Un mismo salón, dos películas de Leone y dos maneras muy distintas de contar una historia
El decorado que aparece hacia el minuto 52 de Mi nombre es Ninguno ya había servido de escenario cinco años antes en Hasta que llegó su hora, con un tono completamente diferente.
Cuando uno se sienta a ver un western de los setenta, pocas veces se detiene a mirar las paredes del lugar donde pasa la escena. Yo confieso que en mi primera vez con Mi nombre es Ninguno tampoco lo hice, y recién después me enteré de que el salón donde Ninguno conversa con Don John tiene una historia propia que se remonta a 1968.
Un salón con ladrillo blanco, columnas de madera y balcón
El espacio es fácil de reconocer si uno le presta atención: paredes de ladrillo blanco, columnas de madera, un balcón elevado y lámparas colgantes que bajan desde el techo. Ese mismo edificio fue el marco de la subasta en la que el personaje de Claudia Cardinale pelea por su propiedad bajo la presión de los hombres del villano Frank, en Hasta que llegó su hora, dirigida por Sergio Leone y protagonizada también por Henry Fonda y Charles Bronson.
Mi nombre es Ninguno, otra vuelta de tuerca
En el western de 1973, dirigido por Tonino Valerii, el joven Ninguno interpretado por Terence Hill usa ese mismo salón para mantener una charla con el pistolero Don John, que encarna Marc Mazza. Es un momento que, visto con la memoria de la película anterior, cambia de temperatura por completo, porque el mismo lugar que en 1968 olía a amenaza acá se llena de humor e ironía.
Leone produjo ambas películas, y eso explica que el equipo recurriera al mismo decorado. El espacio fue reconstruido y modificado entre una filmación y la otra, pero conserva los elementos suficientes para que el vínculo sea verificable, algo que a mí me gusta mucho porque permite ver el trabajo de producción casi como un hilo que atraviesa la época.
Dos registros opuestos en un mismo espacio
- Hasta que llegó su hora (1968): tensión dramática y violencia implícita dentro del salón.
- Mi nombre es Ninguno (1973): un intercambio cómico entre dos pistoleros en el mismo lugar.
- El vínculo entre ambas: la figura de Leone como productor, que moldeó buena parte del western italiano de esa época.
Me quedo con la sensación de que el salón, que parece un simple decorado de fondo, termina siendo un testigo que cambia de carácter según quién lo habite. Entre las dos películas hay casi cinco años de distancia y un abismo de tono, pero las une la mirada de un productor que sabía que un buen espacio puede contar tanto como los actores.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Sur Extremo Noticias