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JUE, 10 SEPT 2026
Turismo

A 200 kilómetros de Buenos Aires, un pueblo de menos de 200 habitantes guarda la huella de los veranos donde Bioy Casares escribió su novela más célebre

Pardo, en el partido de Las Flores, celebra los 150 años de la llegada del tren con un fin de semana de desfile gaucho, baile popular y almuerzo criollo. El paraje guarda el pasado rural de los Bioy, la presencia de Borges y Silvina Ocampo, y un museo que conserva hasta la partida de casamiento de los escritores.

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Ignacio JerkovicTurismo · 10 DE SEPT DE 2026 · lectura 4 min

A 200 kilómetros de Buenos Aires, sobre la Ruta Nacional 3, el pequeño poblado de Pardo se prepara para festejar nada menos que su ciento cincuenta aniversario: la cifra corresponde al 18 de septiembre de 1876, fecha en que la estación del ferrocarril recibió por primera vez al convoy que cambió la vida del paraje, en pleno corazón del partido de Las Flores. Hoy, con menos de 200 habitantes y calles de tierra que todavía llevan nombres de árboles, ese rincón rural se dispone a celebrar el fin de semana del 19 y 20 de septiembre con desfile gaucho, baile popular y un almuerzo criollo que promete juntar a vecinos y visitantes en torno a las tradiciones del campo.

Una familia con raíces desde 1835

Para entender a Pardo hay que retroceder más allá del ferrocarril, hasta 1835, cuando Juan Bautista Bioy, inmigrante francés, compró un campo a Lino Pardo —de quien el pueblo tomó el nombre— y fundó la estancia Rincón Viejo. Allí, junto al camino que con el tiempo sería la propia Ruta 3, también abrió una pulpería que funcionó como punto de encuentro para paisanos y viajantes. Décadas más tarde, su nieto Adolfo Bioy Casares empezó a pasar los veranos en esas mismas tierras junto a su esposa, Silvina Ocampo; Jorge Luis Borges llegaba de visita, y también Victoria Ocampo, fundadora de la revista Sur, hasta convertir a la zona en una suerte de usina silenciosa de las letras argentinas.

Esos veraneos no fueron sólo descanso: en Rincón Viejo Bioy comenzó a escribir La invención de Morel, publicada en 1940; Borges menciona la estancia en su cuento El Sur; y Silvina Ocampo, que hasta entonces se dedicaba principalmente a la pintura, encontró en el paisaje rural de Pardo el clima justo para empezar a escribir, ambientando allí su libro Viaje olvidado (1937) y, años después, Autobiografía de Irene (1948). Además, Borges y Bioy firmaron juntos, bajo los seudónimos H. Bustos Domecq y B. Suárez Lynch, una obra de literatura fantástica y policial que dejó marca en las letras nacionales.

El museo y los lugares para caminar

El pueblo nació en torno a la estación de 1876, un edificio que sobrevivió al cierre del servicio ferroviario y que hoy aloja al Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, donde se exhiben fotografías, libros, documentos y objetos que reconstruyen tanto la vida del escritor como la historia rural del lugar. Entre los papeles más conmovedores se conservan los registros del casamiento de Bioy y Silvina Ocampo, celebrado en Las Flores en enero de 1940, un detalle que a mí, confieso, me detiene cada vez que paso por la sala.

  • La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, construida en 1892 y vinculada a la familia Bioy.
  • La escuela que lleva el nombre del abuelo francés del escritor, Juan Bautista Bioy.
  • El Club Unión Deportiva, punto de reunión social del paraje.
  • El Museo Biblioteca Adolfo Bioy Casares, dentro del edificio de la antigua estación.

Para visitar Pardo alcanza con caminarlo: son apenas pocas cuadras de calles tranquilas, con ese ritmo pausado del interior profundo que en esta temporada empieza a mostrar los primeros tibios calores de la primavera, ideales para recorrer a pie y sin apuro. La oferta de alojamiento y gastronomía, aunque pequeña, crece año tras año. El bar-pulpería La Vieza Estación —perdón, La Vieja Estación— funciona en el predio de una antigua estación de servicio y abre fines de semana y feriados con comidas de olla en invierno y parrilla en verano, además de opciones vegetarianas; cuenta con cuatro cabañas y suma un camping con parador para motorhomes que incluye descarga de aguas negras y grises. El Proyecto Yamay, por su parte, ofrece cabalgatas por los campos que tantas veces caminaron los Bioy, una manera bien criolla de cerrar la jornada.

Si el lector se anima a llegar, le recomiendo hacerlo el sábado bien temprano por la Ruta 3, llevando ropa de abrigo liviana porque la mañana en esa zona todavía se presenta fresca, con temperaturas que suelen rondar los diez grados antes de que el sol termine de calentar las calles de tierra. El mediodía, ya con el desfile en marcha y el sol sobre el hombro, es el momento justo para instalarse cerca del Club Unión Deportiva y dejarse llevar por la música del baile popular. Pardo, con su escala mínima y su memoria enorme, es de esos pueblos que uno visita una vez y quedan dando vueltas en la cabeza mucho después del regreso.

IJ

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