuatro temporadas).
La idea original de los guionistas, hay que aclararlo, era otra. Homer tenía que proclamarse "la primera persona de no ficción" en viajar en el tiempo, y la gracia cerraba cuando Sherman y Peabody lo corregían con elegancia: era el segundo. El remate, claro, era más elegante, con ese humor tan anglosajón del "bueno, en realidad no sos el primero". Pero después de varias horas extras intentando escribir un cierre más redondo, los guionistas se quedaron secos. Y en medio del cansancio, casi por reflejo, alguien tiró la palabra "Brasil" y les sonó graciosa. La dejaron ahí, sin más. Y lo que nació como un remate de emergencia se transformó, con el paso de los años, en una de las frases más comentadas de toda la serie.
Las teorías que crecieron alrededor de la frase
Como suele pasar con Los Simpson, la cultura popular se empecinó en buscarle una vuelta de tuerca intelectual al asunto. La guía oficial de la serie intentó darle un anclaje y apuntó al escritor Carlos Castaneda, famoso por sus relatos sobre chamanismo y experiencias con peyote. Castaneda decía haber nacido en São Paulo, aunque en realidad era peruano, y nunca escribió sobre viajes en el tiempo en sentido estricto, así que la explicación quedaba a medio camino, con más humo que respuestas. Tampoco faltó quien vinculara la frase con el realismo mágico latinoamericano y con la corriente McOndo, esa heredera crítica de Cien años de soledad donde lo fantástico convive con lo cotidiano sin pedir permiso. Y hubo también algún osado que tiró sobre la mesa el nombre de Alberto Santos-Dumont, el inventor que le disputó a los hermanos Wright la paternidad del primer vuelo con motor. Todas teorías fascinantes, ojo, pero sin asidero real en la intención de los libretistas.
La moraleja, en criollo
Si me permiten el comentario opinativo, creo que el episodio entero nos deja una enseñanza muy de los tiempos que corren: a veces los momentos más comentados de la cultura popular no nacen de una idea genial ni de un plan maestro, sino de una solución rápida tomada bajo presión, casi por descarte, cuando el reloj corre y la página del guion sigue en blanco. Y eso, lejos de quitarle mérito a Los Simpson, nos muestra algo profundamente humano: hasta las fábricas de hits más aceitadas funcionan, muchas veces, a pura intuición y bastante improvisación.
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