Berlín fue testigo del quinto oro y de una pregunta que Clark no quiso masticar
Estados Unidos venció a Francia por 97-79 y sigue reinando en el básquetbol femenino. Pero la verdadera final se jugó en la conferencia: una pregunta sobre Reese y la respuesta filosa de la base del Fever que se volvió viral.
Hace un frío del demonio acá y yo acá, escribiendo sobre básquet, que es un deporte de verano. Pero Berlín se vistió de oro estadounidense una vez más y, en esta columna, vamos a hablar de eso aunque el termómetro del alma diga otra cosa. Porque lo de Estados Unidos ya no sorprende: es la cosechadora automática de copas del mundo. Desde 2014 no sueltan el trofeo y este domingo le metieron 97 a 79 a Francia, el mismo rival que les había discutido la final olímpica hace un año. Cinco títulos mundiales al hilo. Una dinastía con todas las letras.
Las chicas, en números
- Resultado de la final: Estados Unidos 97 - Francia 79.
- Títulos mundiales consecutivos del seleccionado estadounidense: cinco.
- Partidos ganados por Estados Unidos en todo el torneo: todos, sin ceder ninguno.
- Aporte de Caitlin Clark en la final: 12 puntos y 3 asistencias.
- Aporte de Angel Reese en la final: 3 puntos y 3 rebotes en 9 minutos.
Las dos estrellas compartieron plantel sin hacer ruido dentro de la cancha. El lío, como pasa casi siempre, vino afuera. En la rueda de prensa posterior a la final, un periodista quiso meter el bisturí en una herida vieja y le preguntó a Clark si ella y Reese ahora eran amigas. La base del Indiana Fever no lo dejó terminar. Lo paró en seco, miró al reportero como quien mira a un nene que rompió un jarrón y soltó, con esa mandíbula tensa que ya es marca registrada: "Siempre hemos sido amigas". Después le agregó, señalándolo con el dedo: "No intentes hacer eso. No intentes hacer eso". Y se levantó. Punto final. La conferencia se cortó ahí, como una milanesa a la mitad.
Para entender el quilombo hay que retroceder a 2023. LSU y Reese le ganaron la final NCAA a Iowa y a Clark. Desde entonces, cada cruce entre las dos fue una novela: contactos duros, declaraciones picantes, portadas y más portadas. La prensa deportiva, sobre todo la estadounidense, construyó con eso un rivalidad de manual, casi cinematográfica. ¿Sobreactuación? ¿Realpolitik del deporte? Un poco de cada cosa, como el aderezo de una buena mila.
Lo de Berlín cambia la foto. Las dos se pusieron la misma camiseta y se colgaron el oro juntas. Reese entró nueve minutos, Clark fue complemento de un equipo que no necesita que ella cargue el bolso entero. Y, aun así, había que preguntar por la bronca. Había que poner el dedo en la llaga. Es el oficio de algunos, lo entiendo. Pero también entiendo a Clark, que eligió cortarlo de raíz en vez de darle cuerda al libreto. Eso también es carácter: campeona del mundo, cero ganas de fabricar enemigos en la sala de prensa.
La pregunta que sobrevuela la nota
“¿La prensa sobrealimenta las rivalidades entre jugadoras, o el historial entre Clark y Reese realmente justifica meter el tema cada vez que se las ve juntas?”Cristian Levicoy, Deportes
Mi lectura es que la rivalidad existe, pero ya pagó su ciclo narrativo. Clark y Reese dejaron la universidad hace rato, cambiaron de camiseta y ahora defienden la misma bandera. Forzar el "¿son amigas o no?" es como preguntarle al vecino si ya hizo las paces con el cuñado después del asado del domingo: a veces la gente termina la guerra de palabra y a veces no, pero en ambos casos el patio del asado no es lugar para reabrirla. Veremos si el seleccionado estadounidense y, sobre todo, sus dos figuras siguen plantando esa pared en la próxima rueda de prensa. Yo, mientras tanto, le pongo un whisky al hielo del alma y me abrigo: acá afuera sigue haciendo un frío de locos.
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